jueves, 7 de febrero de 2013

“Muchos creen que Pablo Escobar vive”


El personaje de Pablo Escobar, el narcotraficante colombiano, cuya serie viene siendo sensación en Perú, es interpretada por Andrés Parra. Para personificar al capo, el actor adelgazó 17 kilos, se dejó el bigote, se puso peluca y se tinturó las patillas. “El Universal”, en calidad de primicia conversó con él en un café de Bogotá.


- ¿Quién es Andrés Parra?
-  Yo nací en Cali en 1977. Fui como cualquier otro niño: inquieto, juguetón. Nada del otro mundo.
- ¿Cómo así llegó al teatro?
- Desde pequeño siempre me gustó la actuación. Así que cuando tuve edad para decidir qué hacer de mi vida no dudé en ingresar a estudiar actuación en el Teatro Libre de Bogotá.
- Antes de encarnar el papel de Pablo Escobar, ¿usted interpretó a otros narcotraficantes?
- Cierto. Actúe en la serie “El Cartel de los Sapos”, haciendo el papel del popular “Anestesia”
- ¿Tuvo miedo cuando le ofrecieron el papel de Escobar?
-  Me dio susto, pero también emoción y pereza ya que implicaba adelgazar, por ejemplo. Yo estaba pesando 110 kilos, y cuando empezó la grabación estaba con 93. Me tocó hacer ejercicio y dieta.
- En los primeros capítulos se veía a Pablo Escobar bajando siempre la mirada. ¿Sabe de dónde sacó esa manía?
- Como usted sabe Escobar nació de una cuna humilde, por tanto como hombre de pueblo él se sentía a pesar de todo el dinero que tenía un tipo inferior, acomplejado, cerrado, desconfiado. Esa forma de ser también fue advertida por el escritor Alonso Salazar, en su libro “La Parábola de Pablo”. 
- Para percibir la personalidad de Escobar, ¿conversó con su familia?
- No quise hacer eso. Ni con la familia ni con las víctimas. Porque, obviamente, las víctimas me iban a decir que era un monstruo, y la familia, que fue un santo. Entonces me basé en los periodistas.
- ¿Tengo entendido que usted le contribuye formas suyas al protagonista, por fuera del libreto?
- Todo el tiempo me meto, cambio los textos. Escobar era muy torpe para hablar. Pero me quedé con un hueco: no hay muchos datos sobre cómo era él en casa, en familia. Obviamente, en la vida pública la gente se porta diferente a como lo hace en la intimidad.
- Esa conocida expresión, ‘si su abuela ya está muerta, la desentierro y se la vuelvo a matar’, ¿la concibió usted o es de Escobar?
- Esa amenaza existe, la leí en uno de esos libros. Pero la composición puede venir de un invento mío. Mire este ejemplo de una amenaza cierta que lanzó Escobar contra el entonces presidente César Gaviria: “Todo el que esté aliado a Gaviria, la orden es bala. Tenemos que crear un caos muy verraco, porque cuando haya una guerra civil muy verraca, nos llamaron para la paz”. Después de ese original, las improvisaciones sobran.
- En muchos momentos un actor se implica tanto con su personaje que acaba pretendiendo ser él, como le aconteció a un reputado “Simón Bolívar” colombiano. ¿A usted le ha pasado?
- No. Tengo muy claro que cuando me quito la peluca de Pablo Escobar, regreso nuevamente ha ser Andrés Parra.
- ¿Ha sentido pena estableciendo las víctimas de Escobar, así sea en la ficción?
- No, yo no sufro. Tengo muy claro que quien da la orden de matar es Pablo, no Andrés. Aunque a veces me deprimo cuando veo los episodios al aire. Así me vine a enterar, por ejemplo, de que el hijo del ex ministro Lara Bonilla fue él quien encontró el carro con su papá muerto. No lo sabía, y me dolió mucho.
- ¿Es cierto que cuando grabaron unos episodios de la serie en EE UU, unos policías obtuvieron una foto con usted?
- Cierto. Haciendo que me estaban esposando.
- ¿Considera que, luego de todos estos años, permanece el culto por la personalidad de Pablo Escobar?
- Claro. El otro día me paró una viejita quien me abrazó y dijo: “Pablo, nunca le pude dar las gracias por la ancheta que me mandó”. En Medellín hay un grueso de gente que le rinde culto, que tiene la foto de Escobar en la sala. A veces me da la sensación de que ellos creen que Pablo realmente está vivo en la serie.
- En conclusión, ¿Pablo Escobar surgió malo o se formó?
- Nació malo y se cultivó como pocos. Pero el país le ayudó mucho.
- ¿Es indiscutible que la bomba que le colocaron a él y a su familia en su domicilio del edificio Mónaco, en Medellín, es un hito que proyectó sus semblantes criminales?
- Eso es lo que él dice: “Yo antes de la bomba no era un santo. Pero malo, malo, me volvió ese atentado”.
- ¿No es muy dificultoso representar a un hombre que poseía esa tremenda división, entre el frío homicida y el amante marido y padre?
- Al principio fue mi gran problema. Escobar es bastante estudiado por la psicología y la psiquiatría; incluso, compiten a ver qué corriente es capaz de descifrarlo mejor. Así que le pedí ayuda a un amigo psicólogo para entender eso. Pues mi amigo lo clasifica de antisocial, agresivo, sádico. Un tipo que se sale del sistema y crea sus propias normas de conducta. 
- ¿En qué momento cree usted que se quebrantó el poderío de Escobar?
- Pensaría que cuando ordenó el asesinato de los “Moncada” y los “Galeano”, en La Catedral. Había logrado venderle su propia cárcel al Gobierno. La serie no ha llegado hasta ahí, pero, precisamente, vengo de grabar el capítulo en el que les estoy cobrando la plata. El escabroso episodio de cómo los mataron en plena cárcel se volvió insostenible para el Estado. Ahí comienza la caída de su imperio.
- Actualmente tiene 34 años ¿cómo se percibe a sí mismo como actor?
- “Soy de los que menos molesta, de los que menos complica las producciones. Me veo... ¡No me veo! (se ríe). Pues un actor trabajador, eso es lo más característico y eso es lo que importa. Trabajador, muy trabajador.”
El actor Andrés Parra, posee a Escobar calcado a la perfección en cuanto a voz, ademanes, y hasta en modo de caminar. Ha sabio mostrar de una manera balanceada el lado terrible de este personaje y su lado más humano. (YHM)

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