jueves, 1 de diciembre de 2016

Cantagallo se levanta luego de la tragedia


A casi un mes del incendio, sus pobladores se aferran a sus sueños para salir adelante.

Once de la mañana del lunes 14 de noviembre. Ese día en la comunidad de Cantagallo el calor es intenso, y varios niños lloran por falta de agua. Sus madres tratan de calmarles, pero el esfuerzo es infructuoso. A pesar que cuentan con bidones de agua, no pueden gastarlo en otra cosa que no sea para la comida, el baño o lavar la ropa. Y eso, que aún no estamos en verano.

La vida en Cantagallo nunca fue fácil, ni antes del incendio ocurrido el cuatro de noviembre, ni mucho menos ahora que no cuentan con casi nada.

La noche del siniestro, las 480 familias que viven en esta comunidad lo perdieron todo. Ese fue el caso de Lita Abanaria, quien hace un año con sus dos hijos en brazos decidió dejar su natal Iquitos para reunirse con su conviviente en Lima, sin saber lo que iba ocurrir tiempo después. “Todo fue rápido, no hubo tiempo para rescatar nada. Apenas pude correr hacia un parque donde estaban otras señoras”.

A pesar de la desgracia, Lita no deja de sonreír, porque—según ella— está acostumbrada a los desafíos. “Desde muy niña mis padres me enseñaron a trabajar, porque en casa faltaba todo. Así que estoy segura que volveré a levantarme con la ayuda de mi esposo”, nos confiesa esta joven mujer mientras lava los pocos utensilios que le han regalado.


A unos metros de donde vive Lita, en un improvisado cuarto hecho a base costalillos, Petri Reátegui, una shipiba oriunda de Pucallpa que vivía de la venta artesanal que confeccionaba, no se muestra optimista como su vecina debido a que ha perdido todos sus materiales. “Estoy preocupada, mi esposo no tiene trabajo fijo, y tengo dos niñas, una de ellas sufre de asma y anemia”, afirma.

Luego del incendio que dejó 1.477 damnificados y 267 casas destruidas, muchas personas e instituciones se han acercado a Cantagallo para llevar agua, frazadas y comida no perecibles. Sin embargo, como nos revelan Lita y Petri, lo que ellas quieren es contar con la casa que se les ha prometido y oportunidades para trabajar. (Texto y fotos: C.M)