miércoles, 21 de julio de 2010

Viviendo de la basura


Empujados por la miseria y el hambre, miles de personas, incluidos niños, sin importarles su salud revuelven diariamente cientos bolsas de basura en las diferentes calles de la ciudad y en varios gigantescos vertederos que reciben los residuos de Lima y su populoso cinturón urbano


“Hace cuatro años que vengo acá y lo hago para sobrevivir", afirma Marcos Huamán, uno de los tantos jóvenes que deambulan entre montañas de desperdicios acumuladas en uno de los rellenos clandestinos existentes en la capital.
Huamán dice que "hoy tuvo suerte" porque encontró una caja de chocolate "que no están podridos ni tienen bichos", pero no planea comérselos sino venderlos a alguna tienda en el distrito que vive o canjearlos por otros alimentos para él y su familia."Aquí debe haber unas 18 unidades de chocolate de 34g cada uno el cual debe costar más de 30 soles, pero no te creas que todos los días sea así. A veces de acá apenas me llevo algo para comer con mi mujer y mi hijita", señala.Huamán cuenta que él junto a otro medio millar de personas deben esperar que el personal de seguridad de Relima les permitan entrar al relleno sanitario de Zapallal, en el que diariamente decenas de camiones depositan miles de toneladas de basura, para buscar en una hora botellas, cartones, vidrios, latas, y todo aquello que puedan vender a los recicladores.
Antonio, otro recolector informal, nos cuenta que él y sus dos hijos menores de 10 años prefieren en vez de ir a los vertederos de basura visitar todos los días en horas de la noche juntamente con un triciclo los distritos del Rímac y el Cercado de Lima en busca de basura, al cual examinan como si fuera una persona enferma a fin de poder encontrar algo que valga la pena vender.
Según Antonio, los precios de los objetos reciclables son demasiados ínfimos, pero, como él dice, mejor es poco que nada”
Por un kilo de cartón los recicladores pagan 10 céntimos; el kilogramo de vidrio cuesta 5 céntimos; todos estos minúsculos porcentajes originan un ingreso diario de 5 a 7 soles como máximo, una pequeñísima cantidad con la que sobreviven. El número de segregadores en Lima crece cada año; de 5,000 que había a principios de 1990 hoy suman más de 26,000 entre hombres y mujeres. Lo más preocupante es que también hay niños menores de 10 años. Entre este ejército de personas, la gran mayoría de ellos provienen de la región andina y una que otra de la costa y selva. Muchos dejaron sus tierras a causa del terrorismo, la pobreza y la postergación en busca de un mejor futuro pero se encontraron con una realidad distinta a sus sueños. Senobia Barrientos, por ejemplo, hace un año que llegó del Cuzco y por necesidad se acerca a estos depósitos de basura para ganar algo de plata y así no morirse de hambre. Para remover los cúmulos de basura, los recolectores usan muy poca protección, apenas si se amarran un trapo a la altura de la nariz a fin de no inhalar los olores fétidos que emanan los desperdicios en descomposición. La mayoría lo hace con las manos descubiertas, exponiéndose de esta forma a una serie de enfermedades gastrointestinales y micóticas, debido a que muchas veces la basura contiene excremento humano, de animales y restos de materiales utilizados en los hospitales.
En enero del 2005, la bióloga Angelita Cabrera, en coordinación con la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), examinó una muestra de 25 trabajadoras. De ellas, 16 mujeres tenían un nivel bajo en hemoglobina, teniendo en cuenta su edad; mientras que 9 mujeres presentaban un elevado porcentaje de eosinófilos en la sangre, expresado en asma, jaquecas y urticarias. El 83% de trabajadores (incluyendo hombres) tenían parásitos intestinales y sólo un 17 % no lo tenían. El parásito más predominante fue la ameba intestinal.
“Pero más que una dolencia física, es un deterioro de conciencia lo que padecen estas mujeres, principalmente las adolescentes. Pues al realizar un trabajo sucio y mal pagado, eso va a influir en su autoestima, en las esperanzas que pudieran tener de cambio. Van a desarrollar una desesperanza, una frustración”, señala la psicóloga Carmen Mendoza.
Falta educaciónA pesar que la ley prohíbe que haya segregadores (clasificadores), lastimosamente la falta de trabajo ha hecho que muchas personas en el país vean en este oficio una forma de llevar el pan a su boca
“Aquí el que hace plata, por lo general, es el intermediario que sin tener que arriesgar su salud gana 10 veces más que el recolector”, señala el ingeniero Miguel Guizado Silvera del Programa de Formalización de Recicladores de la Municipalidad Metropolitana de Lima.
Para cambiar esta situación, el ingeniero cuenta que desde el 2003 la comuna limeña viene trabajando fuertemente para formalizar a estas personas. “A la fecha hemos logrado empadronado a 453 segregadores quienes ahora pertenecen a 16 asociaciones de recicladores”
A pesar de este avance, el funcionario edil reconoce que falta aún mucho por hacer, como por ejemplo, hacer que sean los mismos vecinos quienes se encarguen de segregar su basura, que hoy no se hace por falta de una cultura ecológica
Luís Sanabria, jefe de proyectos especiales de la Municipalidad de Lima, sostiene que la única forma de acabar con el problema de la basura es educando a la gente y para ello es necesario ir a las escuelas para decirles a los niños que tirar desperdicios a la calle, más allá de afear la ciudad, genera problemas de salud.
Por su parte, la ingeniera Pamela Taboada, jefa de división de residuos sólidos de la comuna limeña, señala que el problema de la basura es una responsabilidad compartida, tanto de autoridades como de los mismos vecinos.