jueves, 22 de enero de 2015

El precio de la belleza


La vanidad excesiva cobró la vida de la reina de belleza ecuatoriana Catherine Cando. Asi como ella, en el Perú también muchas mujeres mueren buscando el rostro y el cuerpo perfecto.

Catherine Cando era bonita por donde se le mirará. La naturaleza le había prodigado un rostro y un cuerpo que muchas mujeres quisieran tener. Estos atributos, sumados a su simpatía e inteligencia, le valieron para coronarse en octubre del año pasado Reina de Durán (Guayas, Ecuador).
A pesar de su belleza, Catherine sentía que podía verse mejor. Su vanidad para parecerse a una “Barbie” la llevó a practicarse una cirugía de liposucción.
Es así, como el 10 de enero último, aprovechando uno de los premios que le otorgaron los organizadores del concurso de belleza que ella había ganado, Catherine se somoteió, en una clínica local, a una operación.
Para mala suerte de ella, una presunta negligencia médica acabó con su vida cuando solo tenía 19 años de edad.
Así como Catherine, en nuestro país muchas mujeres decidieron pagar el precio de la vanidad con sus vidas. Es el caso, por ejemplo, de Raquel Luna Rojas (32 años) quien falleció tras someterse a una lipoescultura, dejando en el desamparo a 8 hermanos menores.
¿Qué lleva a una mujer sana a someterse a una cirurgia, que por más minima que sea siempre existe el riesgo de comprometer la vida?
Para la licenciada María Luisa Alegre, psicóloga del Sistema Metropolitano de la Solidaridad (Sisol), la razón la encontramos en los vacios emocionales que lleva a una mujer  a no aceptarse como es, el cual es aprovechado por la publicidad, que con mensajes subliminales, te hace creer que para tener éxito en la vida debes tener un rostro y cuerpo bonito.
La psicóloga agrega que toda persona que desea pasar por una cirugía plástica debe primero someterse a una evaluación psicológica para saber como está su salud mental.
Por su parte, el doctor Martín Nizama, del instituto Noguchi, dice que producto del mundo edonista y materialista hoy los seres humanos viven de apariencias, de caretas, que eliminan la autenticidad favoreciendo el ilusionismo y el oportunismo, que más afecta al sexo femenino.
“La belleza se manifiesta en valores, en la sensibilidad, la fraternidad, la paz y en la autoestima. Por eso, cuando las personas presentan problemas de inseguridad y baja autoestima no es recomendable que se sometan a ningún tipo de cirugía estética. Primero hay que tratarlas”, sostiene Nizama.  (Redacción)