martes, 12 de julio de 2016

“Para mí, la fe me ayudó a subir el Everest”


Silvia Vásquez a pesar de sufrir abuso sexual de niña y perder a su madre de cáncer logró ser la primera mujer peruana en alcanzar la cumbre más alta del mundo.

A diferencia de su niñez, cuando era tímida y callada, hoy Silvia es locuaz y sabe lo que quiere. Luego de escalar la montaña más alta del planeta, la “Facilitadora Internacional contra la Violencia hacia la Mujer” nos cuenta en el calor de su hogar su próximo reto: subir las montañas andinas de nuestro país.

De niña fuiste violentada sexualmente. ¿Cómo superaste ese trauma?
— [Piensa] No fue fácil. Durante años pensé que lo que me había ocurrido aconteció porque era una niña mala. Sin embargo, cuando me di cuenta que no fue así, decidí contárselo a mi mamá. Para entonces tenía 15 años.

Con el fin de superar más rápido el trauma, mi familia decidió que viajara a los Estados Unidos. En un principio eso me ayudó, empecé a estudiar, trabajar, sin embargo después volví a recaer. Con 20 años, caí en los vicios, comencé a beber y eso me trajo muchos problemas.

¿Por qué volviste a recaer?
— Lo que pasa es que yo estaba escapando de esa parte trágica de mi vida en vez de enfrentarla. Y eso me sumía en la tristeza.

Entonces, ¿qué hiciste?
— En el 2005 mi mamá me invita volver al Perú para asistir junto con la familia a un retiro. Fue ahí donde tuve la visión de irme a las montañas para encontrar la paz que no tenía.

¿Fue en ese entonces que decidiste ir al Everest?
— Si tenía que volverme a conectar, tenía que hacerlo en la montaña más alta. Así que decidí viajar sola, con todos los equipos prestados, salvo los zapatos.

— ¿Ahí encontraste lo que estabas buscando?
— Frente a la grandeza de esas montañas comprendí que nunca tuve la culpa de lo que me había acontecido, que no había razón para tener miedo. Así que con lágrimas en los ojos prometí dos cosas: volver al Everest para subir la cumbre, y realizar una causa social.

— Antes de subir al Everest decidiste subir otras montañas, ¿cierto?
— Como parte de mi preparación subí varias montañas. La primera fue el Kilimanjaro, África, en 2006. Luego vinieron otras.

¿Hacer realidad tu sueño te costó?
Muchísimo. En el 2010 mi mamá se enfermó y tres años después falleció de cáncer. Y como si esa tragedia no fuera suficiente, dos meses después mi divorcie.

¿Cómo hiciste para superar esas adversidades?
— Fe en Dios, solo eso. Muchos dicen que la fe mueve montañas, para mí, sube montañas.

¿A quién dedicas tu conquista?
— A mí madre. También a las niñas y mujeres que han pasado o están pasando algún tipo de violencia.

Un mensaje final para nuestras lectoras
— La violencia va a seguir mientras estemos calladas, por eso debemos hablar, para liberarnos de eso peso. A las mamás, que no tengan vergüenza y no culpen a sus hijas por lo ocurrido. (C.M.)

                                Preparando una nutriciosa quinua antes de subir a la montaña.