miércoles, 16 de marzo de 2016

Las mujeres y la igualdad


Escribe: Mariana Alegre Escorza (*)

Habiéndose conmemorado el Día de la Mujer en medio de sucesos que nos hacen pensar en lo poco que se ha avanzado en la lucha por la igualdad de género, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones. No hablaré acerca de las evidentes desigualdades contra las mujeres y niñas, como las agresiones que sufren con más frecuencia y con mayor gravedad como la violencia sexual o familiar. 

Hablaré por el contrario de esas prácticas comunes y a las que estamos acostumbradas y que son consideradas “micromachismos”.

Un micromachismo ocurre cuando una tía muy querida le pregunta a la sobrina joven si es que ya se va a casar. Como si no pudiera ser suficientemente mujer al quedarse soltera. Lo mismo ocurre cuando se presiona a la recién casada para que tenga hijos pronto. Otra microagresión ocurre cuando, ya estando embarazada, se le pregunta (a ella; a él nunca se lo preguntarían) si es que va a dejar de trabajar para quedarse en casa cuidando a su bebé. O cuando ya nacida la criatura y el padre la saca a pasear solo, lo llenan de halagos y piropos: “¡Qué buen padre! ¡Se nota que lo quieres mucho! Y, cuando se cruzan con la madre, le recuerdan que tiene mucha suerte y se sacó la lotería con tremendo buen padre el que le ha tocado… nunca nadie la felicita a ella por llevar al bebé al parque ni por cambiarle el pañal ni por hacer doble jornada luego del trabajo para atender las tareas de la casa. 

Nadie la felicita, oiga usted.

Además, la ciudad es más peligrosa para las mujeres, es más chica para ellas y mucho más grande para ellos, pues a ellos no se les limita sus viajes ni sus aventuras. A ellas, en cambio, no hay que sacarlas de casa o, si es que salen, que no vayan “solas”, pues como se demostró con el crimen terrible de las chicas argentinas en Montañita, Ecuador, ellas, a pesar de que eran dos, iban solas. Les faltaba un hombre que las acompañe.

La brecha del género se percibe cuando te matan por no querer acostarte con alguien, cuando te “soban” en el bus sin importar que tienes 12 años, pero también está presente en esos pequeños actos en los que confirmas que las mujeres son menos valiosas que los hombres, son más complicadas, más dramáticas y un poco más locas porque crees que no es justo que exista un Día de la Mujer pero no un Día del Hombre.

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(*) Colaboradora