miércoles, 11 de enero de 2017

La corrupción en el Perú


Según estimaciones de la Contraloría General de la República, el Estado peruano perdió 12.600 millones de soles en el 2015 por causa de la corrupción.

Después de la inseguridad ciudadana, la corrupción constituye el principal problema que afronta el país. Los candidatos a la presidencia en las últimas elecciones así lo entendieron, por eso ofrecieron combatir este flagelo con mano dura de llegar al poder.

Pedro Pablo Kuczynski, ganador de las elecciones, en su primer discurso a la nación, dijo: “Para lograr que el Perú se convierte en un país moderno, necesitamos un presidente comprometido en la lucha contra la corrupción. Por ello no permitiré, especialmente a mis funcionarios y colaboradores más cercanos, caer en la indignidad de la corrupción […]”.

El presidente aún no tenía dos meses en el poder, cuando la corrupción lo alcanzó más temprano que tarde, nada menos que de la mano de su asesor Carlos Moreno, a quien en un audio se le escuchó decir “que estar al lado del presidente te abre todas las puertas”.

Por estos audios, Moreno fue destituido del cargo de asesor y denunciado ante el Ministerio Público. Las investigaciones aún prosiguen.

Sin embargo, cuando todos pensábamos que ya habíamos dado vuelta a la página de Carlos Moreno, un reportaje televisivo dio cuenta de un posible acto de corrupción en la compra de computadoras en el Ministerio de Educación.

Por esta denuncia, el Congreso, de mayoría fujimorista, hace algunos días censuró al ministro de Educación Jaime Saavedra, quien hasta un día antes era defendido a capa y espada por el presidente Kuczynski.

La historia de Carlos Moreno y Jaime Saavedra demuestra que la lucha contra la corrupción no será fácil, y anuncia que habrá muchas bajas.

¿Por qué cuesta tanto erradicar la corrupción en el país? Para entender este complejo problema, habría que decir que este fenómeno se extendió en nuestro país por varias razones. Así tenemos: la ausencia de mecanismos de control interno adecuados, el sometimiento al poder político de las instituciones públicas, y la falta de control ciudadano.

Al margen de los casos de Moreno y Saavedra, el Gobierno hasta el momento viene dando muestras de querer erradicar este flagelo. Transparentar toda la actividad del Estado es un buen comienzo. Por ejemplo, conocer desde el inicio el proceso de contratación de las obras públicas, donde están los mayores volúmenes de gasto, ayudará mucho.

No obstante, lo que sí creo que está faltando, es que a la par de estas medidas, se eduque a la población sobre las consecuencias de la corrupción para el país; que sepan que no solo es corrupto quien recibe una coima, sino también el que la da, y que esa mala acción se paga con la cárcel. (Raúl Vela)