miércoles, 13 de abril de 2016

Acosadas en el transporte público


Seis de cada diez pasajeras en la capital son víctimas de depravados sexuales. Por esta razón, Lima fue considerada por la Fundación Thomson Reuters la tercera ciudad más peligrosa del mundo para las mujeres.

La gran demanda que tienen los servicios de transporte público en el país, no solo está favoreciendo a los delincuentes, sino también a los enfermos sexuales, que aprovechándose de la aglomeración de la gente, dan riendas sueltas a sus bajas pasiones.

El último caso de acoso sexual en un bus de Lima, se registró el cuatro de abril último.

Ese día, una pasajera del Metropolitano, identificada como Fabiola De la Jara Negri, denunció a un sujeto que viajaba junto a ella y que, con su celular, grabó debajo de la falda que llevaba puesta durante el viaje en el bus.

Ella contó en la comisaría de San Martín de Porres, donde presentó la denuncia, que se encontraba parada en el bus mientras revisaba su celular. De pronto, un pasajero que se encontraba cerca de ella trató de advertirle con señas que un hombre estaba grabándole, pero ella no se percató. No fue sino hasta que el señor le gritó: “Te está grabando debajo del vestido”, cuando ella se dio cuenta de lo que ocurría.

Aún nerviosa por lo vivido, Fabiola continúo relatando que ella bajó en la estación Parque del Trabajo para perseguir al sujeto y reclamarle por lo que había hecho. Indicó que dos personas del Metropolitano fueron testigos de lo ocurrido: un trabajador de este servicio de transporte público y el pasajero que le alertó sobre lo que ocurría. 

Al igual que Fabiola, en las grandes ciudades del país, estos hechos ocurren casi a diario.

Esta dura realidad que viven las mujeres peruanas quedó plasmada en un reciente estudio publicado por la Fundación Thomson Reuters.

Según el estudio, que evaluó a 16 capitales del mundo, Lima ocupó el deshonroso tercer lugar en percepción de agresiones en contra de las mujeres en los sistemas de transporte público. Bogotá y México ocuparon el primer y segundo lugar respectivamente.

La Fundación Thomson Reuters, en colaboración con la empresa de sondeo de You Gov, preguntó a 6.550 mujeres qué tan seguras se sintieron cuando usaron el transporte público en sus respectivos países. 

Las preguntas realizadas tocaron temas como: ¿Sienten seguridad al viajar sola por las noches? ¿Sufrieron acoso verbal o físico? ¿Hubo pasajeros que le ayudaron? ¿Existe confianza en las autoridades para investigar y sancionar los informes de acoso o violencia? ¿La disponibilidad del transporte público?

La percepción de las encuestadas es que el 60 % de las mujeres que viajan en sistemas de transporte, reportaron acoso físico durante el viaje.

No es nuevo
El acoso sexual físico y verbal que sufren las mujeres en el transporte público no es algo reciente. Por historias contadas por nuestras madres o tías sabemos que tienen décadas.

El Congreso de la República con el fin de proteger la dignidad, la libertad, el libre tránsito y el derecho a la integridad física y moral de niños, adolescentes y mujeres en los espacios públicos aprobó en marzo del año pasado la Ley contra el Acoso Sexual Callejero (30314).

Según dicha norma, los gobiernos regionales, provinciales y locales; y los portafolios de la Mujer; Educación; Salud, Transportes y Comunicaciones; y del Interior, deberán tomar una serie de medidas para el cumplimiento de la ley.

Así tenemos, por ejemplo, que en los servicios de transporte se pegue un aviso donde se señale que las conductas de acoso sexual se encuentran prohibidas y son objeto de denuncia y sanción.

De igual manera, los gobiernos regionales y locales incluyan en los cursos de formación del personal del servicio público de transporte urbano, información sobre el acoso sexual.

También que la policía cuente con un registro de acosadores sexuales para poderlos identificar, entre otras medidas.

A un año de la vigencia de la ley, la norma pareciera ser letra muerta, porque el número de denuncias por acoso sexual en el país continúan.

Según Luis Quispe Candia, director de la ONG Luz Ámbar, en el 2015 se registraron en la capital 20 casos de acoso sexual en el Metropolitano, mientras en el Metro de Lima se reportaron 23 denuncias.

Este año, dice, ya se han registrado 12 casos de acoso sexual en los servicios de transporte público, de los cuales 9 corresponden al Metro de Lima y 3 al Metropolitano.

Para Luis Quispe Candia, director de la ONG Luz Ámbar, la Ley 30314 no está cumpliéndose porque nació en un contexto mediático (caso Magaly Solier), por esa razón casi nadie se acuerda de dicha norma.

Los pocos casos de acoso sexual en los buses de Lima denunciados se dieron en los servicios públicos de transporte formalizados, donde gracias a las cámaras de vigilancia y personal de seguridad, la víctima contó con pruebas para acusar a su agresor.

Transporte informal
En la capital, solo un millón de pasajeros se transporta todos los días en medios formales, es decir, Metro de Lima y el Metropolitano; el resto, o sea, los ocho millones de pasajeros, se movilizan en los servicios públicos de transporte informal.

Por esta razón, afirma Luis Quispe, al grueso de las victimas les resulta difícil denunciar al agresor, ya que no cuentan con los medios para sustentar su versión, por ese motivo prefieren callar.

Liz Meléndez, directora de la ONG Flora Tristán, dice que también existen otras razones del por qué muchas mujeres víctimas de acoso sexual en los servicios de transporte público masivo no denuncian. Una de ellas, es que la palabra de la mujer no está muy valorizada en las comisarías, porque generalmente los que reciben la denuncia son policías varones.

Según la ONU, el problema de acoso sexual en el transporte público restringe la libertad de movimiento de todas las niñas y mujeres: “Se reduce su capacidad de participar en la escuela, el trabajo y la vida pública. Se limita su acceso a los servicios esenciales y el disfrute de las oportunidades culturales y recreativas. También afecta a su salud y bienestar”.

Para la activista, la formalización del transporte ayudaría bastante a las mujeres para reducir el peligro de cruzarse con un depravado sexual.

Igualmente la existencia de buses y vagones exclusivas para las mujeres en horas punta darían tranquilidad a las pasajeras.

Gioconda Diéguez, coordinadora de la ONG Alianza por la Solidaridad, considera que otra medida implica una educación en igualdad, donde se promuevan relaciones equitativas entre mujeres y hombres en las escuelas, a través de medios de comunicación, etc.

También trabajar por el reconocimiento y goce de los derechos sexuales que incluyen reflexiones respecto a la autonomía de las mujeres sobre su propio cuerpo y el respeto a su integridad. (Redacción)

REFORMA DEL TRANSPORTE
Luis Quispe sostiene que esta va a demorar, porque la Municipalidad de Lima le amplió por tres años más la licencia de ruta a las cousters y combis de la ciudad.

SABÍA
En el 2015, en una encuesta de Lima como Vamos, el 33% de las mujeres limeñas señaló haber sido víctima de acoso sexual en las calles, frente a un 7% de los hombres.