miércoles, 24 de febrero de 2016

La sociedad del “selfie”


Escribe: Carlos Rosales Purizaca (*)

En una época marcada por muchos cambios tecnológicos, la irrupción de la cultura digital también tiene efectos en nuestra vida personal y social, haciendo cada vez más invisible el límite entre lo público y privado.

Los selfies son herramientas visuales que ayudan a expresar nuestra identidad a través de un autorretrato. Pero cuando hacemos del selfie un espectáculo, perdemos libertad, nos volvemos dependientes de una pantalla que exalta nuestro yo y desplaza al otro a ocupar un espacio sin relevancia.

La excesiva búsqueda de aprobación nos sitúa en una butaca desde donde vemos la proyección de escenas que hasta hace años quedaban relegadas solo al ámbito de la privacidad. En el selfie, nuestro yo está en un estado de permanente exposición. A veces vivimos tan ensimismados en nuestros selfies que nos quedamos sin privacidad, porque ya no hay nada más que mostrar.

Los selfies se erigen como la extensión de los talk show, pero a nivel individual. Si bien no estoy de acuerdo con aquellos que señalan que el selfie es una rendija por donde se filtra el narcisismo, sí creo que el uso desmedido de dispositivos móviles nos relega a una soledad tecnológica, donde lo virtual desplaza al diálogo cotidiano.

Hay en nuestra sociedad una desmesurada sed por mostrarse a través de selfies, likes y retuits. Hemos perdido la capacidad para intercambiar experiencias en el mundo offline.

Según la psicóloga y socióloga Sherry Turkle, en su libro Reclaiming conversation, los smartphones (De acuerdo con el último estudio de IMS y Comscore e IMS Mobile in LATAM, el 22% de los usuarios de dispositivos móviles en Latinoamérica pasa más de 20 horas por semana navegando en Internet a través del Smartphone) están degradando la calidad de las relaciones humanas porque vivimos distraídos en nuestro mundo virtual. Pese a ello, afirma que podemos ganar el control de la tecnología y no dejarnos dominar por nuestras pantallas táctiles.

Nuestra sociedad del selfie hace prevalecer la aparición pública hasta tal punto que si no estás conectado, simplemente no existes. Por el contrario, estar desconectado también tiene sus ventajas.

Ha llegado el momento de reflexionar si nos hace bien de vez en cuando desconectarnos del mundo tecnológico. Después de todo, esos momentos de desconexión nos pueden servir como puente para que nos conozcamos mejor como sociedad, a través de la conversación directa sin intermediarios cibernéticos.

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(*) Colaborador.