miércoles, 12 de enero de 2011

Una Familia que luchó contra la adversidad

Historias de personas que con fe y mucho trabajo lograron superarse también los hay en el país, y muchos. Es el caso por ejemplo de la familia Añaños que lograron luego de varios años de sacrificio convertir su pequeña empresa de gaseosas en una de las mas grandes del mundo.

Todo comenzó en la década de los ochenta , cuando el terrorismo que se encontraba en todo su apogeo, atentó contra la hacienda de don Eduardo Añaños , ubicada en San Miguel, por lo que la familia tuvo que emigrar hacia Huamanga ( capital del departamento de Ayacucho).

Hacia 1987, don Eduardo (el patriarca) y Jorge (el hijo mayor) se interesaron en embotellar y distribuir bebidas gaseosas. Como Jorge se dedicaba a la distribución de cerveza, en Huamanga, conocía el manejo de ese tipo de empresa. Pero los dos Añaños decidieron ingresar no solo a la distribución, sino también a la producción de una bebida gaseosa. Es así que comenzó la fabricación, llegando a elaborar alrededor de 50 cajas de botella por día.

En 1993 la empresa llega a Bagua y de allí avanzó hacia el norte del país (Chiclayo, Piura , Trujillo y Tumbes). En Motupe nació un gran almacén, mientras que en Sullana se creo la primera planta en la costa del Perú.

La empresa Coca-Cola decide vender sus plantas más pequeñas, esto permitió a los Añaños comprar la de Sullana y así neutralizar el ataque que estaban recibiendo por parte de Concordia en la selva.

En Agosto de 1996, se toma la decisión de ingresar a Lima, lo que se concreta en abril de 1997. Esa acción se vio favorecida por la llegada del fenómeno del Niño, en el verano de 1998, pues la temporada de calor se prolongó notablemente y con esta los niveles de ventas de las bebidas gaseosas se incrementaron considerablemente. Lo que empezó como una simple ilusión hoy se ha convertido en todo un ejemplo de vida para todos quienes tienen un sueño y un ideal por cumplir.

Dina Paucar: “El éxito se hace con mucho esfuerzo”

Quizá usted ha bailado y gozado sus canciones, pero lo que muy pocos saben es que Dina Magna Paucar Valverde para ser lo que es hoy en día tuvo que pasar muchas vicisitudes. Madre de cuatro niños: Alejandro, Diana, Catherine y Jacqueline, Paucar llegó a Lima cuando tenía diez años. En la capital fue vendedora ambulante, emolientera y empleada doméstica, pero siempre tuvo el firme deseo de llegar lejos con la música.
Lejanos están los días en que una jovencísima Dina Paucar dormía en el frio piso de la Plaza San Martín, luego de escaparse de la casa de un familiar en Huánuco para venir a conquistar Lima.
La vocación de cantante nació cuando ella tenía 14 años, mientras trabajaba como empleada doméstica. Según Dina, mientras cocinaba imaginaba las melodías y luego las memorizaba. Debe ser por eso que canciones como “Madre” o “Qué lindos son tus ojos”, tienen la calidez de la comida recién preparada.
La cantautora no tarde en darse cuenta de su talento, así que decidió tomar al toro por las astas y se lanzó a cantar con todo. Comenzó en polladas y locales de música folclórica. Le tomo 10 años, pero lo logró, aunque al inicio muchos decían que era carismática pero que no llegaría lejos. Pues se equivocaron.
20 años después Dina Paucar lograría vender más de 150 mil copias de sus diez discos y que iba a conducir un par de exitosos programas de radio. Ahora ella no solo canta en el Perú, sino también en el extranjero. Tanto en España como en Italia ha hecho llorar a más de 15 mil personas en ambos conciertos.

Actualmente a pasar de la fama vive trabajando duro y sin respiro para cumplir sus sueños.

Desde que salió de su Huánuco querido, a los diez años, ha sabido afrontar miles de dificultades. Un verdadero ejemplo de vida que todo peruano debe imitar.