jueves, 10 de diciembre de 2015

Rosácea: síndrome de la cara roja


Aparece a temprana edad. No tiene cura, y en sus etapas más avanzadas, se caracteriza por la aparición de granos rojos y con pus.

A los 17 años, Paulina Flores comenzó a sufrir de enrojecimiento en la cara, principalmente en la nariz, mejilla y mentón.

Como la mayoría de las jovencitas de su edad, ella no le prestó atención. Tuvieron que pasar varios años, para recién preocuparse.

Todo se inició cuando percibió que en las zonas donde su rostro se enrojecía habían aparecido algunos granitos. En un primer momento pensó que se trataría de espinillas, por ello comenzó a usar cremas contra el acné; sin embargo, al ver que no estaba consiguiendo ningún resultado, recién optó por ir a un dermatólogo. Fue ahí donde Paulina se enteró que el mal que le aquejaba se llamaba rosácea.

Según el doctor Freddy Soto, de la Clínica La Luz, la rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica con periodos de mejoría y empeoramiento, de causa desconocida, que afecta a la piel y a veces a los ojos. Habitualmente se localiza en la cara y raramente en otras zonas como el tronco o el cuello.

La rosácea inicialmente se manifiesta como un enrojecimiento transitorio que más tarde se hace persistente con la aparición de dilataciones vasculares y a veces con granos rojos y con pus parecidos a lo que se observa en el acné juvenil. De ahí, que muchas personas lo confundan con esta enfermedad, como le pasó a Paulina.

El dermatólogo Soto asegura que la rosácea afecta a millones de personas en todo el mundo, siendo más común en las mujeres que en los hombres, aunque a veces estos presentan formas más severas.
De acuerdo con el Ministerio de Salud (Minsa), la mayor incidencia de este mal ocurre entre los 30 y 60 años, y es más frecuente en personas de piel clara.

La rosácea no solo afecta la salud física de las personas, también afecta la psiquis de quienes la padecen. Según el doctor Freddy Soto, la mayoría de las personas que sufren esta enfermedad se deprimen y tienen la autoestima baja, razón por el cual les cuesta socializarse con los demás.

No hay cura
Durante los años que Paulina vivió con la rosácea, ella recuerda que muchas veces no quería salir de su casa porque la gente se la quedaba mirando. Ello la entristeció y peor cuando el médico le dijo que no había cura para su enfermedad.

De acuerdo con el médico dermatólogo José Aparcana, no existen tratamientos curativos para este mal, sin embargo puede ser tratado y controlado.

Agrega que los síntomas y signos de rosácea varían mucho de unos pacientes a otros y el tratamiento se indica para cada caso en particular, ya que cada persona responde de forma diferente, y un tratamiento eficaz en un paciente puede no serlo en otro.

Según el doctor Freddy Soto, los tratamientos son eficaces para las pápulas y las pústulas, mientras que el enrojecimiento de la piel es más difícil de eliminar. Entre los tratamientos habituales están los antibióticos orales o tópicos. En los casos más severos, pueden necesitarse Retinoides orales.

Sea cual fuera el caso, agrega el galeno, el tratamiento es prolongado, y puede requerir modificaciones según la evolución. “A veces se emplea cirugía o láser para corregir el rinofima (engrosamiento de la piel de la nariz) o las telangiectasias (arañas vasculares)”, sostiene.

Cuando a Paulina le dijeron que probablemente tendría que operarse, ella comenzó hacer las cadenas de sanidad en la Comunidad Cristiana del Espíritu Santo, donde logró curarse. (Redacción)

FACTORES DESENCADENANTES
1.- El sol
2.- Bebidas alcohólicas
3.- Estrés
4.- Ají y condimentos
5.- Bebidas calientes
6.- Calefacción