miércoles, 30 de marzo de 2016

Hígado graso: enfermedad mortal


Una alimentación rica en grasas puede llevarlo no solo a sufrir este mal, sino a ocasionarle una peligrosa cirrosis.

Ver personas alimentándose de las llamadas “comidas rápidas” (llenas de grasas trans) sea hecho tan común en la actualidad, que no hacerlo es ser visto como de otro planeta.

Victoria Gabriel Noa cuenta que debido a la alta carga de trabajo ella terminó sin querer cayendo en esa rutina.

“Comía lo que encontraba en la calle, y no siempre a la hora del almuerzo”, revela.

El hígado graso o esteatosis hepática es una enfermedad que solo manifiesta síntomas cuando la persona ya sufre de hepatitis crónica.

Entre los síntomas más comunes, están los vómitos, la diarrea, la fatiga crónica, la pérdida de apetito y el dolor abdominal.

Según el doctor Cristian Montoya, del Consorcio de Investigación y Ciencia Médica – Insplament-, el hígado graso es una alteración hepática donde el metabolismo convierte a este órgano en un elemento incapaz de poder sintetizar correctamente los alimentos con altos contenidos de grasas, harinas, carbohidratos, proteínas y azúcares.

El hígado graso no se produce solo por la mala alimentación, también por otros factores.

Así tenemos la diabetes tipo 2, el colesterol elevado, la hipertrigliceridemia, el consumo de alcohol, etc.

Si una persona sospecha de sufrir esta enfermedad, el doctor Montoya recomienda hacerse una ecografía para determinar algún cambio en la consistencia del hígado.

El hígado graso es reversible, siempre y cuando uno cambie sus hábitos alimentarios, de lo contrario, dice el doctor Tomás Borda, conductor del programa Dr. Tv., se puede llegar a sufrir de hepatitis crónica o, lo que es peor, de cirrosis. “En este último caso la única solución para salvar la vida de la persona es el trasplante hepático”, asegura.

Los malos hábitos alimenticios de Victoria Gabriel con el tiempo le terminaron pasando la factura a su salud. De un momento a otro, comenzó a sentir pesadez, inapetencia, dolor abdominal. Creyendo que se trataba de gastritis, se automedicó por tres años.

Recién cuando sus dolencias se hicieron insoportables, es que su hijo Henry Chacchi lo llevó a una clínica, donde le diagnosticaron hígado graso.

“Al escuchar esa noticia mi hijo se asustó, por lo que pensé que el resto de mi familia también se preocuparía, por eso le pedí que no les contara nada a ellos, porque tenía la certeza que me iba a curar”, refiere.

¿De dónde provenía la confianza de la señora Victoria?  Según ella, de Dios.

En la época que le detectaron el hígado graso, Victoria ya asistía a la Comunidad Cristiana del Espíritu Santo.

A través de la manifestación de su fe, ella hizo un propósito en el Altar de Dios, y gracias a ello, logró curarse. “Han pasado siete años de aquella historia, y hasta ahora no presento ninguna molestia”, acota.

Con 63 años, hoy Victoria es una mujer sana, que dedica su tiempo a la familia. (Redacción)

RECOMENDACIONES
Para el buen funcionamiento del hígado, el doctor Borda recomienda reducir la grasa de la dieta; evitar alimentos fritos o ricos en grasa saturada (crema de leche, mantequillas, manteca); sustituir lácteos enteros por descremados; no añadir grasa o aceite para cocinar; retirar la piel de las carnes y toda grasa visible; y consumir grasa insaturada (nueces, palta, aceitunas).

También de incorporar a su dieta diaria ensaladas, sustituir carbohidratos simples (galletas, dulces.) por carbohidratos complejos (avena, camote), consumir tres frutas al día y evitar el alcohol. Finalmente, hacer ejercicios.

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