jueves, 21 de junio de 2012

FBT nunca se interesó por su beneficio



Este año se conmemora los 100 años del nacimiento de uno de los presidentes más ‘carismáticos’ del Perú, Fernando Belaunde Terry. Recordado como ‘El Arquitecto’, gobernó el país en dos oportunidades (1963 y 1980), periodos en los cuales se distinguió por su gestión democrática y obras a favor de la ciudadanía. “Ad portas” de celebrarse su primer centenario, “El Universal” conversó con su hijo, Rafael Belaunde Aurby, quien contó detalles poco conocidos de su padre.

-¿Su padre fue el primero en recorrer sectores del Perú como parte de las campañas políticas?
-En verdad él fue un pionero. Creía que la ciudadanía implicaba la participación de todos los pobladores. No solo los de las grandes ciudades o en la costa, como sucedía antes que incursionase en política. Él tenía una conciencia clara del ‘liberalismo filosófico’; el sistema en que la soberanía descansaba en el pueblo y todos somos iguales ante la ley e involucrar a toda la ciudadanía en los asuntos públicos. Sí que fue una campaña descentralizada para darse cuenta de la realidad de nuestro país en lo cultural y geográficamente.
-¿A qué se debía su afán por las obras que son como su distintivo?
-Él visitaba todas las provincias del Perú y vio la realidad geográfica. Hay una serie de factores que tienden a separarnos, siendo la obligación del gobierno y el Estado, hacer un esfuerzo que nos una, por eso su afán por la infraestructura física, y recoger de las tradiciones andinas todos los valores que deberían fusionarse con los valores que vinieron de Europa para hacernos un país mestizo.  
-En octubre se cumplirán 100 años del nacimiento de su padre. ¿Cómo resumir tanto de él?
-Mi padre fue un hombre muy sobresaliente, amante del Perú, que tuvo que pasar momentos felices pero también muy duros como el destierro que sufrió tras el golpe de Estado, y en donde tuve el privilegio de acompañarlo. 
-¿Qué recuerdos de esa época?
- Luego de estar en Argentina, fuimos a vivir a Boston, Estados Unidos, donde mi padre se dedicó a enseñar en la Universidad de Harvard hasta que retornó a Perú para ser presidente en 1980. 
-¿Por qué dice que tuvo el “privilegio” de acompañarlo en el destierro?
-Bueno, porque yo he estado muy cerca de mi padre, particularmente, en la época de las vacas flacas, por decirlo de alguna manera, donde ha tenido dificultades. Yo creo que todo hijo tiene la obligación de acompañar a su padre en momentos difíciles. Y en los momentos de éxito en que ha estado en el poder, optamos que yo no tuviese participación en los asuntos públicos. De manera que eso también me enorgullece. 
-¿Cuál es el mejor de los recuerdos que guarda de él?
-¡Uy!, guardo miles de recuerdos. Muchísimos. Recuerdo que en una oportunidad en los 60’s fuimos a caballo de Oyón a Cajatambo, donde ofreció de llegar al gobierno, construir la carretera de acceso a Cajatambo, el mismo que fue construido cuando estuvo en el poder y en la que también tuve la suerte de estar presente. Como digo, he participado, acompañado y presenciado en ésta y en muchas otras obras que han permitido a pobladores de lugares alejados  acceder a los mercados y poder abastecerse.    
-¿Qué otra experiencia rescata de cuando su padre fue presidente?
-He tenido el gusto de acompañarlo en giras por la Amazonía. Hemos estado en el departamento de San Martín cuando no existía acceso a carretera alguno. Había que llegar en avioneta. Hoy día, San Martín tiene dos millones de hectáreas dedicadas a la agricultura, gracias a la obra colonizadora que impulsó mi padre. Eso ha sido una gran satisfacción de cómo una zona inhóspita se convirtió en hogar para miles de campesinos sin tierra. 
-¿Cómo lo describiría a su padre como político?
-Un hombre de intachable conducta, su honestidad, su desinterés por su beneficio económico. Me parece que es una característica que todos los que deseen involucrarse a la política deben tener. La política en nuestro país debe ser un apostolado, no me gusta esa fusión de política y negocio, me parece muy pernicioso. 
-¿A qué se debió su éxito en la política?
-Que mi padre, en primer lugar, se percató que para hacer política en el Perú, primero hay que conocerlo. A diferencia de otros países que no tienen problemas culturales, es relativamente sencilla su integración. Pero en nuestro país; separado por ríos profundos, como dijo Arguedas y montañas ignotas, como dijo Riva Agüero, hace que tengamos que hacer un esfuerzo por integrarnos. La integración es la fusión no la imposición.
-¿Cómo califica a su padre?
-Bueno, lo califico como un hombre sobresaliente. Amante del Perú, un visionario. Un político que es un ejemplo. Cuando él falleció, dije en una oportunidad, que nos dejaba la inmensa fortuna de su ejemplo, que es mucho mejor que una fortuna económica porque es una fortuna que podemos aprovechar todos los que desean inspirarse en ese ejemplo. 
- Finalmente, ¿él hubiera querido que siga sus pasos?
-Bueno, cuando comencé a estudiar en la universidad, creo que no estuvo totalmente satisfecho con la idea que me dedicara a la geología, algo que a mí me apasiona. Tal vez pensó que en una carrera más humanística yo hubiera tenido más posibilidad de desarrollo, de manera que creo que allí tuvimos alguna discrepancia con él.

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