jueves, 6 de junio de 2013

Las tres fases de los huesos secos


Palabra del obispo Macedo

Primera fase: huesos secos expuestos al sol en un gran valle. Ezequiel 37:1
Son los pueblos de este mundo, muertos en sus delitos y pecados.
“… estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia…” Efesios 2:1-2
Segunda fase: el siervo anuncia la Palabra de su Señor. Ante eso, los huesos se juntan de acuerdo a su propio ADN. Se forman muchos esqueletos. En seguida nace la carne, los tendones y la piel. Todo nuevo. Y los esqueletos se transforman en cuerpos, pero no tienen vida.
Son los que fueron beneficiados por los milagros de la fe. Fueron curados, liberados de los vicios, tuvieron la restauración de la familia, la vida económica transformada, etc. Se incorporaron como miembros de las instituciones (denominaciones cristianas), pero, porque les falta espíritu, es decir, el Espíritu Santo, no tienen vida. Forman parte del cuerpo de miembros de la denominación, pero no forman parte del Cuerpo de Cristo.
“Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, Él que es el principio, El primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia…” Colosenses 1:18
Tales creyentes, a pesar de haber recibido algunas migajas (milagros), continúan sin la expresión de la imagen de Dios. A causa de eso, son limitados en la fe. No todo es posible para ellos.
Tienen nombre de quienes viven, pero son apenas cuerpos extendidos en el valle de este mundo.
Tercera fase: Los cuerpos reciben el Espíritu de Dios. Tal Aliento hace que se levanten y formen un gran ejército. El ejército del Dios Vivo en la Tierra. Es con él que el Espíritu Santo cuenta para profetizar y salvar a los demás.
Pasar de la primera a la segunda fase no es difícil. Son muchos los llamados. Pero de la segunda a la tercera fase existe la necesidad de sacrificar, sacrificar y sacrificar. Quiere decir, negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguir a Jesús (practicar Su Palabra), día tras día. Esos son los escogidos.

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