viernes, 31 de agosto de 2012

Fríos que matan


Según cifras del SENAMHI, la humedad en nuestra capital alcanza el 96% de su totalidad, lo que alarma a más de un poblador. En el presente informe, conozca a las personas que viven en uno de los distritos más fríos de Lima.

Como viene sucediendo todos los años, durante esta época decenas de niños y personas de la tercera edad vienen sufriendo los estragos del crudo invierno que está azotando el país. 
De acuerdo con el Ministerio de Salud, hasta la primera semana de agosto, más de 200 niños menores de ocho años han fallecido, sobre todo en la región alto andina,  como consecuencia de las Infecciones Respiratorias Agudas (IRA). 
Y es que a pesar de la buena voluntad de las personas por donar frazadas y ropas de invierno, lo cierto es que en el país se necesita más que eso para hacer que no siga muriendo gente.
Los estragos del frío no solo se presentan en las zonas alto andinas del Perú. En Lima, por ejemplo, a tan solo una hora de los barrios más acomodados de la capital, llámese Miraflores, San Isidro, Surco, entre otros, hay gente que la pasa muy mal, que tienen que hacer lo imaginable para poder abrigarse. 
No sé hasta cuando voy a soportar 
Según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI), los distritos más fríos de la capital son Ventanilla, Villa Salvador, Villa María, San Juan de Lurigancho, que son paradójicamente los más pobres de Lima. 
Para comprobar cómo hace la gente para soportar este crudo invierno, que de acuerdo con el Senamhi será más frío en las próximas semanas, visitamos el Centro Poblado “Mi Perú”, en Ventanilla, 
Tras caminar por varios minutos sobre el arenal encontramos a  Marita Viera (36), una madre de tres criaturas, -cuyas edades oscilan entre los cinco y ocho años-, quien tiene que trabajar más durante esta época para poder comprar los medicamentos de sus hijos. “Cuando llega el invierno mis hijos siempre se resfrían por culpa de la humedad. A esto se suma que muchas veces se enrronchan por culpa de los zancudos y mosquitos que durante la noche les pican sus caritas y manos. La verdad, no sé hasta cuándo estaremos en esta situación”, nos dice.
La municipalidad de Ventanilla muchas veces se ha hecho presente prometiendo la construcción de pistas y veredas, pero hasta la fecha nada, nos refiere una acongojada madre que está cansada de vivir así.
“Estoy preocupada por la salud de mis niños. No nos interesa mucho la mía porque soy adulto. Si ponen la pista y la vereda, es muy probable que chupe la humedad que hay en mi casa y en la de los vecinos, lo que hará que ya no hayan tantas enfermedades, porque la verdad, como usted sabrá, las medicinas son caras y yo con la justas tengo para comer”, nos confiesa una atribulada señora Marita.
“La municipalidad no hace nada”
El recorrido siguió, dejando atrás la vivienda de Marita Viera. De esta forma, llegamos a la casa de doña Mercedes Medina, mujer de 39 años quien, además de ser ama de casa, es madre de cuatro niños. Su casa, afectada también por la humedad que azota las callecitas arenosas de “Mi Perú”, es también de madera y calamina. Dicha vivienda, en vez de verse recta y horizontal, como cualquier casa común, se aprecia ligeramente inclinada hacia un costado, como si se fuera a caerse por las laderas de Ventanilla. Su historia tiene una melancólica gota de singularidad.
“Mi hija tiene asma”, comienza contándonos Mercedes.”Cuando era más chiquita le detectaron esa enfermedad, y el doctor me dijo que ella no podría crecer como cualquier niña. Su tratamiento es caro, pero se recupera paulatinamente. Pero la humedad de este sitio la perjudica mucho”, nos dice la señora Medina. 
Ella, al igual que Marita, tiene catorce años viviendo en “Mi Perú”, “es que en ese tiempo se dio la invasión a este lugar”, nos confiesa.
También nos dice que, desde que empeoraron las cosas debido a la humedad y la constante neblina que golpea a aquel lugar, el municipio prometió asfaltar las callejuelas de dicha zona, pero hasta ahora no han avanzado ni con las veredas.
“Ellos (la Municipalidad) ni siquiera hacen campañas de prevención, no regalan frazadas, ni colchas, ni nada por el estilo”, nos refiere Mercedes.
La señora Medina asegura que existen materiales especiales que sirven para proteger a la gente del frío y la humedad. Según nos asegura – ya que eso lo vio en la TV-, ese material podría ser proporcionado por el municipio, ya que está al alcance de cualquier gobierno regional.
“No solo le pido a la Municipalidad que asfalten las calles y que hagan pistas y veredas y que nos protejan del frío, sino que nos den nuestro título de propiedad. Eso es algo que venimos solicitando hace muchos años, pero tampoco nos hacen caso”, termina diciendo la señora Mercedes.
 “Mis hijos siempre tienen fiebre”
También en el sector cuatro de “Mi Perú” encontramos a Larissa Mundaca Ayala, muchacha de 26 años, cuya casa – como todas las demás – está construida con material vulnerable. Su historia, al igual que las anteriores, es similar, salvo por el hecho de que la fiebre en sus hijos es más constante de lo normal.
“Actualmente, por ejemplo, mi bebé está con fiebre. Y eso me afecta bastante, porque ni siquiera puedo ir a atenderlo al seguro, porque me dicen que, como mi esposo es de Piura y tiene en su DNI la dirección de allá, solo pueden atenderme de emergencia”, nos dice nostálgica la señora Mundaca.
Lo que quiere decir la señora Larissa es que su criatura tiene que estar “muriéndose” para que pueda ser atendida en el seguro, hasta que su esposo cambie la dirección de su DNI.
“No solo es la humedad lo que nos hace daño, sino también los zancudos. Mis bebés amanecen picoteados, además que podríamos contraer enfermedades como, en el peor de los casos, el dengue”, nos refiere la señora Larissa.
Las historias de Marita, Mercedes y Larissa se repiten por todo los lugares de este Centro Poblado, que según el Senamhi soportará en las próximas semanas temperaturas mínimas de 13 grados y máximas de 17. 
Si en estas condiciones lamentables viven miles de peruanos en la capital, imagínese el grado de precariedad en la que viven los que están en las zonas alto andinas. 
Más allá de las buenas intenciones de muchos de nosotros, aquí lo que se requiere son políticas que hagan que ese “boom” económico llegue a los más pobres.