miércoles, 16 de septiembre de 2015

El Niño y el mar


Escribe: Carmen Heck Franco (*)

Somos un país privilegiado por la pesquería más productiva del mundo. La base de esta riqueza es un pez pequeño pero muy valioso, la anchoveta. Este pequeño transforma la altísima productividad primaria de nuestro ecosistema marino en proteínas y aceites que tienen un rol central en nuestra alimentación y la de los cientos de peces de nuestra diversidad marina; convirtiéndolo en pieza clave de la seguridad alimentaria y el desarrollo gastronómico nacional.
La anchoveta se encuentra amenazada por el actual evento El Niño. Aunque aún se discute si la magnitud del evento será fuerte o extraordinaria, las pesquerías se encuentran ya en situación vulnerable bajo las actuales condiciones oceanográficas. Hoy debemos tomar medidas precautorias que permitan la rápida recuperación de la anchoveta después de El Niño y protejan el hábitat y los stocks de otras especies de las que dependen la pesquería artesanal, la gastronomía y la industria turística.
Se sabe que con el calentamiento del agua la anchoveta se refugia en zonas de poca profundidad pegadas a la orilla, donde es más vulnerable y donde usualmente se da el desove y se encuentra una alta proporción de juveniles (peces que no han llegado a edad reproductiva).  Por ello es necesario mantener una protección estricta de las 5 millas marinas reservadas para la pesca artesanal.
Por lo dicho, la decisión de abrir la segunda temporada de pesca y el cálculo de la cuota global debe supeditarse a los resultados del crucero del Imarpey al punto de referencia biológico de dejar en el mar un mínimo de 5 millones de toneladas de stock desovante.
La escasez de anchoveta puede generar, como en el pasado, la tentación de permitir la pesca de otras especies para la elaboración de harina y aceite de pescado. Sería un absurdo hacer alimento para animales con peces que generan más valor cómo pescados de mesa. Además la flota anchovetera es por mucho la más grande del país  y sus volúmenes de extracción son un riesgo a la sostenibilidad de cualquier otra especie, recordemos lo que pasó con la sardina después del 98.
En tiempos de riesgo como este que debemos ser especialmente precavidos y no relajar las reglas pensando solo en el corto plazo, no debemos repetir los errores del pasado.


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 (*) Directora de la ONG Oceana.