jueves, 24 de febrero de 2011

Edwin Béjar: Un ejemplo a seguir

Se dice desde siempre que la justicia debe ser ciega. Que el símbolo de tan anhelada virtud es el de una mujer que porta una balanza equilibrada, pero que también lleva los ojos vendados. Objetividad, imparcialidad y equidad. Metáforas, alegorías e ideas que tienen un significado realmente singular para Edwin Béjar Rojas, un joven abogado cusqueño que hace poco acaba de ser elegido el primer juez invidente en la historia del Perú.

Obtener el cargo de juez supernumerario del distrito judicial del Cusco ha resultado para Béjar una ardua y sacrificada empresa, la misma que se inició a los 17 años cuando perdió totalmente la vista y tuvo que aprender a vivir a punta de retos. La lucha también incluyó estudiar como cualquier estudiante sin discapacidad en la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco, de donde egresó en el 2000 en el primer puesto de su promoción. Asimismo, obtener dos maestrías en Derecho y concluir un doctorado.

Uno de los escollos más grandes que, sin embargo, tuvo que superar para llegar adonde está hoy ha sido el de la discriminación. El año pasado, el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) le comunicó que había sido excluido del concurso convocado para obtener el cargo de fiscal adjunto provincial de Cusco por ser ciego, ello a pesar de que la Ley de la Carrera Judicial 29277 permite a las personas con discapacidad acceder a la magistratura. Con ayuda de la Defensoría del Pueblo, Béjar llevó el caso a los tribunales y ganó. Se le reconoció el derecho a postular al puesto como cualquier otra persona.

Desafortunadamente, el abogado de 32 años se quedó a dos puntos de conseguir la plaza. La situación no lo amilanó; al contrario, lo conminó a prepararse más para volverlo a intentar. Pero esta vez, a otro cargo.
“Ser juez supernumerario del distrito judicial del Cusco significa, en palabras sencillas, que administraré justicia en varios fueros: civil, penal, laboral, administrativo y constitucional. Y que lo haré por un espacio de dos años”, explica el abogado respecto de su nueva labor, a la cual accedió a través de un examen tomado en agosto en el ámbito nacional por la Academia de la Magistratura.

Para esta evaluación, la Corte Superior de Justicia del Cusco no otorgó facilidades al perseverante Béjar. Le reconoció sus derechos como mandan las leyes internacionales y nacionales. Por eso hizo que una persona le leyera las preguntas durante la prueba escrita y que el Colegio de Psicólogos elaborara una prueba especial psicotécnica que no tuviera gráficos y tablas; también que durante la entrevista personal el tema se centrara en el conocimiento de la ley y no en cómo va a hacer para ejercer su trabajo sin poder ver, una cuestión en la que tampoco tuvo reparos para contestar.

“Trabajaré con ayuda de la tecnología. Utilizaré un escáner que reproduce en palabras lo que va leyendo de un documento”, detalla Béjar, no sin antes subrayar que discapacidad no es incapacidad. “Solo es cuestión de que nos den oportunidades”, dice.