jueves, 7 de abril de 2011

Hacemos mal uso del agua


El agua podría escasear de aquí a algunos años si el aumento de temperatura producto del calentamiento global sigue en ascenso. Esto preocupa a nuestras autoridades quienes ven en este problema una amenaza para el país

Todos sabemos que el agua es un elemento necesario y vital en la vida de las personas, y que su mal uso será trascendental en futuro no muy lejano. Si este mismo problema lo trasladamos al Perú, donde existe la idea que el agua nunca se acabará, nada más erróneo y alejado de la verdad. Si hay algo en lo que los especialistas tienen una total coincidencia es que este recurso ya está empezando a escasear. Varios estudios realizados por científicos nacionales e internacionales referidos al impacto del calentamiento global en los glaciares peruanos, cuyos procesos de deshielo ya son notorios a simple vista, sustentan esa conclusión.

El agua dulce, el mismo que consumimos, constituye únicamente el 1% de la totalidad existente en el mundo. El Perú puede considerarse un país privilegiado al poseer el 5% del agua potable a nivel mundial, sin embargo este recurso es manejado de manera inadecuada, generándose escasez y falta de suministro para aquellas zonas más alejadas y pobres del país.

Los 7 millones de peruanos que no están conectados al servicio de agua potable pagan sobrecostos que bordean los $250 millones por año. Existe un gasto 10 veces mayor al no disponer de acceso a los servicios de agua potable y alcantarillado.

El Perú maneja este recurso, cada vez más escaso, de forma ineficiente. La ausencia de políticas adecuadas de manejo y aprovechamiento dan como resultado un derroche del líquido vital. No existe un manejo racional, ni previsor.

Los resultados de la audiencia pública de La Democracia del Agua: Retos de Futuro, coloca al Perú casi en el último lugar en brindar servicios de agua potable y alcantarillado de América Latina.

El 92 % del agua dulce en el Perú es consumida por la agricultura y ganadería, este abismal porcentaje se debe al uso ineficiente e inadecuado de prácticas de riego.

La compleja distribución geográfica determina que la costa reciba una precipitación media anual de 40 milímetros, mientras que la sierra presenta una precipitación de 600 mm y la Selva de 3000 a 4000 mm aproximadamente. Resulta paradójica la existencia de cultivos con alto consumo de agua como el arroz y la caña de azúcar en la costa del Perú, mientras muchos se mueren de sed en esta parte del país.

En la costa reside el 60 % de la población, el resto está desperdigada en la sierra y en menor medida en la selva. La costa dispone de menos de 2 % del recurso. El lado de los Andes que da hacia el Atlántico tiene el 98% del agua y sólo un cuarto de la población.

Parte de la costa del Pacífico sería un desierto, de no ser por el agua que fluye desde los Andes. El Perú tiene el mayor número de glaciares tropicales del mundo. El agua de los glaciares es vital para los valles en los meses de temporada seca, produciéndose la lenta liberación del líquido. El retroceso de los glaciares ha resultado alarmante. Perú y Bolivia han perdido cerca de una tercera parte de las superficies de sus glaciares entre 1970 y el 2006.

También habría que agregar los problemas de contaminación de agua en el Perú, relacionados al uso minero, industrial y urbano. 16 de los 53 ríos de la costa se encuentran contaminados por los relaves mineros y los vertederos poblacionales, algunos ríos de la sierra también corren igual suerte.

Lima podría quedar desabastecida

ya que se abastece del líquido elemento del río Rímac, que probablemente sea uno de los más contaminados de América Latina. Y hay quienes estiman que el agua de los ríos Rímac y Chillón, sumada a la escorrentía de las aguas fluviales y el aporte de las subterráneas que se extraen a través de pozos, debería bastar para el suministro de la ciudad, sin embargo, el mal uso, el desperdicio y la contaminación minan trágicamente las posibilidades en este sentido.

La literatura consultada estima que ha fines del siglo XIX se consideraba que una ciudad estaba bien abastecida con 20 litros de agua por habitante al día, hoy para lograr dicho propósito las cifras deben exceder los 500 litros diarios por habitante.

No debemos dejar a un lado el tema de la necesidad rural, las fuentes de agua para regadío escasean también sacrificando muchas veces este segmento en el altar de lo urbano debiéndose sumar la sustracción que las explotaciones mineras e industriales hacen del recurso en ingentes cantidades. Todo esto arrastra consigo la creciente dificultad para el abastecimiento de comestibles provenientes del campo.

Las dificultades técnicas y el altísimo costo del tratamiento para purificar el agua del mar explican la inviabilidad del agua de mar como recurso práctico para el abastecimiento en las ciudades y zonas rurales de la costa. Consideremos que el problema del abastecimiento de agua se está tornando muy delicado, por lo que las autoridades tienen que enfrentar esta situación si no quieren privar de este recurso a los peruanos.