jueves, 19 de abril de 2012

A 15 años de la Operación Chavín de Huántar


El operativo dejo como saldo: un rehén, un militar y 14 emerretistas muertos. 

Martes 22, 3.23 p.m. Tres potentes detonaciones estremecen la residencia del embajador del Japón. La Operación Chavín de Huántar se había iniciado.

El reciente secuestrado de 36 trabajadores por parte de una columna de terrorista y su posterior liberación en el VRAE, hizo recordar a muchos peruanos que esta práctica ilegal no es nueva en el país. Durante la década de los 90, los grupos armados que se levantaron contra el Estado hicieron del secuestro una modalidad muy común para conseguir dinero, canje, y publicidad mediática.
De los dos grupos subversivos de esos años, el MRTA fue quien más uso esta mala práctica. Producto del secuestro, por ejemplo, de los empresarios David Vera Ballón y Raúl Hiraoka-sobre todo de este último- obtuvo mucho dinero. Pero sin duda la operación más audaz que realizó este grupo subversivo fue la toma de la embajada de Japón el 17 de diciembre de 1996. 
Esa noche aprovechando que el embajador de ese país, Morihisha Aoki, se encontraba atendiendo a sus números invitados (empresarios, políticos y militares), 14 emerretistas vestidos de enfermeros irrumpieron la residencia tomando como rehenes a 800 personas. Posteriormente esta cifra se redujo a 72.
La liberación de casi todos estos rehenes se produjo cuatro meses después gracias a un operativo conocido con el nombre Chavín de Huantar. La historia de los momentos previos a esta operación que este 22 de abril cumple 15 años lo conoceremos en las siguientes líneas. 
PROMO, ¿me copias?; eh, promo, ¿me copias? Responde... 
-Perfecto.
-¿Cómo está el panorama? ¿Dónde están los angelitos?
-Ocho se encuentran jugando fulbito. Entre ellos Cerpa, Árabe, Tito y Salvador...
-¿Hace qué tiempo?
-Recién cinco minutos.
-¿Y los demás?
-Las chicas, en el primero. Dos nos cuidan. Son “Coné” y “22”. Los otros dos descansan en el “G” (dormitorio del segundo piso de la residencia al cual Néstor Cerpa y sus secuaces se habían mudado).
-En “QAP” (término militar que significa “atención”, “alerta”) por unos minutos. 
-¿Comprendido?
-Comprendido.
Eran cerca de las tres de la tarde del martes 22 y con esas palabras se producía la última de una larga serie de comunicaciones entre un rehén de las fuerzas del orden y el comando de operaciones que se encontraba instalado en una casa vecina a la residencia japonesa, que cumplía ya su día número 126 bajo el dominio armado del MRTA.
La información fue inmediatamente procesada y los jefes comandos de las Fuerzas Armadas, expertos en intervenciones rápidas, manejos de explosivos y demoliciones, no dudaron en señalar que era el momento propicio para la recuperación de la sede diplomática. Esta evaluación previamente se la comunicaron al SIN. 
De su propia medicina
Tanto Fujimori como Montesinos se habían venido reuniendo desde tiempo atrás con mandos militares. Poco después de la toma de la residencia, uno de los jefes señaló que a los del MRTA había que darles un golpe duro y de su propia medicina. “Ingresemos por túneles, de la misma manera como ellos lograron fugarse del penal de Canto Grande”. Es por eso que luego llamarían a esta operación “Chavín de Huántar”, en homenaje a los ductos y túneles existentes en ese monumento arqueológico.
De acuerdo con la revista Caretas de esa época, fue Fujimori, como Comandante en jefe de las FFAA, quien dio la orden para la construcción de los ya famosos túneles.
El mandatario siempre estuvo informado de los avances en la construcción de los túneles. El pensó tener guardado ese secreto, pero, como se recordará, la información se filtró a la opinión pública la primera semana de marzo. Fue el propio Néstor Cerpa quien destapó el asunto en una de sus acostumbradas entrevistas radiales.
Los del MRTA, que en los primeros tiempos de la toma estaban también cómodamente instalados en el primer piso, por medidas de seguridad se mudaron a la segunda planta.
Ellos ocupaban uno de los dormitorios al que, siguiendo el orden alfabético, denominan “G”. En la “F” estaban los empresarios japoneses y en la “H”, los miembros de la Corte Suprema.
Casi todos los movimientos de los emerretistas eran conocidos por el comando, ya que se había hecho llegar micrófonos, así como miradios.
En un primer momento se pensó que por esta vía se iba a mantener un diálogo fluido, pero la correspondencia era revisada por un lado por la Cruz Roja y, por el otro, por los terroristas del MRTA. Además, a pesar de que se recibían cartas los martes y viernes, terminó resultando un tipo de comunicación muy lenta para el flujo de información que hacía falta.
En casos de suma emergencia, los rehenes militares y policías sabían lo que tenían que hacer para establecer contacto: abrir la cortina de determinada habitación. Uno de ellos debía entonces asomarse a la ventana. Este acto era una señal para que los “ositos” -gente de inteligencia que vigilaba desde los edificios contiguos- avisaran a su comando y se estableciera el enlace radial.
Luz verde
Luego de recibir información de que las condiciones eran las más favorables para el inicio de la operación, Fujimori dio la orden para que los comandos ingresen a la residencia.
-Promo, luz verde. Tienen 10 minutos. ¿Copiaste? -fue lo próximo que escuchó el hombre encargado de coordinar el operativo al interior de la residencia.
-Entendido.
-Ojo: todos ropa clara. Marcha de la Marina es la señal.
-Copiado.
-A la primera explosión, protegerse y ayudar.
-Entendido. 
-Ojo. Escape por ventanas del “C” y “H”.
-Entendido.
-Suerte, promo.
Luego de una tensa espera, a las 3: 23 pm del 22 de abril de 1997, 142 comandos entraron a la embajada de Japón. La historia de lo que dejó el operativo ya es bien conocida.