jueves, 3 de febrero de 2011

Abandone mí país para tener libertad

“El Perú es una tierra que me devolvió la vida y me dio un rumbo a mi existencia”, nos comenta emocionado Oscar Ruiz (50 años), quién recuerda con nostalgia los últimos días que vivió en su natal Cuba.

“Vivir en la Isla era un martirio, la opresión política comunista era horrible, esto sumado a la hambruna, escasez de los servicios básicos, hacia que la gente por querer salir abordara las famosas balsas con destino a los Estados Unidos, aunque muchos de ellos sabían que no llegarían a su destino final. Así de difícil era la situación”.

Oscar ni bien tuvo la oportunidad de salir de Cuba, no lo pensó dos veces y se embarco en una aventura desconocida para él que lo trajo por estos lares.

“Recuerdo claramente donde me encontraba en el momento de la toma de la embajada del Perú en La Habana, la noticia se corrió como pólvora por toda la isla, más aún cuando el régimen dio a conocer que los amotinados podían hacer lo quieran. Así que nos metimos como pudimos. En la embajada estuvimos en huelga de hambre alrededor de dos meses mientras las Naciones Unidas gestionaba alguna ayuda para nosotros, fueron momentos muy duros que tuvimos que pasar”.

Villa El Salvador era una pampa inmensa

Después de permanecer cinco años en la Videna, el Estado peruano otorgó un vasto terreno donde las Naciones Unidas se encargó de la construcción de las viviendas que hoy ocupan en la zona de Pachacamac en Villa El Salvador. Es en este lugar que se inicia una nueva etapa de su vida, aunque con algunas carencias que luego fueron solucionadas de a pocos. “Recuerdo claramente el día que llegamos a esta zona, era una pampa inmensa a lo que no estábamos acostumbrados, ya que Cuba abunda la vegetación, aquí era todo distinto, no teníamos agua, luz ni mucho menos desagüe y sin vegetación el sol nos agobiaba cada día que pasaba, pero poco a poco nos fuimos acostumbrando en base a esfuerzo y mucha dedicación, ya que comprendimos que esta era nuestra nueva tierra y que debíamos adaptarnos a ella” acotó.

El trabajo dignifica al hombre

Hoy después de 30 años de aquella aventura, Oscar es un próspero empresario, dedicado a organizar todo tipo de eventos infantiles. Con el apelativo de “Coquito Show”, el payasito cristiano, se gana el pan de cada día con el sudor de su frente además de ser un ejemplo de vida para todos quienes quieren salir adelante. “La vida es dura pero con la fuerza que nos da Jesucristo se puede lograr cualquier cosas, ese es mi caso, empecé de cero y hoy puedo valerme por mi mismo sin depender de los demás”.