miércoles, 3 de febrero de 2016

De policías y ciudadanos


Escribe: Jaime Abanto (*)

Los vemos por las calles diariamente; algunos dirigiendo el tránsito, otros patrullando la ciudad, y hasta hace poco, cuidando bancos y tragamonedas.

Escenas de policías corruptos, en estado etílico, entre otros hechos bochornosos, probablemente influenciaron para que las personas, con el paso de los años, le perdieran el respeto a estos uniformados. Sin embargo, hoy las cosas han comenzado a cambiar.

Desde que entró en vigencia el Decreto Legislativo 1194 varios agresores de policías han comenzado a transitar hacia la cárcel, luego de rapidísimas sentencias.

Ver desfilar desde una díscola mujer que le lanza el casco a un policía de tránsito de un reverendo cachetadón… hasta un envalentonado nieto de un broadcaster que se atreve a patear y escupir a unos policías que lo habían detenido por conducir borracho, entre otros casos, son hechos lamentables y condenables.

Sin embargo, como acontece hasta en las mejores familias, hay algunos policías que se aprovechan de su condición para provocar y para agredir a algunos ciudadanos, aprovechando este decreto. Por eso la preocupación de muchos vecinos.

Los policías no se caracterizan necesariamente por su bondad o su don de gentes, aunque hay subrayar que existen excepciones, pero la mayoría tienen un aire hitleriano hasta para comerse un cebiche. Y algunos incurren en el abuso, en el atropello a los derechos de los ciudadanos y abusan de su uniforme hasta para poner una infracción de tránsito.

Hay que ponerse una mano al pecho, tampoco se puede jugar con la libertad de una persona. De una persona que tiene familia, esposa, hijos, que lo esperan en casa y que tendrán que esperarlo varios años por culpa de una mentira o de una provocación adrede por un acto de venganza.

Abusar del poder no es bueno. Tarde o temprano esa maldad actúa y las cosas se revierten como un bumerang y acaban volviendo a uno o a la familia. Ni pegar a un policía, ni insultarlo, ni ofenderlo… 
Pero tampoco abusar de un ciudadano porque se tiene uniforme y se tiene la sartén por el mango. Todos somos susceptibles al error, a la equivocación, pero también a la enmienda y lo que es mejor… siempre al perdón.

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(*) Escritor