miércoles, 7 de octubre de 2015

¿Cómo mandar bien?


Escribe: Francisco Bobadilla Rodríguez (*)

Las relaciones mando/obediencia abundan en la vida social. Las encontramos en la familia: mamá dirige la casa, da encargos, otorga permisos. Las empresas no se moverían sin jefes y colaboradores, las órdenes van y vienen. Los buenos jefes consiguen resultados y transmiten entusiasmo. Saber mandar no es tarea fácil y lo saben muy bien los colaboradores cuando tienen que sufrir a los malos jefes. Manolo Alcázar, profesor de gobierno de personas de la Escuela de Dirección PAD de la Universidad de Piura,  se lanza al ruedo y nos presenta su último libro: “Cómo mandar bien. Consejos para ser un buen jefe”. Un libro que puede ayudarnos a conseguir que la organización camine mejor.
El oficio de mandar a muchos les queda grande. Unas veces, el afán de resultado nos convierte en aplanadoras y atropellamos lo que se ponga por delante. Otras veces, olvidamos que el camino más corto entre dos personas no es siempre la línea recta. En una empresa, geometría y finura, lógica y corazón se dan la mano. Sistemas y estilos, procesos estandarizados y personas singulares, todo a la vez. Nos movemos en la complejidad, pero no carecemos de luces y estas sencillas reglas son un buen inicio: saber  qué  hay que hacer, poder hacerlo, saber hacerlo y querer hacerlo.
Sabemos, además, que el mando llama a la obediencia. Es el otro lado de la cuerda. No es fácil obedecer. De hecho, no llegamos por la mañana delante del jefe para decirle: “señor, mande que yo estoy para obedecer sus órdenes”. Obedecer cuesta y el buen jefe tiene que facilitar la obediencia. No la hagamos odiosa, rompiéndole la cintura a la gente. El abc de toda orden apela a la inteligencia y por eso tiene que ser racional. Asimismo, hay que hacerlo de tal modo que el colaborador quiera hacerlo: nada más difícil que mandar a quien no quiere obedecer. Y finalmente, hay una urbanidad de los modos: elegancia, caballerosidad, delicadeza. De lo contrario, lo que nos sale es violencia destilada.
Saber pedir y saber a quién pedir. Hay cosas que no se arreglan con un mail o con un memorándum. Las cosas importantes se deciden con una taza de café, por lo menos. Una regla de plata: que el colaborador busque al jefe. Un de regla de oro: que el jefe busque a su gente y baje allí donde está la operación.

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(*) Vicerrector adjunto de la U. de Piura