jueves, 6 de abril de 2017

Perú, tierra de emprendedores


En momentos difíciles que vive el país, el empresario Raúl Diez Canseco nos recuerda que si uno tiene fe, todo es posible.
 
La fuerza de la naturaleza dejó a muchos peruanos en la miseria. En contados minutos, años de sacrificios por tener una casa, un negocio propio, etc., se perdieron por culpa del huaico. Ahora deberán empezar de cero.

Si algo distingue al peruano del resto de latinoamericanos es su creatividad por salir adelante en circunstancias difíciles. Varias historias de superación así lo corroboran. Una de ellas, que vale la pena recordar, es la del hoy empresario Raúl Diez Canseco, quien si un céntimo en el bolsillo no dudó en crear un proyecto educativo, que con el tiempo se convertiría en una de la mejores universidades del país.

La historia de este visionario se inició hace casi 50 años, cuando era un adolescente. Un día de verano, mientras sus amigos se alistaban para ir a la playa, él, junto a dos amigos, decidieron fundar una academia para preparar a los jóvenes que buscaban ingresar a una universidad.

Diez Canseco tomó esta decisión para ayudar a su familia que se encontraba en dificultades económicas por la pérdida de trabajo de su padre. Así nació la academia preuniversitaria San Ignacio de Loyola. Era 1968, y el Perú había caído bajo el régimen militar que derrocó al gobierno de Fernando Belaunde.

En el 2016 la corporación educativa San Ignacio de Loyola, que agrupa a diversas instituciones vinculadas al sector educativo, desde el nivel básico, técnico y superior, hasta una escuela de posgrado, cumplió 48 años.

Ese día, Raúl Diez Canseco dijo que la institución para llegar donde está recorrió un largo, laborioso y apasionante camino. “Un camino que nos permite inspirarnos para observar el futuro con visión, audacia y esperanza”.

Y lo mencionó porque intenta demostrar a los jóvenes con hechos tangibles que es posible empinarse desde cero, que si uno se lo propone puede hacer realidad los sueños y proyectos y abrazar el triunfo, alcanzar la meta anhelada. “No contaba con capital financiero cuando comencé; sin embargo, como contraparte, tenía muchas ganas y sobre todo fe en mí mismo y en mis sueños”.

Estas reflexiones se orientan al emprendedor peruano, especialmente a los que hoy lo han perdido todo. De alguna manera, dice el empresario, todos somos emprendedores porque en nuestras vidas desarrollamos una inquietud profesional, una iniciativa social, una aventura, etc. Pero, sin duda, son los jóvenes los llamados a arriesgar más porque simplemente están en juego su futuro. Un futuro que puede ser decisivo para el país. Y el Perú es una tierra de emprendedores. Eso es lo mejor de este país. (Redacción)