jueves, 2 de julio de 2015

Medidas peligrosas


La sociedad de consumo en la que vivimos ha llevado a que los jóvenes se obsesionen por tener un cuerpo perfecto, y para ello muchas veces usan sustancias prohibidas, que no solo afectan la salud, sino también la vida.

Cansados de hacer tantos ejercicios y no obtener la musculatura de sus ídolos Nicola Porcella y Yaco Esquenaci, del programa televisivo “Esto es Guerra”, Óscar, de 17 años, y Juan, de 12, decidieron inyectarse petróleo en sus extremidades.
A las pocas horas de haberse suministrado el combustible en partes de sus cuerpos, los dos hermanos cusqueños perdieron el movimiento de sus piernas y brazos, en vista que el químico empezó a provocarles inflamaciones.
Sebastiana Huallpa, madre de los adolescentes, contó que su hijo mayor le confesó que ellos decidieron inyectarse petróleo porque leyeron por Internet que Nicola y Yaco usaron dicha sustancia ganar musculatura.
El inusual evento ocurrió el domingo 7 de junio en el distrito de Santo Tomás de Chumbivilcas (Cusco), cuando ambos jugaban imitando el programa.
Luego de aplicarse el petróleo, por la tarde, los dos hermanos empezaron a sufrir los estragos. Óscar quedó paralítico en su cama, mientras su hermano no podía mover su pierna derecha.
Ambos fueron llevados a una posta médica de la zona, pero los médicos no pudieron calmar su dolor durante los siguientes cuatro días. Recién la tarde del viernes 12 de junio, su familia decidió evacuarlo al hospital Goyeneche de Arequipa. Allí los médicos le diagnosticaron "Celulitis Absceso", y tuvieron que someterlos a una intervención quirúrgica para extraer el líquido acumulado.
Según los galenos, ambos hermanos ya están fuera de peligro, pero deberán permanecer en observación.
Al igual que Óscar y Juan, muchos jóvenes en el país, en su búsqueda desesperada por alcanzar la figura de moda, someten a sus cuerpos a extenuantes ejercicios, y en algunos casos, a usar sustancias prohibidas.
La obsesión por verse musculoso conocida como vigorexia, que es un trastorno alimenticio y compulsivo en el cual la persona se ve delgada, ha llevado a muchos jóvenes a perder sus extremidades, y en algunos casos la vida.
El año pasado, por ejemplo, el brasileño Romario Dos Santos (26 años) reveló a un diario inglés que estuvo a punto de perder sus brazos debido a que se inyectó varias mezclas para tratar de aumentar su masa muscular, pero que al final lo perjudicó.
“El médico me dijo que tendría que amputarme los brazos. Mis músculos empezaron a solidificarse, eran como auténticas rocas, no podía inyectarme con agujas normales y llegué a utilizar agujas para toros”, explicó Dos Santos  al diario The Mirror.
“Felizmente pude salvar mis extremidades, sin embargo, otros dos amigos no tuvieron mi misma suerte”, contó el fisiculturista brasileño que hoy, junto con otros colegas, visita diversos colegios de su país para sensibilizar a los jóvenes a que si ellos quieren desarrollar musculatura no usen sustancias artificiales, sino suplementos naturales, como el ginseng, además de llevar programas de entrenamiento adecuados, buena alimentación y una vida sana.
El papel de la familia
Como este trastorno afecta de preferencia a los jóvenes, el psiquiatra Martín Nizama, del instituto Noguchi, recomienda a los padres de familia a estar atentos si sus hijos vienen entrenando más de la cuenta – en caso asistan a un gimnasio –, si se han vuelto últimamente muy estrictos con sus alimentos, si comienzan a medirse, pesarse y verse al espejo a cada instante, y empiezan a consumir sustancias que promuevan la tonicidad de sus músculos.
De ser ese el caso, agrega, los padres deben inmediatamente buscar ayuda profesional, y no esperar que acontezca alguna desgracia para recién actuar.
En tanto, la decana del Colegio de Psicólogos de Huánuco, Carmen Mendoza, sugiere a los papás a no solo dedicarse a trabajar, sino también a preocuparse por sus hijos.
Además de enseñarles que más importante de tener una figura bonita es cultivar y desarrollar la belleza interna, “que al fin de al cabo, es la que nunca se va marchitar”. 
“Está comprobado que las respuestas que los chicos no encuentran en casa lo van a buscar en la calle, y allí, por lo general, lo hallaran distorsionadas”, refiere. (Redacción)