viernes, 12 de septiembre de 2014

Colombia: El drama de los hombres violados en la guerra interna

Nadie les quitará lo vivido, pero contarlo hace la carga menos pesada y ayuda a no olvidar la historia de su pueblo.
En el instante en que usted comienza a leer este artículo van más de 6.700.000 personas reconocidas oficialmente como víctimas del conflicto armado colombiano desde 1985. Un 51 por ciento son mujeres. Más de 5.000 (aunque se calcula que la cifra podría alcanzar las 400.000) han sufrido algún tipo de vejamen sexual. A ellas les robaron los sueños, les marcaron los cuerpos, les pisotearon la dignidad. Pero no han sido las únicas.
Por ahí, perdido entre una avalancha de estadísticas sin rostros hay otro capítulo atroz sobre el que históricamente se ha levantado un muro de silencio. De eso no se habla. Ni en privado, ni en público. Como si no existiera. Como si no existieran unos hombres de los que igualmente han abusado los actores armados. A ellos también los violaron. Por eso su drama es doble: son invisibles.
Hasta agosto, la Unidad de Víctimas, el organismo encargado de la atención y reparación de quienes han padecido la barbarie de la guerra tenía en su registro 650 casos de violencia sexual contra hombres, lo que supone un 12 por ciento del total. No se ha establecido un perfil de las víctimas, pero se sabe que la incidencia es alta entre la población afro y que son mayoría la franja de edad entre los 27 y 60 años, seguida de la de 18 a 26.
Los departamentos donde se concentra esta abominable práctica son Antioquia, Valle, Nariño, Magdalena y Bolívar, y el período, entre 2000 y 2006, cuando más incidentes se produjeron. Tanto paramilitares como guerrilla e incluso Fuerza Pública han sido perpetradores. Lo que se desconoce aún es en qué proporción, aunque todo apunta a que ha sido una forma de terror impuesta en gran medida por las autodefensas.
No es mucho más lo que se sabe de la violencia sexual contra los hombres en Colombia. Durante años, los estereotipos han estimulado la creencia de que esta clase de delitos solo se comete en ámbitos homosexuales. De ahí que se haya convertido en un tabú y se haya invisibilizado.
Y no solo aquí. Una tesis de 2008 de la Universidad de los Andes, firmada por Giselle Obando Pintor, refleja lo que se ha vivido en otros países: entre 1977 y 1989, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña y en Canadá, la violación en tiempos de guerra se definía como un acto “exclusivamente heterosexual”. Nada ha cambiado sustancialmente desde entonces. De hecho, la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU del año 2000 hace referencia a la violencia sexual en conflictos armados como algo que solo afecta a mujeres y niñas.
“Ignorar a los varones violados no solo los margina, sino que también nos daña a nosotras porque refuerza un punto de vista que iguala ‘femenino’ con ‘víctima’ ”, le dijo Lara Stemple, académica del Proyecto de Ley sobre Salud y Derechos Humanos de la Universidad de California a The Observer en el 2011.
Un estudio de Stemple concluye que al secretismo han contribuido las organizaciones internacionales humanitarias, que no han hecho esfuerzos por dar a conocer esta realidad. De las más de 4.000 que trataron el tema, un tímido 3 por ciento lo mencionó en su literatura, pero solo como “una referencia pasajera”.
A los hombres, no hay duda, solo se les ha atribuido el rol de victimarios. Chris Dolan, director del programa Refugee Law Project, lo sabe muy bien. Considerado una autoridad mundial en esta materia, ha llevado a cabo investigaciones en el marco de las guerras del Congo y Uganda que demuestran las barreras legales y sociales a las que se tienen que enfrentar las víctimas masculinas.
En Uganda, su organización impulsa una reforma para que estos casos sean asumidos por la ley, pues ni siquiera se tienen en cuenta. Simplemente no existen. “Hemos encontrado gente que nunca había hablado de lo que le pasó. Han estado en silencio durante años. El mensaje es que si te violan, dejas de ser un hombre. Te han convertido en una mujer”, ha explicado Dolan.
Como en África, también en Colombia la norma es quedarse callado. Un largo silencio. Cargar durante años con ese pesado fardo. Mirar para otro lado, intentar reconstruir, a ciegas, los pedazos de vida que se quedaron en el camino. Es la desgracia de sociedades patriarcales como esta, donde se sobrevalora lo masculino, y donde todavía hay mujeres que les dicen a sus niños que los hombres no lloran. Eso, y el tortuoso ‘qué dirán’ dificulta, y mucho, que las violaciones salgan a la luz. El subregistro, entonces, puede ser muy elevado.
“Tanto a mujeres como a hombres les cuesta reconocerse como víctimas de ese hecho porque el daño que causa al ser humano es tan grande que la elaboración del dolor implica demasiado tiempo. Además conlleva a la estigmatización. Si en las comunidades donde ellas han sido víctimas las tildan de fáciles o de que se lo buscaron, imagínese lo que puede significar culturalmente en el imaginario de los hombres de este país”, dice María Eugenia Morales, la directora técnica de Reparación de la Unidad de Víctimas.
A las catastróficas huellas psicológicas (cuadros de estrés postraumático, ataques de ira, dependencia del alcohol y las drogas, aislamiento, pensamientos suicidas) se suman las dudas sobre la propia orientación sexual. Algunas víctimas incluso se preguntan si el haber sufrido semejante ultraje las convierte en homosexuales. Y hasta hay familias que se rompieron porque la compañera sentimental no resistió la tragedia de su pareja. Las consecuencias físicas no son menores: riesgo de enfermedades de transmisión sexual y destrucción de órganos genitales, entre otras.
Cuando violan a un hombre, lo convierten en desechable. En basura. No hay deseo, sino dominación. “Lo que está en juego es hacerlo sentir inferior y feminizarlo. Después de eso reconstruir la identidad es una tarea titánica”, sostiene María Emma Wills, politóloga e investigadora del Centro de Memoria Histórica.
Wills reconoce que en Colombia este fenómeno no se ha explorado lo suficiente. Sus investigaciones de campo, eso sí, le permiten inferir que estamos ante un escenario aterrador: “Hicimos un trabajo sobre violencia sexual en los Montes de María, Magdalena y La Guajira. Tan solo encontramos dos casos de hombres en el Magdalena, pero no hay testimonios directos porque ambos se suicidaron. No pudimos hablar con sus familiares”.
EL PODER DE LAS ARMAS
¿Por qué se usa la violencia sexual contra los hombres en el conflicto colombiano?, se pregunta en voz alta María Eugenia Morales. La respuesta no es fácil. Y menos frente a un fenómeno tan complejo como desconocido. Una cosa sí está clara: el poder se fundamenta en las armas. Morales cree que es probable que entre los hombres que han sido violados hay quienes han ejercido algún tipo de liderazgo comunitario, bien sea como presidentes de juntas comunales o en organizaciones sociales. Se trata, entonces, de contrarrestar su autoridad. De anularlos. Cuando se habla de víctimas menores de edad, la lectura es que el daño que se les causa a los niños va dirigido a las madres. También es una manera de intimidar y neutralizar el liderazgo de ellas.
Solo en algunos casos las víctimas identifican a sus verdugos. Por miedo a retaliaciones o porque había presencia de varios grupos en la zona y resulta confuso establecer quién fue. Los paramilitares, por ejemplo, han asumido muy pocos hechos de violencia sexual porque insisten en que esa no era una práctica que llevaran a cabo. Lo paradójico, dice María Eugenia Morales, es que estos ejércitos tan feroces eran capaces de picar cuerpos. “¿Y no violaban personas? ¿Tenían esas barreras en sus valores? Lo que pasa es que entienden que es una barbarie. Lo saben. Y de todas las barbaries, esa es la que más pena les da reconocer”.
TENEMOS QUE DARNOS LA MANO
A Claudia Milena Ospina la violaron los paramilitares y la desterraron de una vereda de Yondó, en Antioquia, porque estudiaba derechos humanos y porque alzaba la voz frente a los abusos sexuales que se cometían contra niños y niñas en la región.
Diez años después del horrible episodio que vivió la asalta el temor sobre qué fue de aquellos muchachitos violados que hoy deben de ser adolescentes y hombres que esconden ese oscuro secreto. Convertida ahora en la representante legal de la organización Reconstruyendo Sueños de Mujeres, que trabaja con víctimas femeninas, asegura que los estatutos permiten la presencia de hombres, pero que ninguno ha asistido a sus reuniones. “Al ser un tema tan tabú, es prácticamente imposible”.
El día que hablamos, Claudia estaba reunida con un grupo de mujeres que forman parte de diversas agremiaciones de víctimas. A la cita acudió Yolanda Perea, coordinadora de violencia sexual y representante por Antioquia en la Mesa Nacional de Víctimas.
Ella, violada por un guerrillero de las Farc cuando tenía once años –a su mamá la mataron porque se atrevió a reclamar–, dice que entre las asociaciones femeninas es creciente la preocupación por la indolencia de la sociedad frente a los hombres.
“Estamos contentas de que se nos reconozca, pero queremos que el 25 de mayo, que se institucionalizó para recordar a las mujeres, sea también para recordarlos a ellos. No hay que olvidar que niños y jóvenes también han padecido esa tragedia. La violencia sexual no distingue de género o color de piel. Tenemos que abrirles las puertas y darnos la mano en una causa que nos toca a todos”.
El próximo paso de Yolanda será impulsar una campaña de sensibilización que llegue al corazón de los varones. Tarea nada sencilla, pues aunque la Unidad de Víctimas está prestando atención psicosocial a los que se han atrevido a hablar, el silencio persiste y prácticamente está todo por hacer. “Tendríamos que sentarnos a reflexionar como sociedad sobre las estrategias para abordar la violencia contra los hombres”, dice María Eugenia Morales.
En ese sentido las mujeres llevan ventaja. “A pesar de los obstáculos muchas hemos procesado lo que nos pasó. Ya no sentimos vergüenza. Entendimos que no fue culpa nuestra y emprendimos una evolución lógica que nos permite dar la cara”, afirma Yolanda Perea. Los hombres, en cambio, todavía no están preparados.
Ni ellos están dispuestos a contarlo sin máscaras ni probablemente el país esté listo aún para escuchar su dolor.
TARDE 12 AÑOS EN CONTAR LO QUE ME HICIERON
“Tengo 27 años, soy estudiante de psicología y nací en una familia campesina del Valle del Cauca. Mi infancia fue genial porque crecí en el campo, al aire libre, bañándome en el río con los amigos después de las clases, jugando entre los frutales, viendo crecer a los animales.
“Desde esa época ya éramos una especie de república autónoma donde mandaban las Farc. Para nosotros las ráfagas de ametralladoras y de fusiles así como el ruido de los helicópteros por la noche y las tomas a los pueblos eran algo tan normal como cepillarse los dientes. Ellos imponían sus normas pero la dinámica económica se mantenía y la vida era, entre comillas, normal. Recuerdo que entre el 95 y el 96 se incrementaron las acciones del frente y yo empecé a perder la inocencia y a dejar ir la magia de la niñez. Ahí fue cuando comencé a vivir una realidad más consciente y al mismo tiempo muy triste.
“Todo empeoró en el momento en que las autodefensas avisaron que iban a entrar en el Valle del Cauca. Lo escuché por la radio y le pregunté a un adulto qué significaba ‘autodefensas’. En el imaginario colectivo de los habitantes de la zona eso suponía que llegaban las motosierras. Ya para entonces yo había descubierto la lectura y me mantenía leyendo todo lo que caía en mis manos y oyendo noticias. Debí heredarlo de mi madre, que nunca fue a la escuela pero que es una gran lectora.
“Tenía 11 años cuando aparecieron en la vereda. Habían anunciado su arribo con bombos y platillos, pero nadie dijo nada. Lo hicieron delante de todas las instituciones y todo el mundo guardó silencio.
“En agosto llegaron a mi casa. Al principio tuve miedo, pero después uno se acostumbra; ¿quién le dice que no a un tipo con un fusil o una metralleta? Se volvieron amos y señores. Nos pedían agua, utilizaban la casa para cargar los radioteléfonos...
“Una tarde de noviembre de 1999 yo acababa de llegar del colegio y había un tipo de guardia en la finca. Era bajito, moreno y con acento costeño. Me invitó a acompañarlo un rato, pero yo me negué. Me imagino que eso lo molestó. Luego me pidió que le llenara la cantimplora. No había nadie más, solo él y yo. Estaba sentado con su fusil AK-47 en las manos y cuando me acerqué me apuntó en la frente. No sé por qué siempre recuerdo –es una imagen recurrente– que la boquilla del arma se veía picada, como desgastada.
“El hombre me dijo que tenía que hacer lo que él quisiera. Me llevó a un cuarto y pensé que me iba a matar. Allí abusó sexualmente de mí. Tenía 12 años.
“Lo primero que te queda es una sensación de suciedad, de asco. Uno permanece en silencio, con miedo a que alguien se entere. Aquello se vuelve una carga terrible. A mi edad fue una tortura, un trauma tremendo. Me volví rebelde, me deprimí, perdí el interés en el estudio, me aislé. Mi familia creía que eran los cambios de la edad. Yo seguía actuando como si no hubiera pasado nada. Cuando me acercaba a los 20 tuve una novia a la que le inventé todo tipo de excusas para no tocarla porque me daba miedo. No es que dudara de mi sexualidad, es solo que se mezclaban los recuerdos.
“Todos los días de mi vida pensaba en ese episodio. Luego se hacía más esporádico pero el recuerdo siempre estaba ahí. Me tocó transitar ese camino solo porque era incapaz de hablar con nadie. Había un gran dolor en el alma. Una carga que pesaba toneladas. Vivía enojado, tratando de contestar a la eterna pregunta: ¿por qué me pasó esto? Supongo que la lectura me ayudó a entender. Uno comienza a indagar en los orígenes del conflicto y descubre las historias de la guerra y se da cuenta de que no ha sido el único.
“Leyendo fue como me enteré de la ley de atención y reparación a las víctimas. Dudé bastante, la verdad. Pero un día me puse a pensar en cuántas personas habían pasado por cosas similares o peores a las que yo había vivido y que no se iban a saber. Intenté ir a declarar, pero me daba vergüenza. Hasta que un día me desperté a las seis de la mañana y me dije, voy a hacerlo. Y lo hice. Al día siguiente me tomaron la declaración. Habían pasado doce años y era la primera vez que le contaba a alguien que me violaron. Sentí una tonelada menos en la conciencia.
“Con la atención psicológica que me prestaron en la Unidad de Víctimas fui procesando el trauma. Uno perdona y se reconcilia consigo mismo y llega a la conclusión de que no hace falta que la familia lo sepa. Quizás más adelante. Además, la sociedad no está preparada para que hombres como yo salgamos a dar la cara. Somos muy inmaduros todavía. Y aquí aún ven a las víctimas como seres que esperan limosnas.
“Lo que cuenta es que recuperé mis sueños y proyectos. Se acabó la oscuridad. A pesar de todo creo en la reconciliación y en que mis hijos verán un país en paz. Un país en paz con condiciones de vida dignas”.
A VECES PIENSO QUE HUBIERA SIDO MEJOR QUE ME MATARAN
“Mandarinas. Llegaron pidiendo mandarinas. Los vi aparecer y al principio no tuve miedo. Eran dos guerrilleros: uno joven, como de 20 años, y el otro mayor. A esos no los conocía, pero estaba acostumbrado a verlos rondar porque en la vereda mandaban las Farc. La verdad es que no se metían conmigo, quizás porque era el profesor de primaria y porque yo andaba derechito, como todo el mundo. No tomaba, no fumaba, no bailaba. Mis clases y ya. Los niños y nada más.
“Llegué a tener como 28 alumnos; me da pesar con esos muchachos, qué habrá sido de ellos. Vivía en esa escuela en medio del monte, pasaba mucho tiempo solo y apenas iba a Ibagué a cobrar la mensualidad y enseguida me devolvía. También iba porque estaba haciendo una especialización. Por eso fue que, un día, un comandante preguntó que cuál era la salidera mía. Pero no hubo ningún incidente más.
“Creo que era martes como a las seis de la tarde. Yo tenía 46 años. Fue el 2 de febrero del 2006, eso no se me olvidará. En la escuela había como una granjita, y yo les dije que sí, que pasaran y cogieran las mandarinas. Se sentaron un rato y ahí fue cuando me puse nervioso. Cuando empezaba a anochecer les dije que me tenía que ir a dormir, que si querían se podían quedar un rato y coger más frutas. El más viejo me dijo que cuál era el afán, que estaba muy temprano, y se miraban entre los dos y se reían. Yo rezaba, le rogaba a Dios que se fueran; de un momento a otro el grande me dijo que entráramos en la habitación.
Yo le dije que me respetara, que como así, que era un docente con esposa y con hijos, el profesor del pueblo. Que merecía respeto. Me asusté y me puse a llorar. Me dijeron ‘nenita, no llore’, y el más grande me empujó. El tipo me bajó los pantalones y me puso el arma en la cabeza. Grité pero por ahí no hay nada cerca, y ni me salía la voz. Cuando terminó, entró el otro. Me dijeron que cuidado avisaba a alguien, que no hiciera ningún comentario. Sangré mucho, lloré toda la noche, tirado ahí en la cama, solo. Al día siguiente tuve que hacer como si nada y recibir a los niños. A los ocho días me llené de llagas, no aguantaba el dolor, el ano se me inflamó; desesperado le pedí ayuda a una vecina, le dije que me acompañara al médico, que me había bañado con agua sucia.
“El médico que me revisó me preguntó si me habían violado. Yo le dije que no; me daba vergüenza. Le dije que había sido el agua sucia de la vereda. Seguí dos años más en la escuela, pero a esos hombres no los volví a ver. Quizás los mataron porque siempre había enfrentamientos con el ejército. A veces también pasaban por ahí tipos encapuchados. Una vez me puse muy mal y creí que estaba contagiado de sida.
Le conté a una de mis hijas; mi mujer se enteró y ya no me miró igual. Al cabo de un tiempo nos separamos porque ella me rechazó. Veinte años de casados se acabaron por culpa de lo que me sucedió. Imagínese que me acusó de haberlo provocado. ¡Cómo se le ocurre! Aunque sí dudé. ¿Será que ellos creyeron que era homosexual? Yo le dije a mi mujer que si hubiera sido gay no me habría casado con ella ni habríamos tenido hijos. Pobrecita, en el fondo la entiendo; ella no tiene estudios, estas cosas no las comprende. Por eso fue que nunca me apoyó.
“No sé cómo no me he vuelto loco con lo que me pasó. Me la paso tomando pastillas para dormir y para controlar los episodios de angustia. A veces pienso que hubiera sido mejor que me mataran, porque vivir con este trauma es muy duro. Esto no se me olvida. Me sentía chiquitico, con la autoestima destrozada. Vivía aterrado, no podía hablar delante de otros profesores ni de los padres de familia, pensaba que se me iba a notar, que se iban a dar cuenta de que dos tipos me violaron. Qué vergüenza que se enteraran. Ahora estoy mejor, aunque todavía me da miedo que alguien lo sepa, me da miedo que la gente vaya a pensar que soy homosexual, porque no lo soy.
“Lo que me empujó a denunciar fue que al salir de la vereda y trasladarme a otra escuela, en otro pueblo, me volví a topar con la guerrilla. Resulta que estaban construyendo una base militar y los soldados guardaban el material en el colegio. Me acusaron de ayudar a los ‘patiamarrados’, así llaman a los soldados, y me dijeron que tenía quince días para irme. No pude más. Pensé: ‘Un día de estos me desaparecen y qué, nunca se va a saber lo que estos infelices me hicieron’. Cargo una inmensa tristeza en mi corazón y siento asco de esa gente. Me da rabia la impunidad. Ellos tienen que recibir su merecido y pagar por esto”. (El Tiempo de Colombia)
NOTA
Según la Unidad de Víctimas de Colombia, la mayoría de los hombres violados fueron a manos de los miembros de las FARC.
Miembros de las FARC.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Impuestos: la gran reforma pendiente de América Latina

Este siglo XXI ha sido promisorio para América Latina



La pobreza ha experimentado una caída abrupta en la región pero con una economía en desaceleración enfrenta la reforma más difícil para seguir avanzando.

En la última década 56 millones salieron de la pobreza y hubo una fuerte movilidad social de la mano de un crecimiento que permitió ejecutar políticas redistributivas.

Sin embargo, según un trabajo de los economistas Juan Pablo Jiménez y Andrea Podestá de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), estas políticas redistributivas tienen un límite. Y para superarlo, se requieren más impuestos.

"En sociedades con una desigualdad tan fuerte como América latina, no basta con redistribuir con programas de gasto social. Se necesita una reforma impositiva que garantice una mayor equidad en la distribución del ingreso",  indicó Jiménez.
Una torta más chicaEsta reforma es particularmente crucial ahora que la época de las "vacas gordas" parece haber terminado.
En agosto, la CEPAL recortó su pronóstico de crecimiento anual para la región del 2,7% al 2,2%.
Esta diferencia se ensancha aún más si se la compara con la "década dorada" (2002-2012) en la que, a pesar de la debacle mundial de 2008-2009, el crecimiento promedio regional fue del 3,7%.
A la desaceleración económica se añade una estructura impositiva regresiva que ha contribuído a que América Latina se gane el mote de la "la zona más desigual del planeta".
En la región el grueso de la recaudación fiscal se basa en impuestos indirectos o al consumo que cobran lo mismo sin distinguir entre ricos y pobres.
Menos de un tercio de la recaudación proviene de impuestos directos –a la renta o ganancias y riqueza– considerados más equitativos porque pueden graduar la tributación en torno al principio del que "más tiene más paga".
En países escandinavos como Noruega, Suecia y Dinamarca la relación entre ambos tipos de impuestos es exactamente la opuesta.
"Esto produce sociedades más cohesionadas con una mayor recaudación que permite un mayor gasto y redistribución. El caso contrario más marcado a nivel regional es quizás Guatemala que tiene una recaudación tributaria de poco más del 10% con la que ni puede financiar su propia seguridad", indicó Jimenez. 
La evasión fiscal
A esta deficiencia estructural se añade otro problema "crónico": la evasión fiscal.
México y Venezuela figuran entre los 10 países con mayor fuga de capitales.
Un estudio específico sobre el impacto en Argentina -"Fuga de Capitales III (2002-2012)"- halló que la evasión fiscal era de tal magnitud que el Coeficiente Gini -que mide la desigualdad social– se disparaba de 0,42 a 0,49 puntos una vez que se contabilizaban los fondos fugados a paraísos fiscales.
Uno de los coautores del estudio, el economista Jorge Gaggero explicó los principales mecanismos de evasión fiscal de la región.
"Se da tanto en los impuestos indirectos, al consumo, en los comercios por ejemplo, como en los directos, a las empresas nacionales y multinacionales y a las personas. Hay una baja conciencia cívica al respecto. Y eso que la presión tributaria en nuestra región es muy baja", señaló.
En los 18 países de América Latina se paga en promedio entre el 18 y el 20% del PIB mientras que en los 28 de la Unión Europea es el 35%, en los 18 de la Eurozona el 44% y en los países escandinavos supera el 45%.
Este panorama regional es previsiblemente heterogéneo.
"Se puede distinguir entre los países de América Central que tienen impuestos más bajos, las naciones petroleras como México y Venezuela, que basan su recaudación en el impuesto al petróleo, y las naciones que más han avanzado en el marco tributario, pero que no han resuelto la inequidad impositiva y los altos niveles de evasión, como Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y Ecuador", señala Gaggero.
Un avance lento
En medio de este panorama heterogéneo lo cierto es que la recaudación aumentó en 13 de los 18 países de la región, pasando del 18,9% del PIB en 2009 al 20,7% en 2012.
En cierta medida este cambio se vio favorecido por la presencia de gobiernos de centro izquierda que, sin tocar demasiado la estructura impositiva, se abocaron a aumentar la recaudación para financiar un mayor gasto social.
Según José Natanson, autor de "La Nueva Izquierda" y director de Le Monde Diplomatique en América Latina, este avance fue particularmente importante en un sector clave de la economía regional: las materias primas.
"Hubo una apropiación mayor de la renta de los recursos naturales, sea por la vía de la nacionalización como en Bolivia y Venezuela o vía nuevos impuestos a las exportaciones como en Argentina o Ecuador. Esto funciona en un sentido como una reforma progresiva porque un sector que es hipercompetitivo con una renta extraordinaria paga más", señaló.
Esta mayor potencia recaudatoria sirvió para financiar los programas sociales que surgieron entre 2002 y 2006 como el Plan Familias y el Jefes y Jefas de Hogar en la Argentina, el Bono Juancito Pinto en Bolivia, el Chile Solidario y el Programa Hambre cero en Brasil.
Un sector primario salió, sin embargo, indemne de estos cambios: la minería.
Con el cambio de los regímenes legales para la inversión extranjera en los 90, en países como Colombia, Perú o Argentina las mineras apenas pagan impuestos.
"En este campo prácticamente no ha habido reformas. El gobierno de Evo Morales es una excepción porque cambió las reglas de juego", opina Gaggero.

Futuro en clave política

El tema de la reforma impositiva está en el aire desde hace tiempo, pero tiene fuertes obstáculos políticos y técnicos.
"Una razón por la que no se alteró la relación entre impuestos directos e indirectos es porque la percepción pública es muy distinta al respecto. El impuesto al consumo es mucho más difuso, uno lo paga sin darse cuenta, porque están cargados sobre cualquier servicio o producto. En el impuesto directo se ve en el recibo de sueldo la extracción que va para el estado lo que genera más resistencia, aunque en realidad uno pague mucho más de impuestos con el consumo", señala José Natanson.
Según Jorge Gaggero estas dificultades exigen fuertes compromisos políticos que vayan más allá de los vaivenes electorales.
"Se necesitan coaliciones muy fuertes que den continuidad en el tiempo a las reformas porque los mandatos que tienen los gobernantes son cortos y un cambio como este, que presenta importantes retos técnicos, requiere continuidad. Estas coaliciones no son solo a nivel nacional sino entre países si se quiere combatir la evasión fiscal de las multinacionales a los paraísos fiscales", señala Gaggero.
En efecto, la globalización económica e informática ha internacionalizado como nunca la evasión fiscal en momentos en que un 60% del comercio mundial se produce entre multinacionales.
Algunas de estas multinacionales y sus subsidiarias se compran y venden a sí mismas usando los paraísos fiscales para distorsionar los precios que pagan y las ganancias que obtienen a fin de abonar menos impuestos.
Estas dificultades no modifican la necesidad de un cambio.
Un reciente estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), señalaba que si no se avanzaba en la reforma impositiva podrían peligrar los logros sociales de la última década.
Según Alfredo González, del PNUD, la región se encuentra en una encrucijada.
"El crecimiento y los programas focalizados fueron muy importantes, pero se ha llegado a los núcleos más duros de nuestra estructura social. Para avanzar se necesita tocar intereses específicos de una élite como los que se expresan en torno al tema impositivo y esto implica una lucha política muy delicada", señaló. (Redacción)

La recaudación de impuestos directos genera sociedades más cohesionadas.







El consumo de drogas va en aumento

La mayoría de los jóvenes fuma marihuana.

El desinterés de muchos actores de la sociedad por tratar el tema de la rehabilitación del consumo de drogas en los jóvenes, ha originado que hoy tengamos más de 50 mil drogadictos en el país.

El Perú ya no es solo exportador de drogas. Ahora también sufre, y cada año peor, las consecuencias del consumo.
Si hasta el 2012 se estimaba, de acuerdo con la Estrategia Nacional de Lucha contra las Drogas, que en el país había 45 mil dependientes a alguna droga cocaínica hoy se cree que tenemos más de 50 mil. ¿Pero qué ha causado este aumento? Según el doctor Jorge Vergara Gerstein, docente de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la PUCP, la razón está en la despreocupación del Estado por atender el tema de la rehabilitación del consumo de drogas.
En el 2012 ese desinterés estatal se vio reflejado en un estudio de Devida que señaló que de las 918 camas para la atención de todos los problemas de salud mental, solo 200, menos del 30%, están destinadas a pacientes drogodependientes, sin que se reporte de la existencia de alguna cama para tratar a mujeres en caso de adicción.
En su tesis doctoral (Experiencias de riesgo y consumo de drogas ilegales. Subjetividad y trayectorias biográficas de jóvenes peruanos), el doctor Vergara explica que como el número de muertos por causa de la adicción a una droga ilegal aún es bajo, eso ha hecho que el Estado solo enfoque su lucha contra las drogas en la producción y el tráfico, dejando la rehabilitación a los privados, en este caso a los centros terapéuticos.
Al igual que el Estado, las familias también están viendo a los centros de rehabilitación como una vía de escape para deshacerse de los jóvenes adictos. 
Según Vergara, esta situación es preocupante porque demuestra que nadie (incluido los dependientes) quiere asumir la tarea de la rehabilitación, pasando para un tercero esa responsabilidad.
En el país solo existen 47 centros de rehabilitación formales, número insuficiente para la atención de esa gran masa de adictos que cada año viene aumentando, de ahí la existencia de decenas de centros informales.

Federico Tong: “Devida debe trabajar en todo el país y no solo en 12 regiones”.

A raíz de los trágicos sucesos en dos centros terapéuticos que dejaron más de 50 muertos en el 2011, el Ejecutivo promulgó el 23 de julio de ese mismo año la Ley 29765 con el fin de regular los establecimientos y el ejercicio de los centros de atención. Sin embargo, los gobiernos locales que deberían velar por su cumplimiento no lo están haciendo, porque al igual que el Gobierno Central, tampoco les interesa el tema.
Esta situación ha originado que cada vez existan más centros informales, donde por lo general el adicto es tratado como un animal y no como un ser humano.
El psicólogo Federico Tong considera que ante esta realidad el Estado debe ampliar el trabajo de Devida (ente estatal encargado de la rehabilitación de adictos), que actualmente llega a 12 regiones para cubrir todo el país. Asimismo dice que debe comprometerse a las autoridades municipalidades a destinar recursos para la prevención y lucha contra las drogas, porque la mayoría de delincuentes juveniles actúa bajo los efectos de algún alucinógeno.
 “Si queremos tener éxito en la lucha contra la inseguridad ciudadana también debemos tomar en cuenta este problema que nos afecta a todos”, dice Tong.
En esa misma línea, Vergara considera que el Estado debe trabajar en dupla con los privados, apoyando y vigilando. Asimismo reorientando los recursos humanos para que se logre un modelo participativo entre varias instituciones: hospitales públicos, clínicas, universidades, comunidades terapéuticas, institutos técnicos de educación superior, familia, etc. “Solo así podremos controlar el crecimientos de adictos en el país”, asegura.
La más consumida
Si bien ha aumentado el consumo de otras drogas ilegales, la marihuana aún sigue siendo la droga que más usan los peruanos, sobre todo los limeños. (Ver gráfico)
De acuerdo con Cedro, el consumo de drogas ilegales es distinto según las ciudades, debido a factores diversos, incluyendo su cercanía a las zonas de producción de drogas, el estar en las vías de transporte de drogas o las condiciones que facilitan o dificultan su comercialización al menudeo. Desde este punto de vista se aprecia mayor prevalencia de vida de marihuana en ciudades como Cusco, Tingo María, Arequipa, Tacna y Tarapoto; así como mayor prevalencia de vida de drogas cocaínicas en Iquitos, Tingo María, Arequipa, Tarapoto y Tacna. (Redacción)


Fuente: Epidemiología de drogas en población urbana 2013: Encuesta de hogares. Lima: Cedro.



jueves, 4 de septiembre de 2014

Antezana a Urresti: Los narcos peruanos no solo son acopiadores



El experto en temas de drogas Jaime Antezana, en carta hecha pública desde su cuenta en Facebook, aclaró al  ministro del Interior, Daniel Urresti, que los narcotraficantes peruanos ya dejaron hace años de ser simples acopiadores para convertirse en procesadores de PBC y refinadores de clorhidrato de cocaína.
Como se recuerda, tras las últimas capturas de cargamento de droga, el ministro Urresti señaló en una entrevista a un medio local que en el país los narcotraficantes peruanos solo se dedican a acopiar la droga.
En su aclaración Antezana dijo los siguiente: "esa afirmación es inexacta. Es cierto que no existe un cartel peruano. Eso está fuera de toda duda. Lo que hemos tenido es la presencia de carteles de dos países diferentes. Así, desde fines de los 70 hasta medianos de los 90, pasando por la década de los 80, los que compraban y exportaban la pasta peruana fueron los carteles colombianos (de Cali y Medellín). Ellos lo refinaban e incorporaban a los EEUU.
Posteriormente, hacia fines de los 90 hasta la actualidad, debido a la emergencia de la demanda de cocaína en Europa, Asia y América Latina, recalaron en estas tierras los carteles mexicanos: Tijuana, Sinaloa, Juárez, etc. Ellos sustituyeron el vació dejado por los carteles colombianos, post desarticulación de ambas organizaciones internacionales en Colombia.
Antes de seguir, una rápida digresión: desde la década de los 60, aparejado al ascenso de la producción de coca y pasta bruta en el Perú, ira incubándose las principales firmas y sus capitostes (patrón, barón, capo, etc.) de la droga peruana. Carlos Lamgberg, “Mosca Loca”, Rodríguez López, alias el "Padrino", Fernando Zevallos, alias el "lunarejo", etc., fueron los principales narcotraficantes que abastecían a los colombianos.
En la década de los 80 y 90, en un contexto del "boom" de la coca y la PBC y de la desarticulación de -la mayoría- estos capitostes o barones de la pasta básica de cocaína y, en menor proporción, de cocaína, surgirán nuevas y poderosas firmas y barones de la droga. Su característica principal: su "invisibilización" en negocios insospechados: leche, gaseosas, minería, pesca, universidades, etc. A través de esos negocios lograron la transnacionalización.
En suma, en estas dos décadas, cuajo una narcoburguesia; un narcocapitalismo. Esta narcoburguesia nacional forma parte del poder económico en nuestro país. Con la presencia de los carteles mexicanos, de finales de los 90 hasta hoy en día, esta narcoburguesia "tercerizara" el negocio de la droga (PBC y cocaína), pero no lo abandona. Eso permite la floración de nuevas firmas o clanes, pequeñas y medianas, que adquieren mayor protagonismo en el tráfico de la droga.
La floración de las nuevas firmas o clanes de la droga tiene un rostro más nacional: indígena, mestiza y chola. Pero, estas firmas -con excepción de varias de ellas- son procesadores de PBC y, las medianas, refinadoras de cocaína. ¿A qué se debe eso? Muy sencillo: a los carteles mexicanos no les interesa comprar (grábese esto ministro Urresti) PBC, sino cocaína. Entonces, las firmas pequeñas procesan la pasta y las firmas medianas acopian y refinan la pasta en clorhidrato de cocaína.
Y, las antiguas y nuevas firmas más poderosas del país, son las que acopian, refinan y embalan la cocaína, en sociedad o no de los carteles mexicanos, para estas multinacionales de la cocaína. Incluso, desde hace varios años atrás, las firmas nacionales peruanas colocaban el cargamento de cocaína en alta mar. O, en aguas internacionales. Ahí, se juntaba el gran cargamento.
Los narcotraficantes peruanos no son, pues, simples acopiadores de PBC. Eso fue, en gran medida, en los 80 y 90. En los últimos 14 años, los narcotraficantes procesan PBC y refinan clorhidrato de cocaína. Ese es el cambio más importante que ha experimentado el narcotráfico nacional. Entonces, ¿cuál es el interés del ministro Urresti cuando afirma que en el Perú solo tenemos acopiadores? Pareciera que busca desconocer la existencia de los barones de la cocaína, de la narcoburguesia. Regional y nacional.
Es también, desconocer que -no la generalidad- muchos narcotraficantes peruanos exportan cocaína a Europa y Asia. También, es desconocer que firmas peruanas en Bolivia y Argentina están en un proceso de "cartelización". Corolario: el ministro Urresti, al decir que solo hay acopiadores, busca minimizar la dimensión que tiene el narcotráfico nacional. Que se informe mejor".


¿Puedo inventar un embarazo?



La sensación de náuseas y vómitos, aumento del volumen abdominal, secreción de leche, e incluso la apariencia de movimientos fetales, hace indicar los típicos síntomas de embarazo, pero que sucedería si este embarazo es producto solo de su imaginación, que en verdad el bebé que habita en su vientre nunca existió, a este tipo de casos se le llama embarazo imaginario o pseudociesis.  
El deseo desmedido por ser madre, por mantener a la pareja, miedo por haber realizado el acto sexual sin protección, la necesidad de sentirse joven, son algunos de los principales motivos que empuja a una mujer a inventar un embarazo.
Para el Dr. Giovanni Casafranca Mendoza, Médico Ginecólogo de ONCOGYN, este tipo de embarazo tiene su base psicológica, siendo una expresión corporal que se presentan en quienes tiene problemas para identificar sus sentimientos y hablar de ellos. “Este aspecto se ve acompañado de factores hormonales, donde la mujer puede experimentar hasta una disminución de LH, FSH (hormonas de ovulación), que conduce a un retraso menstrual indefinido.
Este tipo de posturas que adopta las mujeres, puede ser descartado a través de sus controles ecográficos, donde indudablemente se dan con la realidad de que nunca estuvieron embarazadas. “En cuanto se convence a la paciente sobre su embarazo psicológico, disminuye su tensión y se restablece el equilibrio en su organismo. El diagnóstico debe hacerse de manera temprana para evitar que la mujer desarrolle problemas psicológicos como depresión”. (Redacción)

Educación Ambiental como estrategia frente al cambio climático​




No es posible alcanzar el desarrollo sostenible sin ciudadanos ambientalmente responsables. Esa será una de las premisas de propuesta conjunta que elaborarán en Perú representantes de los países de Iberoamérica para solicitar que la Educación Ambiental se incluya como un elemento clave en la Estrategia global para prevenir y mitigar el cambio climático que impulsa la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Esta declaratoria se suscribirá durante el VII Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental (CIDEA 7) que se realizará en Lima del 10 al 12 de setiembre, y será parte de las discusiones de la Cumbre Mundial de Nagoya, que se efectuará en Japón en noviembre próximo y de la Vigésima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP-20) que se realizará en Lima, en diciembre de este año.

De ese modo, se reconocerá a la Educación Ambiental como un instrumento universal para favorecer el desarrollo sostenible del planeta a favor de las futuras generaciones. Considerando además la formación de una sociedad ambientalmente responsable capaz de adoptar acciones de mitigación frente a los efectos y riesgos que genera el cambio climático.

Así lo indicaron hoy durante una reunión informativa el viceministro de Gestión Pedagógica del Ministerio de Educación (Minedu), Flavio Figallo y el viceministro de Gestión Ambiental del Ministerio del Ambiente (Minam), Mariano Castro.

Participación virtual

En CIDEA 7 participarán más de mil expertos entre académicos, docentes y representantes de los gobiernos de Iberoamérica. Pero también podrán participar  --de modo virtual-  todos los ciudadanos de la región, principalmente docentes de educación básica regular y superior.

Para poder acceder a las ponencias vía virtual, en tiempo real, los interesados deberán inscribirse previamente, desde ahora y hasta el 9 de setiembre, a través de la página web del CIDEA 7 http://www.cidea7.pe/participa.php

Más de cien expositores

En el CIDEA 7 habrá más de 140 expositores confirmados provenientes de Brasil (35), Colombia (13), México (12), Argentina (8), Uruguay (9), Venezuela (3), España (4), Chile (7), Panamá (1), Ecuador (2). Por parte de Perú participarán 47 expositores.

Durante el CIDEA 7 los países de Iberoamérica expondrán sus avances en el diseño e implementación de políticas de educación ambiental.  El Congreso permitirá  definir una propuesta
regional que resguarde la Educación Ambiental Comunitaria y Formal como respuesta a problemas sociambientales, de salud, alta vulnerabilidad y eventos adversos comos desastres naturales.

Participarán también representantes de los ministerios del Ambiente y de Educación de  Iberoamérica: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Guinea Ecuatorial, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela. También estarán presentes expertos y académicos especialistas en educación ambiental.

Avances en el Perú

Perú es uno de los primeros países de Iberoamérica en aprobar, en el año 2012, una Política Nacional de Educación Ambiental, después de Brasil y Colombia.

Actualmente, se realizan esfuerzos por incluir en el currículo escolar la educación ambiental de manera transversal, tanto a través de las acciones pedagógicas, como de la gestión operativa de los colegios, de modo que los docentes den el ejemplo a sus alumnos.  La Educación Ambiental abarca la formación en ecoeficiencia, en salud, en gestión del riesgo que contribuyen a una cultura de prevención y responsabilidad ambiental.

El cambio climático en Perú

Perú es uno de los países más vulnerables frente al cambio climático, por ello, es indispensable traer el debate climático global al país.  En este contexto, el CIDEA 7 contribuirá a proponer acciones que incorporen en este debate a la ciudadanía en general. 

La Educación Ambiental en épocas de cambio climático nos permite tener una actitud reflexiva sobre los impactos que generamos en el ambiente. Es necesario adoptar mejores hábitos de consumo de agua, de energía, de materiales, porque si no lo hacemos nuestras acciones deteriorarán aún más la calidad de vida de las futuras generaciones. (Redacción)

¿Cómo paramos esta violencia?


Las agresiones más habituales son golpes físicos, insultos, discriminación, etc.


El bullying se ha convertido en un problema social. En los últimos 11 meses se han registrado 1.362 casos en el país. Lo más grave, es que la violencia escolar está provocando que cada vez tengamos más niños suicidas.

El jueves 21 agosto la señora María Herrera recibió una llamada del colegio de su hijo. Extrañada, porque eso nunca había acontecido antes, contestó el teléfono. Al otro lado de la línea una madre de familia desesperada le daba una mala noticia: su hijo José, de tan solo 9 años,  estaba convulsionado tras haber recibido de sus compañeros de aula del centro educativo José Olaya de Chorrillos una golpiza.
Preocupada corrió en busca de su hijo. Al llegar al colegio lo encontró tendido sobre el suelo en estado inconsciente. Con ayuda de algunas personas lo llevó al hospital Rebagliati. Ahí los médicos le comunicaron lo que una madre nunca quisiera escuchar. Su pequeño José estaba en coma y que solo quedaba esperar un milagro para que viva.
Historias trágicas como estas lamentablemente no son aisladas. De acuerdo con el Sistema Especializado en Atención de Casos sobre Violencia Escolar (Síseve) del Ministerio de Educación (Minedu), de setiembre del 2013 al 15 de agosto de este año, se han reportado en todo el país 1.362 casos de violencia escolar (bullying), de los cuales 1.052 acontecieron en Lima, 36 en Ayacucho, 35 en Junín, 31 en Puno y 25 en Huánuco.
Las agresiones más habituales que sufren las victimas de bullying son golpes físicos, insultos, discriminación, etc.
El hecho que unos niños ‘masacren’ a otro de su propia edad demuestra que existe un problema de salud mental en la sociedad que urge ser atendido.
Según Milton Rojas, psicólogo de Cedro, los chicos no son más que el reflejo de lo que se vive en sus casas. “Que de bueno podemos esperar de ellos si los progenitores trasmiten a diario códigos violentos. Está claro que si no se trabaja en el seno familiar de los jóvenes todo esfuerzo para erradicar la violencia escolar no va tener éxito”, dice.

Si su hijo comienza aislarse, no quiere hablar, pone mil excusas para no ir a clases, y muestra una baja autoestima, probablemente esté siendo víctima del bullying.

Carmen Mendoza, decana del Colegio de Psicólogos de Huánuco, también piensa lo mismo, por eso demanda el cumplimiento de la Ley 29719 que promueve la convivencia sin violencia en las instituciones educativas,  además de la designación de por lo menos un psicólogo en cada colegio.
“Actualmente la mayoría de las escuelas no cumplen con la norma, se amparan en la falta de recursos. Sin embargo, para eso están los gobiernos locales y regionales para ayudar a que se cumpla. En Junín, así se ha hecho y hoy todos los centros educativos de esa región cuentan con un profesional en psicología”, afirma Mendoza.
Cubrir más colegios
Al Síseve solo están inscritos 10.000 centros educativos de los 61.000 que hay en el país. Rafael Miranda, especialista del Programa Paz Escolar del Minedu, reconoce que por razones económicas ellos no han podido capacitar a todos los directores para que entiendan la importancia de reportar los hechos de violencia que suceden en sus colegios. Pero confía que el próximo año con más recursos puedan tener hasta 40.000 centros educativos inscritos al Síseve.
Respecto a la Ley 29719 dice que están proponiendo al Congreso su modificatoria para que otros profesionales también ayuden en esta tarea de prevenir y erradicar la violencia escolar, ya que actualmente no hay suficientes psicólogos para cubrir todos los colegios, además que no todos tienen el perfil para trabajar con niños.
Miranda reconoce además que en la lucha contra la violencia escolar deben participar otras instituciones, más aún cuando el psiquiatra Freddy Vásquez, del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, advierte que en los últimos 5 años han aumentado los casos de chicos con depresión. Eso sin contar que el 25% de niños suicidas –como señala– tuvo como motivo el bullying.
Si su hijo comienza aislarse, no quiere hablar, pone mil excusas para no ir a clases, y muestra una baja autoestima, probablemente esté siendo víctima del bullying. Si ese fuera el caso, la psicóloga Mendoza aconseja hablar con su hijo. “Solo así se evitará una desgracia”, sostiene. (Redacción)

SABÍA
1.- Según el doctor Tulio Bermeo, presidente de la Sala Civil de la Corte Superior de Ucayali, el bullying no está penado como delito. Sin embargo, dice, ello no exime al profesor y director de responsabilidad cuando a sabiendas de un caso de violencia escolar (dentro o fuera de la escuela) no denuncian el hecho.
2.- Síseve es un sistema que permite que cualquier supuesta víctima o testigo reporte incidentes de violencia escolar. Para ello, bastará con que complete un formulario virtual.