miércoles, 6 de enero de 2016

Maltratos a la policía y detenciones


Escribe: Luís García Barreto (*)

Ante las últimas y drásticas decisiones judiciales respecto de las personas que han sido encontradas en flagrancia maltratando policías existen sensaciones encontradas. Por una parte, todas las personas y la autoridad en particular requieren respeto, mientras que, de otro lado, sienten que delincuentes, de los más avezados, cuyos actos son de lejos peores y más nocivos para la sociedad, no están sujetos a la misma rigurosidad.

Ante denuncias de pegadores, robos, asaltos, disparos, asesinatos y violaciones, vemos como impávidos entran a las comisarías y las autoridades, acogiendo algunos resquicios legales, los dejan libres, mientras la sociedad considera que deberían ingresar a prisión y en algunos casos podrirse en la cárcel, cuando no piden la pena de muerte. Sin embargo, un altercado, reprochable por cierto, que incluso puede ocurrir entre particulares, con actitudes racistas en algunos casos, desenfrenos por tragos y drogas, o por ser un simple curioso espantado por la policía en alguna escena delictiva, terminan de fijo en prisión, y en el primer caso mediático se condena a una señora a seis años y ocho meses.

Pareciera hasta cobarde que en algunos casos personas casi indefensas, salvo las lisuras y actitudes emplazadoras, terminen con una condena por flagrancia. Esto, frente a las agresiones de turbas que sin ningún desparpajo enfrentan de forma contundente a la policía, esta se repliega y son incapaces de poner orden y se retraen sin resolver los temas. Para los que transitan por la delincuencia no hay detención, prisión preventiva ni penas severas.

Nada de esto condenable puede justificar que personitas con grandes egos y grandezas se refieran a la policía en el sentido que: “yo te pago tu sueldo”; “no sabes con quién te metes”; “ya te las verás con mi tío fulano de tal”. Pero también la policía tiene todos los elementos como para armar una simulación y poner en prisión a cualquiera de nosotros. Porque abuso policial, incorrección y prepotencia existen –quien diga que no, miente– y también hay ganas de mandarlos bien lejos.

El tema requiere una reforma legislativa urgente, ya el presidente Humala lo ha señalado, y aplicar la retroactividad benigna a quienes están pasando por estas detenciones y penas exageradas, sin descuidar el orden y la autoridad, que son fundamentales para vivir en paz y armonía.

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(*) Abogado