miércoles, 11 de noviembre de 2015

Accidentes cero



Escribe: Mariana Alegre Escorza (*)

Hace algunas estuve en Estados Unidos en un evento sobre transporte. Uno de los temas que más me llamó la atención fue el compromiso de los funcionarios públicos y de los alcaldes de ese país con reducir los accidentes de tránsito a CERO. Las ciudades competían por mostrar cuál de ellas había reducido más sus accidentes y mostraban orgullosos sus cifras. Lamentablemente, esta no es una realidad en nuestro país y menos de nuestras ciudades, donde nadie compite para mostrar quien tiene los índices más bajos de accidentes en sus calles.

 La preocupación de las autoridades por la vida de las personas es evidente en el país del norte y, por ello, es que toman medidas ambiciosas y onerosas para evitar la muerte de sus ciudadanos. Esto se extiende no solo al sector transporte sino que también procuran ser muy exigentes cuando se trata de la construcción de viviendas y obras públicas. En los días del evento me tocó experimentar una amenaza fuerte de tornado y la reacción de las autoridades y la prensa fue impecable. Incluso yo, siendo extranjera y con mi celular sin línea telefónica, recibí una alerta para evacuar la zona en la que me encontraba. El avance en prevención es muy importante y aunque fueron severas las inundaciones, solo dos o tres fueron las personas que perdieron la vida.

Ahora que se aproxima el Fenómeno El Niño en el Perú, cabe la pena preguntarnos: ¿Cuántos morirían en el país por estar mal preparados en caso de un terremoto, tsunami o cualquier otro fenómeno natural? ¿Cuántas personas están en riesgos por tener sus viviendas sobre terrenos defectuosos o en condiciones vulnerables? ¿Cuántos muertos más en las carreteras y pistas de nuestras ciudades? Lamentablemente, las respuestas a estas preguntas son muy lejanas al deseable CERO. Y es por eso que desde este espacio, conmino a las autoridades a tomarse en serio la vida de sus ciudadanos y a poner mano dura para prevenir mayores desgracias.

Solo una ciudad que sea fuerte en sus procesos, firme ante la corrupción y decidida cuando se trate de tomar decisiones impopulares, es una ciudad capaz de superar los peligros y que garantizará la vida de sus habitantes. Eso es lo que necesitamos: ciudades con autoridades (local, regional y nacional) resueltas a cuidar de nosotros. Los ciudadanos debemos exigirlo.

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(*) ONG Lima Cómo Vamos