miércoles, 16 de abril de 2014

Tiempos violentos


          Nizama: “La sociedad enferma en la que vivimos ha comenzado a cosechar lo que siembra: violencia y muerte”.

La falta de amor y valores en el interior de las familias han deshumanizado nuestra sociedad. Hoy, la vida poco o nada vale.

En los últimos años la violencia en el país viene alcanzando ribetes de escándalos. No hay día que las páginas policiales de los medios de comunicación dejen de informar sobre secuestros, parricidios, sicariatos, robos, asesinos del volante, feminicidios, etc.
Solo en el caso del feminicidio, en los últimos cinco años, de acuerdo con el Ministerio Público, fueron asesinadas por sus parejas más de mil mujeres.
¿El incremento de la violencia que hoy sufrimos todos los peruanos tendrá que ver con los traumas psicológicos que nos dejó la época del terrorismo  o será el resultado de una sociedad de consumo? De acuerdo con el reconocido psiquiatra Martín Nizama Valladolid, la falta de valores producto de la posmodernidad en la que vivimos ha creado una sociedad deshumanizada, materialista e insensible, cuyo rasgo esencial  es la compulsiva violencia extrema, que se ejerce en las diferentes actividades del quehacer cotidiano.
Según Nizama, hoy ya no tenemos padres sino progenitores que han sustituido todo lo bueno que antes daban a sus hijos (honestidad, lealtad, tolerancia, etc.) por cosas materiales, como si estas fueran lo más importante para el desarrollo emocional de los chicos.
“Al no haber amor, la sociedad se ha ‘bestializado’, de ahí que la vida para muchos poco o nada valga”, sostiene el psiquiatra.
La “sociedad de la muerte”, como lo llama Nizama, no es exclusiva del Perú, también existe en otras partes del mundo, como en los Estados Unidos, donde cada cierto tiempo aparece un individuo matando personas como si ello fuera un juego.
Hace poco, por ejemplo, un joven estadounidense de tan solo 16 años entró a una escuela de Pensilvania donde, sin mediar razón alguna, acuchilló a más de 20 alumnos, de los cuales cinco están en estado grave.
Para este docente del Departamento Académico de Psiquiatría y Salud Mental de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la sociedad enferma en la que vivimos ha comenzado a cosechar lo que siembra cotidianamente: violencia, más violencia y muerte.
En tanto, la decana del Colegio de Psicólogos de Huánuco, Carmen Mendoza, dice que el alto índice de violencia que reina en el país es el resultado del cúmulo de los conflictos internos (violencia política, física y hasta sexual) que la gente ha cultivado durante años, y que en un momento de tensión o estrés terminan aflorando con las consecuencias que ya todos sabemos.
“La falta de control de los impulsos más primitivos lleva a muchas personas a la brutalidad  de matar sin compasión, gozando-en algunos casos- del morboso y abominable acto de destrozar la vida humana”, dice Mendoza.
Los recientes casos de parricidio donde las víctimas fueron cruelmente asesinadas demuestran el alto grado de brutalidad de lo que fueron capaces sus agresores (hijos).
Según esta profesional, esos conflictos han convertido a las personas en individuos indiferentes, desconfiados, agresivos, que solo piensan en sí mismos.
Recomendaciones
Para enfrentar esta ola de violencia, el doctor Nizama recomienda educar a las familias para fomentar los valores y así rehumanizar a la sociedad posmoderna.
La licenciada Mendoza dice, por su parte, que el Estado debe mejorar el presupuesto de la salud mental del país para así contar con más especialistas en el tema, toda vez que existen colegios, incluso postas y centros de salud, que no cuentan con un psicólogo.
A pesar de la importancia que tiene la salud mental en la sociedad, la mayoría de los países del mundo aún consignan insuficientes recursos a este tema. Y en países, como el nuestro, la mayor parte de ese pequeño presupuesto se destina a los hospitales psiquiátricos, donde la mayoría fueron construidos durante los primeros años de la República, y mantienen un régimen custodial de los pacientes internados con un tratamiento que ha demostrado ser por lo general ineficaz, o peor aún, dañino y en franca violación de los derechos humanos. Como consecuencia, se estima que en los países pobres un 85% de los pacientes con trastorno mental grave no reciben tratamiento a pesar de que hoy existen tratamientos más efectivos para estas enfermedades. (Redacción)



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