
En su familia no había entendimiento, porque siempre peleaba con su esposa. La pareja tuvo 4 hijos y para sostenerlos tenía que trabajar duro todo los días. Pero Ernesto era adicto al alcohol y todo lo que ganaba era para solventar su adicción.” Además, he vivido de favores, no tenía un lugar donde vivir, vivía con mi familia en casas de alquiler a bajo costo y pobres, por lo tanto, sin condiciones suficientes para alimentar a mis hijos a causa de la pobreza”, recuerda.
Sin embargo, cuando recibió la invitación de participar en el Cenáculo del Espíritu Santo y aceptó.
Perseverando en la fe, luchó por su matrimonio en la Terapia del Amor junto con su esposa. Ellos perseveraron y poco a poco se dieron cuenta que todo estaba mejorando entre ellos.
“En la actualidad, soy libre de los vicios, mi familia y yo vivimos felices, me da gusto regresar a casa y encontrarme con mi esposa y mis hijos. Hoy tenemos nuestra casa propia y estamos muy felices, finalizó.
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