miércoles, 2 de diciembre de 2015

Urbanismo: El cambio constante


Escribe: Ana Lavilla (*)

El talentoso arquitecto español Enric Miralles decía que “cualquier construcción que ha sido capaz de sobrevivir al paso del tiempo solo puede ser una continua transformación”. A pesar de haber construido algunos de los edificios que han marcado una época de la arquitectura, tenía claro que la permanencia era contraria a la existencia, y el tiempo parece estar dándole la razón.

La tradición en la construcción popular en el Perú se revela contra la inmovilidad arquitectónica; los llamados “fierros de la esperanza” que rematan las cubiertas de la mayoría de las edificaciones en nuestras ciudades son el símbolo fehaciente del espíritu renovador de los pobladores, de la creencia en un progreso en cierne que les permitirá ampliar y mejorar sus propiedades. Los peruanos construyen sus viviendas cubriendo primero sus necesidades básicas, que es lo que su renta efectiva les permite, pero especulando sobre un futuro prometedor en el que puedan iniciar un negocio o facilitar a sus hijos un espacio donde vivir con sus propias familias.

Sin embargo, esta cultura cortoplacista no es exclusiva de nuestro país. En Estados Unidos o Europa, el cortoplacismo se manifiesta a través de la prefabricación de la arquitectura y de la industrialización de la construcción, que están afectando a los plazos de ejecución de los edificios. Los “fierros de la esperanza” son sustituidos por los nuevos materiales de construcción como los policarbonatos, que tienen una vida media inferior a 20 años, por lo que la edificación se planea en base a la obsolescencia de estos productos. La programación de la necesaria reforma que el edificio requerirá en unos años permite prever los problemas que van a aparecer en la construcción y reduce el impacto ecológico de las obras, al utilizar materiales más ligeros y trabajados en el taller.

Los arquitectos deberíamos asumir esta tendencia global y aprovecharla en los proyectos que elaboramos. Las claves de la nueva construcción son la sustitución, el mantenimiento y la capacidad de diseñar con vistas al crecimiento y la renovación de los espacios. El buen arquitecto debe creer que el cambio es parte de la vida y no debe centrarse solo en el pasado o el presente, ya que desaprovechará el futuro.

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(*) Programa de Arquitectura-UDEP