jueves, 31 de octubre de 2013

Cumbres iberoamericanas


España y México tienen que redefinir sus intereses, ya no en términos de comunidad cultural, histórica y lingüística, sino de nexos económicos.

Desde que el 11-S provocó que ya no tuviera sentido la doctrina “América para los americanos”, la política exterior en todas partes, especialmente en América, ha sufrido un cambio sustancial.
Las cumbres iberoamericanas nacieron cuando España era ejemplo de democracia.
El presidente mexicano y líder del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, hizo una declaración en la reciente cita de Panamá, considerando que México será el anfitrión el próximo año de las nuevas cumbres e instrumento para el diálogo iberoamericano. En su participación, Peña Nieto también hizo referencia a lo que cada vez más aparece como una dinámica de hechos que no está bien analizada. Veamos.
La nueva América en la era del Twitter se basa en dos hechos fundamentales: dos países, Brasil en el Sur y México en el Norte, son la mejor representación de lo que ha quedado después de todos los traumas, contradicciones, errores y cambios de política de Estados Unidos de América.
Brasil, desde hace muchos años, mantiene una posición de enfrentamiento con Estados Unidos. Los brasileños son conscientes de que representan un subcontinente y no solo por un problema del lenguaje –hablan portugués–, sino también por la suma de todos los factores que les hacían ser diferentes. 
En el caso mexicano, el dicho popular define bien la relación entre el país y la primera potencia mundial: “Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Esta frase bien ha servido para explicar el paradigma de las desgracias, consecuencias y tragedias de México.
En cuanto a España, qué decir. Nunca antes se ha visto nada igual. Los mismos protagonistas de una historia de éxito se han convertido en los representantes de uno de los mayores fracasos históricos, no solo del país europeo sino también de su modelo hacia América.
Las cumbres iberoamericanas tuvieron un sentido. Era el sentido que se daba cuando la Corona española y el éxito de la aventura democrática permitía decirle a un líder tan popular como inoportuno en sus expresiones, Hugo Chávez: “¡¿Por qué no te callas?!”.
Pero también eran el reflejo de una América que hablaba español y que luchaba por llegar a tener las legitimidades, el factor de progreso social y económico, que aparentemente daba el país que ha sostenido económicamente las cumbres: España.
Madrid tiene en este nuevo eje con México –a la hora de reconstruir las cumbres iberoamericanas, y veremos si eso es posible y como se hará–, que definir también su marco de intereses que hoy, ya no residen tanto en el valor histórico de la lengua o la relación histórica en la antigua metrópoli y sus colonias, sino en la innegable importancia económica que tiene para las empresas españolas y para los bancos su dominio de esta América.
¿Cumbres iberoamericanas? Es una buena pregunta, más ahora cuando de los 22 países invitados, solo asistieron 12 jefes de Estado, pero, sobre todo, si no se responden las cuestiones planteadas no tendrán ninguna posibilidad de éxito. (Antonio Navalón/El País)

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