miércoles, 12 de agosto de 2015

Un trabajo está terminado, cuando está bien hecho



Escribe: Manolo Carrasco Eléspuro (*)

Hay una frase célebre del filósofo griego Séneca: “Per aspera ad astra”, que significa: “a través de las dificultades, a las estrellas”. En otras palabras, lo que quiso decir es que lo bueno tiene sus aprietos para conseguirlo. El hacer bien las cosas cuesta, genera esfuerzo e iniciativa. No es una casualidad; es un cumplimiento de una misión, tu misión. Necesitamos disciplina y pasión. En un mundo donde impera la competencia, tenemos que ser muy proactivos y trabajar con mucho espíritu innovador, porque el trabajo que hagamos  tiene un sentido que va más allá de la realización de una “obligación”.
El hacer las cosas bien activa el termómetro diferenciador. ¿Pero que es hacer bien las cosas? Aquí unas características:
-Es tener la actitud que exhibe con claridad lo que se quiere lograr; es decir, no solamente desearlo, sino ir por aquello que queremos alcanzar.
-Pasión por lo que se hace. Cuando uno pone pasión, no pone límites.
-Trabajo intenso cuidando los detalles. “No hay una segunda oportunidad para una primera impresión”. Hay que hacerlo bien desde el inicio.
-Disciplina u orden para adecuar los medios al propósito trazado. No hay proceso eficaz y eficiente si no hay un orden.
-Fuerte ambición a poseer aquello que se quiere o deseamos.
-Pronta disposición a la acción. “Es ahora o nunca”.
-Mucho sacrificio por amor al hacer bien las cosas. El poeta español Antonio Machado lo decía, “despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas”.
Además de estas características, hay que cultivar unas virtudes para facilitar el hacer las cosas bien; una es la virtud de la prudencia, que es aquella que lleva a la persona a buscar toda la información necesaria sobre dicha actividad, para luego analizarla de manera detallada y posteriormente aterrizarla en la acción.
Con estos elementos básicos la inteligencia se prepara más; y, además, si dirigimos la voluntad a lo que se quiere alcanzar, la persona forja un carácter para conseguirlo. Este forjar el carácter nos proporciona autodominio, el cual nos permite alejarse de todo y centrarnos en nuestro objetivo. Otra virtud es la alegría, aquella capacidad que nos permite ver todo de una manera muy positiva y conciliadora para lograr la excelencia en el trabajo.

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(*) Coach & Speaker en Dirección