jueves, 5 de enero de 2012

La orina, un antiguo remedio

La orina como remedio ha sido utilizada desde antaño por muy diversas culturas. En India, el Tíbet, Egipto, Grecia y en las civilizaciones Inca, Maya y Azteca, siempre formó parte de sus recursos medicinales.


Durante la Edad Media, era común en Europa beber la orina como protección contra la peste. En el siglo XVIII, los dentistas de París la utilizaban para limpiar los dientes y en 1841 Dioscórides publicó el libro “El Tesoro inglés”, en donde recomendaba la orina para lavar heridas.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología ha conllevado la casi desaparición de este remedio.

La orina es un remedio natural y universal que produce nuestro propio laboratorio biológico de forma inteligente. Es capaz de reequilibrar el organismo estimulando sus funciones de eliminación y defensa, por lo que devuelve la vitalidad que se ha perdido. Es una cura segura, con ínfimos riesgos y de rápida eficacia.

La orina se forma en nuestros riñones por medio de un filtrado laborioso de la sangre, que pasa primero por el hígado y cuando llega a los riñones estos le separan las toxinas, que se descartan a través de la bilis y se vierten en el intestino.

La función de los riñones es la de mantener el equilibrio de las sustancias de la sangre y controlar la cantidad de agua en el cuerpo; no eliminan las toxinas, un trabajo que ya ha efectuado el hígado.

La orina, por tanto, es un producto puro de la sangre; en un 95% es agua, un 2,5% urea y el 2,5% restante una combinación de minerales, sales, hormonas y enzimas. El sabor y el olor de la orina es bastante malo cuando el organismo está intoxicado, pero se va neutralizando a medida que se va tomando. Se puede mezclar con zumos de fruta o agua. Si durante el día tomamos mucho líquido, la orina queda diluida y tiene un gusto más suave.

Si decidimos empezar una cura de orina, es importante hacer una dieta equilibrada, evitando sustancias tóxicas y medicinas alopáticas.


El primer efecto que produce en el cuerpo es de limpieza y posteriormente libera las obstrucciones que puedan contener nuestros conductos. Después se encargará de reconstruir los conductos y órganos vitales que hayan quedado afectados por la enfermedad.

Purifica el organismo

Beber la orina una vez al día, la primera de la mañana, en ayunas, ya que contiene la hormona ADH, que es antibiótica, analgésica, activadora de la circulación y estimulante de la secreción de otras hormonas.

Beber la orina varias veces al día estimula la regeneración y purificación del organismo y previene ciertas enfermedades.

Aplicaciones cutáneas

La orina se puede guardar durante 7 días, y aunque el olor sea más desagradable, tiene mejores propiedades terapéuticas que la orina fresca cuando queremos tratar trastornos de la piel. Friccionar el cuerpo con orina, principalmente la cara, el cuello, detrás de las orejas y los pies. Está indicado en el caso de erupciones cutáneas, soriasis, eccemas, dermatitis, arrugas y manchas.

Para regular el proceso del acné, podemos mezclar unas gotas de lavanda para neutralizar el olor y aplicar directamente sobre la zona afectada.

Alivia los sabañones y también la irritación de la piel en el bebé.

Las plantas afectadas por plagas de pulgón agradecerán una irrigación con este remedio.

Aplicar compresas de orina ayuda a cicatrizar las heridas de todo tipo. Se puede aplicar en tumores, ampollas, llagas, inflamaciones, quemadas, picores.

Las compresas calentadas al baño maría ayudan a reventar los forúnculos en 48 horas.

Baños de inmersión en agua junto con la orina de las últimas 9 horas. Revitalizan, regeneran y estimulan la piel cuando existen problemas de eliminación, tal puede ser el caso del sudor excesivo. El agua del baño debe estar a la misma temperatura que el cuerpo o un poco más caliente, para que se abran los poros y así facilitar la absorción de la orina.

Otras aplicaciones

Poner unas gotas en los ojos o en las orejas en caso de conjuntivitis o dolor. Lavar la nariz si se tienen mucosidades o sinusitis. Hacer enjuagues si se sufre dolor de encías o de cuello o en caso de cándidas en la boca. Hacer gárgaras para aliviar las afecciones en la garganta.

Todas estas aplicaciones también sirven para los animales.