miércoles, 27 de abril de 2016

Amor inteligente es tener equilibrio


Cuando se está enamorado, ser muy emotivo y muy racional trae problemas. Por eso es importante encontrar un punto medio para no caer en los extremos.

A lo largo de la historia de la humanidad, el amor siempre ha dado que hablar. Más de uno, por ese sentimiento, hizo cosas grandiosas, desafiando y venciendo muchos obstáculos. Sin embargo, por amor, también hubo mucha gente que cometió las peores atrocidades que uno pueda imaginar.

Definir la palabra amor es difícil, porque cuenta con muchos sentidos, en el mejor de los casos, lo correcto sería encontrar una especie de amor inteligente capaz de integrar los sentimientos y las razones. El hombre es un animal en permanente descontento, siempre quiere más. Junto con el conocimiento, el amor es una forma suprema de trascender en la vida. En la medida en la que te adentras en el interior de una persona y la vas descubriendo, se produce la atracción. Por eso decimos que hay diferentes tipos de amores.

Arenque: “El amor no es estático, va cambiando con el tiempo”.

En una entrevista en el programa “La Escuela del Amor” de la cadena brasileña Rede Record, la psicóloga de familia Walnei Arenque explicó que una persona muy racional o muy emotiva puede generar problemas en las relaciones amorosas, debido a que todo extremo es malo.  “Yo diría que hay que tener un poco de ambos. Hay que considerar que el amor no es estático, va cambiando con el tiempo. Cuando las personas pierden la pasión dejan de tener interés”, afirma.

El amor inteligente es aquel amor ponderado, que nos hace mirar todas las facetas de uno y del otro. “Es muy importante tener en cuenta que la complicidad es estar yo por ti y tu estar por mí”, explica. 

El catedrático Enrique Rojas Montes de la Universidad de Extremadura sostiene en su obra “El amor inteligente”, que esta forma de sentimiento tiene tres notas básicas: un conocimiento de lo que es el amor; la aplicación de la cabeza pero sin que ese amor pierda frescura, lozanía y espontaneidad; y la espiritualidad, que lo hace vertical y trascendente. En una palabra: aspirar a una afectividad con una cierta madurez, poner sobre la mesa lo mejor de la inteligencia y tener una visión con ideales que lo elevan por encima de su realidad.  En la vida juegan los sentimientos y la razón, arbitrados por la cultura. (C.M.)