jueves, 6 de octubre de 2011

Violencia y reconciliación

Si bien según estudios la delincuencia y el pandillaje han aumentado significativamente en nuestro país, debido a una serie de factores socioeconómicos, también hay que resaltar que esta cifra se podría disminuir si existieran programas de reinserción laboral promovidos por los gobiernos locales. Esto según los especialistas seria una salida al problema


Terror e inseguridad, así se podría resumir los momentos que vive la ciudad de Lima debido al aumento significativo de la delincuencia y el pandillaje en nuestra capital, esto debido a una serie de factores que confluyen en el desencadenamiento de actos delictuosos que cada día se presentan con más frecuencia.

Dentro de las causas encontradas por los especialistas se que destaca la pobreza extrema y la falta de oportunidades propios de una sociedad plagada de desniveles socioeconómicos, estos sumados a problemas familiares que son en muchos casos motivos suficientes para no encontrar el camino correcto, es por esa razón que encuentran en las drogas y el pandillaje el refugio perfecto para pasar poder subsistir.

Es por esa razón que las cifras así lo demuestran. En los últimos siete años, la criminalidad ha pasado del 17% al 39%, cifra que suena contraproducente para un país que se jacta de ser una Nación en franco crecimiento económico, pero que sin embargo no muestra un cambio sustantivo en lo que se refiere Al aumento de la delincuencia. La estadística oficial da cuenta de que el 66.88% del total de denuncias registradas en las comisarías del país fue por asalto perpetrado en su mayoría por pandillas. Este es el principal problema.

Estas cifras también reflejan el aumento de pandillas que según el gerente de seguridad ciudadana de la Municipalidad de Lima, Gabriel Prado quién señala que solamente en Lima y Callao existes cerca de 13 mil jóvenes que integran estos grupos que causan desorden, agreden, roban y matan sin control.

“Esta cifra se asemeja a la realidad de lo se esta viviendo, si no se toma las medidas correctivas pertinentes se puede multiplicar principalmente en las zonas de mayor concentración de jóvenes como: San Juan de Miraflores, Comas, Villa El Salvador y Villa Maris del Triunfo, y lo más grave es que este estudio revela que las edades de estos adolecentes fluctúan entre los 13 y los 18 años, cifra que es grave porque se trataría de delincuentes en potencia” acotó el funcionario.

Diagnóstico del problema

Muchos especialistas coinciden en que el problema de la delincuencia no se puede resolver de un día para otro, pero coinciden en que gran parte de la culpa para que este problema se haya magnificado, está en el poco compromiso que los últimos gobiernos le han dado a este tema.

Para César Ortiz Anderson, presidente de la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH), la razón del incremento de la delincuencia se encuentra en la exclusión social que sufren muchos jóvenes, los cuales provienen en su gran mayoría de familias disfuncionales. La falta de oportunidades para la juventud, es otra de la causas, advierte el especialista.

No cabe duda que la violencia se origina en la falta de consideración hacia la sociedad en que vivimos, si creamos mayor conciencia en nosotros mismos, si analizamos que la violencia no es la mejor forma de alcanzar las metas, de seguro nuestra sociedad crecerá y se desarrollaría.

Según Ortiz Anderson existen cuatro pilares fundamentales para solucionar el problema. Una de ellas está en la reforma estructural de la Policía Nacional empezando desde sus altos mandos. Asimismo hacer que el Poder Judicial sea más eficiente en materia normativa delincuencial. Otro de los factores fundamentales que debe ser sujeto a cambio, a decir del especialista, es el deficiente Sistema Penitenciario con el que contamos. Finalmente, el papel de los gobiernos locales por la carencia de programas sociales que ayuden a recupera a jóvenes perdidos en el mundo de las drogas y el pandillaje, si se pone énfasis en estos puntos se habrá dado un gran paso si queremos resolver el problema, advierte.

Campañas pueden dar resultado

Con lo recogido en al última expresión, en nuestro país se han venido dando una serie de iniciativas por solucionar el problema del pandillaje, hoy en día diversas autoridades tratan de reincorporar a persona inmersos en estos tipos de problemas, con la plena consigna de que con trabajo y dedicación se pueden desarrollar programas que incluyan una serie de beneficios laborales – educativos, en los que se brinde alternativas que contribuyan positivamente a la reinserción a la sociedad de jóvenes con ganas de recupera el tiempo perdido.

Uno de ellos es el proyecto que siguió esta iniciativa fue la puso en marcha la Municipalidad de Lima llamado “De pandilleros a actores sociales”, con la cual se piensa reinsertar a la sociedad a 150 pandilleros que viven en San Juan de Lurigancho y otros distritos cercanos. Algunos de ellos son miembros de la barra de Alianza Lima y tienen antecedentes por causar daños en las viviendas de sus barrios. “Estamos trabajando para que mediante proyectos de trabajo y ayuda social se busque sociabilizar e readaptar a jóvenes en diversas actividades laborales y así de a pocos poderlos ir recuperando” señala el gerente de seguridad ciudadana de la Municipalidad de Lima Gabriel Prado.

Programas como los antes mencionados, forman parte de un abanico de opciones que pueden formar parte de la solución del pandillaje y la drogadicción. Pero sin dejar de lado siempre lo espiritual que en estos casos es fundamental. Como son los casos que vamos a narrar a continuación, en donde se ve reflejado historias de jóvenes que estuvieron inmersos en el mundo de las drogas y hoy gracias a su fe en Dios lograron salir del problema en que estaban sumidos.

“Pensaba que nunca iba a dejar las drogas”

Nos narra Frank Vila (23), joven con problemas familiares que encontró refugio en las drogas y el alcohol. A su corta edad vivió en carne propia lo que es la indiferencia de los suyos en una sociedad incomprendida donde no había lugar para él. Los gritos y peleas entre sus padres influyeron negativamente en su accionar, la convivencia familiar se hizo insoportable. Fue en esos momentos de desesperación cuando Frank, que por esa época tenia 15 años, comenzó a consumir drogas. “Empecé como jugando, jamás pensé que esto se convertiría en un vicio del que me iba a ser difícil salir. Después perdí el control de mí vida, no podría controlarme, la droga me estaba controlando, perdí el respeto de mis seres queridos – no me importaba nada ni nadie. Llegué hasta el punto de vender todo lo que estaba a la mano” nos cuenta Frank.

En otra parte de la entrevista nos cuenta el momento en que conoció a Dios, aunque al principio la duda lo invadía, pero al final accedió a ir a una de las concentraciones de fe en donde según nos cuenta se encontró con su verdadero yo, un yo que se encontraba oculto y que fue su guía y salvador en momentos de desesperanza.”Verme identificado con cada historia hizo que se estremeciera el cuerpo, me arrepentí de todo lo malo que había hecho – entre en razón y supe que esa era mi única salida, a partir de ese día han pasado 5 años sin probar ningún tipo de drogas, ahora si puedo decir que estoy curado” termina emocionado Frank.

“Las pandillas eran mí familia”

Pensar que siempre hace uno lo correcto es el error que a veces todos los humanos creemos. Actuar bajo los estímulos de una familia destruida es para Carlos Santa Cruz (25) la única justificación para dejarse llevar por un grupo de barristas. Todo empezó cuando aún era un estudiante, apenas tenia 11 años cuando empezó a frecuentar pandillas que en su mayoría estaban formados por barristas de Universitario de Deportes, quienes de a pocos aceptaron a Jerico como uno de los suyos. “En un principio sentía a las pandillas más que mi familia, ellos cubrían los vacios emocionales y de atención que no me daban mis padres, los problemas económicos estaban a la orden del día. No sabia como desfogar toda la impotencia que sentía al no poder hacer nada, es en esos momentos que me volví irascible, todo me molestaba – no me sentía con ganas de hacer nada – buscaba refugio en “la tropa” que es la barra al que pertenecía” acota Jerico.

Fueron doce largos años en lo que estuvo inmerso en el mundo de las drogas y el pandillaje. Un día en una de sus tantas salidas Jerico fue herido de gravedad por lo que le tuvieron que operar de emergencia, fue en estas circunstancias en que conoció a Dios, quién según él le devolvió las ganas de seguir viviendo y reconocer que estaba equivocado. “Recuerdo claramente el recibí a Dios en mi corazón, sentí un alivio al sentirme protegido por él, reconocí que estaba equivocando mi vida y que tenia que cambiar, desde ese momento hasta hoy he dejado la mala vida y puedo decir que estoy curado” enfatiza Jerico.