jueves, 16 de junio de 2011

El Perú no es solo la costa

Luego de dos años del “Baguazo”, que acabó con la vida de 33 personas, se conoció el informe final del Congreso de la República sobre estos luctuosos sucesos.

Si bien se han reconocido una serie de responsabilidades, políticas, civiles y penales, el país esperaba mayor celeridad y sanciones, sobre todo para aquellas autoridades que permitieron que estos hechos acontecieran.

Precisamente los funcionarios que tuvieron responsabilidad directa de esos sucesos, llámese los exministros Araoz, Cabanillas y Simón fueron exculpados de cualquier responsabilidad penal. A ellos solo se les encontró responsabilidad política.

Este hecho, llevó hace algunos días atrás a que el padre del mayor Felipe Bazán, hasta ahora el único oficial desaparecido, dijera que la exculpación de estas personas era algo vergonzoso, ya que si los policías y los nativos se enfrentaron en la “Curva del Diablo”, fue precisamente porque ellos permitieron que eso suceda.

Cabe señalar que antes que se dieran los hechos del 5 de junio, los nativos ya tenían más de 80 días de paro. Tiempo suficiente, como dijera el sociólogo y expresidente de la ONPE, Fernando Tuesta Soldevilla, para haber podido solucionar ese conflicto. “Si no lo hicieron, fue porque la mayoría (apristas y fujimoristas principalmente) que aprobó esos decretos demostraron su profunda desconexión con el mundo andino”, refiere.

La selva y sus culturas son un enigma para la mayoría de los peruanos de las otras regiones, no solo para el Gobierno y los congresistas.

Los aguarunas que se levantaron ese día tienen una mentalidad totalmente distinta de la nuestra. Por eso no es lo mismo enfrentar un paro en la costa que en la selva y sierra del país. Ellos son descendientes de los jíbaros que han sido una de las culturas más agresivas de la Amazonía. Tienen apenas 80 años de contacto con nuestra cultura occidental. Hasta hace 50 años reducían las cabezas de sus enemigos. Son muy amistosos y agradecidos cuando se les trata bien. Pero pueden llegar a ser muy violentos cuando se sienten amenazados.

Soldevilla refiere que en su cosmovisión el bosque, los ríos y los animales son morada de los espíritus. “Por ello atentar contra su medio ambiente es atentar contra su religión”, sostiene el especialista.

En efecto, según su forma de ver el mundo, observar que sus bosques son talados y sus ríos contaminados es como si nosotros viéramos destruida la catedral para edificar un centro comercial o algo así. Y han tenido muy malas experiencias con empresas que trabajan en su territorio. Nosotros con nuestra mentalidad cristiana sabemos que hay que perdonar y la venganza es mala. Pero para ellos la venganza es una exigencia. Si no se vengan no acaban de derrotar al espíritu del enemigo y serían considerados como cobardes. El “Apu” es la autoridad indiscutible de la comunidad. Se le obedece y se le sigue porque se supone que tiene una gran sabiduría ancestral y además está en mayor contacto con las divinidades.

Luego de los luctuosos sucesos de Bagua, el Congreso de la República no solo derogó los dos decretos legislativos que fueron la causante de tan semejante desgracia, sino que también se comprometió, probablemente haciendo una mea culpa por su reacción tardía, aprobar la Ley de Consulta que permitiera a las partes (autoridades y comunidades) contar con una herramienta para evitar que se repitan mas acontecimientos de esa naturaleza.

Lamentablemente tras haber sido aprobada por el Congreso, dicha norma fue observada por el Ejecutivo, encontrándose a la fecha encarpetada sin visos de ser vista nuevamente por este Parlamento que ya se va.

Cabe señalar que la Ley de Consulta podría contribuir en mucho a la construcción de consensos que es lo que busca el nuevo presidente del Perú, Ollanta Humala, para el país, más aún cuando está pendiente una extensa agenda de conflictos sociales, principalmente socioambientales, producto de la incomunicación y el desinterés por las minorías étnicas.

Esta premisa es de conocimiento de los políticos, sin embargo una buena parte de ellos parecen no haber aprendido nada del “Baguazo”. De ahí que aún sigan viendo a los peruanos de las comunidades andinas de la sierra y nativas de la selva como ciudadanos de segundo orden.

El creciente número de conflictos sociales en muchas partes del país, sobre todo en las regiones más humildes, como Puno, no hacen más que evidenciar el desprecio que tienen muchos políticos por la clase más pobre del Perú.

Las autoridades siguen empeñadas en imponer sus voluntades desde una cómoda oficina en el centro de Lima o desde un distrito pudiente de la capital.

Si algo debemos aprender del “Baguazo”, es que nunca más el Poder Ejecutivo como el Legislativo deben ponerse a un costado y, bajo un falso espíritu de cuerpos eludir sus tareas.

Que quede bien claro, la generación de normas para atraer la inversión extranjera debe hacerse a través del diálogo y no por el camino que está bañado en sangre.


SEPA:

1.- Según la Defensoría del Pueblo, los hechos lamentables ocurridos el 5 de junio de 2009 en Bagua, departamento de Amazonas, donde se enfrentaron un gran número de efectivos policiales y nativos, dejaron como saldo 24 efectivos del orden, cinco nativos y cuatro civiles muertos. Asimismo 87 heridos, 74 detenidos y un sinnúmero de desaparecidos, entre los que se encuentra el Mayor de la PNP, Felipe Bazán.

2.- En el Perú, de acuerdo con un informe elaborado por la Comisión Multipartidaria del Congreso de la República encargada de estudiar y recomendar la solución a la problemática de los pueblos indígenas, las comunidades nativas (de la sierra y selva) no son consideradas por el Estado como parte de su estructura. No se respeta su autonomía ni organización, todas se encuentran en el nivel de pobreza extrema y el presupuesto anual no las contempla para el reparto del erario nacional

3.- Según un estudio del INEI, de una muestra de mil pobladores más del 30 % de nativos mueren sin que se pueda determinar las causas, mientras que el 70 % restante fallece por enfermedades previsibles como sarampión, fiebre amarilla, parasitosis. Por estas difíciles condiciones de vida varias etnias han desaparecido, especialmente en la zona del Putumayo.

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