jueves, 27 de junio de 2013

Brasil: cómo jugar fútbol cuando arde un país


Si bien el desarrollo de la Copa de Confederaciones ha continuado a pesar de las protestas callejeras, no cabe duda que la imagen del gigante sudamericano se ha visto mellada por todos estos acontecimientos. 
Por ejemplo, en el choque entre Brasil y México la policía lanzó balas de goma y gas lacrimógeno para evitar que la protesta de al menos 30.000 personas llegara al estadio a reclamar por los costos del Mundial de fútbol 2014, los precios del transporte público, la corrupción y otros problemas.
Varios manifestantes respondieron lanzando piedras y hubo reportes de civiles y policías heridos durante los enfrentamientos a unos tres kilómetros del estadio Castelão, que tuvo un acceso cortado al menos media hora.
Las autoridades de las dos mayores ciudades brasileñas, Sao Paulo y Rio de Janeiro, anunciaron el miércoles 20 la reducción de las tarifas de transporte público, una demanda de las protestas, pero las manifestaciones siguieron, 
“Escuelas estándar FIFA”
La Federación Internacional de Fútbol Asociado, FIFA, órgano regulador del fútbol mundial ha mostrado cierta cautela frente a las protestas brasileñas, que la tomaron por sorpresa al igual que a todo el mundo.
Su presidente Joseph Blatter advirtió que los manifestantes “no deben usar el fútbol para que escuchen sus exigencias”.
Sin embargo, en declaraciones a la cadena brasileña Globo TV, Blatter dijo entender “que la gente no esté contenta”.
Por eso separar las protestas brasileñas de la Copa de Confederaciones y el próximo Mundial parece difícil.
El costo de las obras asociadas a esos eventos, que de acuerdo a un nuevo cálculo oficial asciende a unos US$ 13.000 millones, es uno de los temas principales de quejas en las manifestaciones de Brasil.
“Queremos escuelas estándar FIFA”, señalan varios carteles de las marchas, en alusión a las exigencias del ente regulador del fútbol para construir estadios modernos para el Mundial, que costarán unos US$ 3.500 millones.
Así, los juegos de la Confederaciones se han vuelto un imán para las protestas callejeras en Brasil, las mayores que ese país tiene en dos décadas. (BBC)

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