lunes, 25 de abril de 2011

Salud Mental: problema latente


Los asesinatos y suicidios cada vez más frecuente en el mundo están preocupando a muchos países, en el Perú, sin embargo, las autoridades parecen darle poca importancia a este problema, de ahí que solo se le haya asignado al tema de la Salud Mental dos millones de soles. ¿Se podrá con esta irrisoria suma hacer algo?

Quizá usted nunca escuchó de él, pero el pasado 12 de abril Wellington Meneses, de 24 años y brasileño de nacimiento, se unió a la larga lista de asesinos en masa, aquellas personas que matan sin piedad a propios y a extraños sin ningún tipo de remordimientos y aparentemente sin tener una razón lógica.
En el caso de Wellington algunos sobrevivientes cuentan que este ingresó armado a la escuela Municipal Tasso da Silveira a las afueras de Rio de Janeiro, conversó por algunos instantes con algunas de sus ex profesoras y acto seguido disparó a diestra y siniestra contra más de 20 personas, para luego suicidarse.
Lo sucedido en Brasil es solo una muestra de miles de casos de asesinatos en serie que a diario acontecen en el mundo con consecuencias funestas. Es que desde hace un buen tiempo los actos de violencia se han venido presentando con mucha mas frecuencia que hace algunas décadas, poniendo sobre el tapete el tema de la “Salud Mental” de las personas, que en muchos casos es ignorado. Pero definamos este término para una mejor comprensión.
Salud mental es la manera como se conoce, en términos generales, el estado de equilibrio de una persona con su entorno socio-cultural lo que garantiza su participación laboral, intelectual y de relaciones para alcanzar un bienestar y calidad de vida. La salud mental ha sido definida de múltiples formas por estudiosos de diferentes culturas. Los conceptos incluyen el bienestar subjetivo, la autonomía y potencial emocional, entre otros. Sin embargo, las precisiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) establecen que no existe una definición “oficial” sobre este problema y que cualquier concepto al respecto estará siempre influenciada por diferencias culturales, asunciones subjetivas, disputas entre teorías profesionales y demás. En cambio, un punto en común en el cual coinciden los expertos es que “salud mental” y “enfermedades mentales” no son dos conceptos opuestos, es decir, la ausencia de un reconocido desorden mental no indica necesariamente que se tenga esta enfermedad y, al revés, sufrir un determinado trastorno mental no es óbice para disfrutar de una salud mental razonablemente buena.
El comportamiento de una persona en sus vidas diarias es la principal manera de conocer el estado de emociones, en aspectos como el manejo de sus temores y capacidades, sus competencias y responsabilidades, la manutención de sus propias necesidades, las maneras en las que afronta sus propias tensiones, sus relaciones interpersonales y la forma en que dirige una vida independiente. Además el comportamiento que tiene una persona frente a situaciones difíciles y la superación de momentos traumáticos permiten establecer una tipología acerca de su nivel de salud mental. Este podría ser el caso de Wellington, quién según testimonios de sus propios compañeros habría sido víctima de “bullying” (acoso escolar) en el mismo centro educativo donde asesinó a 12 estudiantes. Estas aseveraciones nos dan un panorama complejo y difícil de entender de cómo los traumas que este ex alumno tuvo que soportar en su época escolar fueron transformados en instintos asesinos en su juventud. El reconocido psicoterapeuta, Mariano Querol, señala que el “bullying” en muchos casos es el inicio de una seguidilla de actos de violencia que si no son controlados y tratados de manera oportuna, pueden agravarse cuando los niños alcancen su madurez, haciendo que los impulsos maquiavélicos que tuvo de infante se multipliquen de adulto, desencadenando actos vandálicos con asesinatos de por medio por todas partes.
Medios de comunicación influyen
Para Mariano Querol, hasta el momento no hay algún estudio que determine el perfil de una persona que de la noche a la mañana tenga ciertas aptitudes antisociales, más bien señala que existe una serie de factores que contribuyen de forma activa a su accionar violentista, una de ellas es la activa participación de los medios de comunicación en resaltar todo el accionar violento del mundo. “Yo no entiendo como tanto en el cine y la televisión se resalta y se promueve activamente la violencia directa e indirectamente, además de beatificar a los héroes como salvadores se incentiva al espectador a imitarlo en su accionar” enfatiza el psicoterapeuta.
El especialista también señala que la familia propia de estos tiempos influye directa o indirectamente en el comportamiento del joven o adolecente. “En un hogar violento, por ejemplo, existe más condiciones para que un muchacho adopte esos comportamientos, ahora hay que señalar algo que es importante, ningún extremo es bueno, ni las familias muy violentas, ni tampoco las opresivas que privan de muchas cosas, cultivando en el niño o en el adolecente aptitudes de rechazo y represión. Ambas en exceso podrían ser perjudiciales para el joven” advierte Querol.
En tanto para el psiquiatra Martín Nizama, la conducta de los jóvenes con algunos problemas emocionales se relaciona con mayor frecuencia por la excesiva sobreexposición de ellos a una sociedad cada vez más inhumana carente de valores éticos y morales, lo que contribuye a una serie de rechazos y protestas cada vez más violentas. “A simple vista uno no puede reconocer a una persona con algún tipo de resentimiento social, pero en su interior se sienten reprimidos por una serie de factores internos y externos que pueden desencadenar en reacciones violentas en cualquier momento al mas mínimo estímulo, cosa que es peligroso y preocupante a la vez”, señala.
En el Perú no somos ajenos
Según estudios epidemiológicos del Instituto Especializado de Salud Mental Honorio Delgado - Hideyo Noguchi, el 37% de la población peruana tiene la probabilidad de sufrir algún trastorno mental alguna vez en su vida. Para citar un ejemplo, la depresión es uno de los trastornos mentales que viene afectando notablemente a nuestro país, desencadenando el 75% de los suicidios acontecidos en los últimos años. Al respecto, el doctor Manuel Saravia, director del Instituto Gestalt - Lima, afirma que ocho de cada diez casos de suicidios podrían evitarse si fueran detectados a tiempo. La pregunta, entonces, es: ¿nuestro sistema de salud actual, con respecto al área mental, está preparado para afrontar esta realidad?
Cabe señalar que en el 2010, un total de 200 personas se suicidaron en el país, de los cuales 145 fueron varones y 55 mujeres, siendo los conflictos de pareja, crisis económicas, estados depresivos y enfermedades físicas, las principales causas que motivaron la fatal decisión.
Si se revisa la Ley General de Salud Mental 26842 nos encontraremos que la atención de la salud mental es responsabilidad primaria de la familia y del Estado. Sin embargo debido al escaso presupuesto, esta norma no se viene aplicando cabalmente en el Perú.
Prueba de ello es el último informe publicado por la Defensoría del Pueblo, el cual incluyó la supervisión de 19 establecimientos de salud ubicados en 15 regiones del país, donde se comprobó que solo el 8% del total de los hospitales del Ministerio de Salud (MINSA) brindan hospitalización por problemas de salud mental. Así también se detectó que hay un déficit de centros de asistencia de este tipo, pues la sierra y la selva sólo tienen el 23% y 10%, respectivamente, del total de los locales de asistencia mental que existen en el Perú a diferencia de la costa que cuenta con el 67% de estos establecimientos.
La situación del área de Salud Mental en nuestro país, es una realidad preocupante y, a la vez, alarmante para quienes sabemos que es de vital importancia en sociedades como la nuestra. Por ello, se llegó a la conclusión que no estamos preparados a nivel nacional para afrontar esta problemática hasta que se haya implementado políticas públicas explícitas en este rubro y en base a un conocimiento cercano de las necesidades de la población a nivel psicológico, para lo cual se requerirá reconocer las diferencias a nivel cultural, religioso, económico y social de los diversos pueblos, así como el impacto de la violencia política en ellos, el cual es diferente demográficamente y tiene demandas específicas de acuerdo a las zonas afectadas.

NOTA:
Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) solo en el 2010 se registraron en América Latina cerca de 176 millones de personas con alguna enfermedad mental. En el mundo este número se eleva a 460 millones.