jueves, 26 de abril de 2012

EE UU, el paraíso fiscal de los millonarios


No solo los ricos y corporaciones pagan menos en impuestos que un ciudadano común. Este trato preferencial también está a disposición de una élite reducida: el 75% de los beneficios impositivos recae sobre el 1% de la población, coinciden los expertos. El ciudadano de medianos a bajos recursos tiene muy pocas oportunidades para hacer que los números sumen a su favor.
Sueldos vs. dividendos
En Estados Unidos todo el mundo paga impuestos de una u otra manera. Hay unos que, si sus ingresos son menores a US$20.000 anuales, no pagan impuestos al gobierno federal pero son sujetos a una retención en la fuente para programas de asistencia social. También hay impuestos estatales y municipales, impuestos prediales e impuesto a las ventas.
Todos pagan alguna combinación de los anteriores pero la mayoría paga los impuestos federales, que es el recaudo que va al gobierno central y que es objeto de los debates más acalorados entre el ejecutivo y los legisladores a lo largo de líneas partidistas.
El sistema de impuestos federales es el más progresivo de todos o, sea, la tasa gravable incrementa a medida que suben los ingresos del individuo, la familia o la corporación. En años recientes, sin embargo, una serie de reformas al código fiscal iniciadas en 1986 por el entonces presidente Ronald Reagan y ajustadas consecutivamente por George Bush, Bill Clinton y George W. Bush, resultaron en una canasta de oportunidades para los más adinerados.
“La manera más fácil para los ricos de reducir sus responsabilidades fiscales es reclasificando su renta de ingresos percibidos por trabajo o salario a ingresos percibidos por intereses o plusvalía”, dice Andrew Fieldhouse, analista en temas de presupuesto federal del Instituto de Política Económica en Washington.
Las reformas fiscales redujeron las tasas que rigen los dividendos y la plusvalía de la riqueza a niveles muy favorables de 15%, comparados al nivel tope de 35% que se impone al ingreso por trabajo.
La mayoría de la renta por dividendos es legítima, señala Fieldhouse, pero los ricos tienen esa habilidad de reclasificar su salario y presentarlo como intereses. Eso quedó en evidencia con la declaración de impuestos que publicó Mitt Romney en su trabajo para la empresa de inversiones Bain Capital cuando se amparó de la fisura legal para reclamar su salario en forma de inversión en acciones de la compañía.
Gastos y donaciones
Una segunda preferencia para los adinerados está en la llamada “exclusión de intereses de bonos municipales”. Los gobiernos estatales y locales financian sus proyectos públicos mediante la emisión de bonos cuyos intereses el gobierno federal permite que no se graven.
Eso ayuda a los estados y municipios pues reduce el costo del crédito y sirve de incentivo para que los inversionistas compren los bonos pero, al fin de cuentas, los verdaderos beneficiados son los ricos, indica Andrew Fieldhouse.
Y hay otros beneficios para los muy ricos que tienden a ser desproporcionados y con resultados aberrantes, añade el experto en impuestos.
Se trata de gastos deducibles, que pueden estar representados en intereses hipotecarios que haya pagado en contribuyente o en donaciones que haya hecho
En el primer caso, el gobierno federal da créditos por los intereses anuales que se pagan por el préstamo hasta por un millón de dólares para comprar una vivienda. El crédito beneficia a los adinerados pues sube de acuerdo a la tasa de impuestos que le corresponde al contribuyente: si es rico y su nivel fiscal es del 35%, el gobierno le devuelve 35 centavos de cada dólar que pagó en intereses, si es de ingresos menores y su nivel es de 28%, el gobierno sólo reembolsa 28 centavos.
Las cosas no paran ahí. Como la definición de lo que es una vivienda es tan vaga, ese reembolso puede aplicarse a casas de veraneo o, inclusive, a un barco.
“Un magnate puede comprar un yate de diez millones, deber un millón sobre éste, y el gobierno le pagará 35 centavos de cada dólar que paga en intereses sobre ese préstamo”, sostiene Fieldhouse.
Esta ayuda desproporcionada también sucede con las donaciones que los ricos suelen hacer a sus causas más allegadas y no necesariamente para el bien público, con tal de que sean organizaciones sin ánimo de lucro como la Asociación Nacional del Rifle.
Generalmente individuos y familias de recursos medios, que pagan hipotecas modestas y de vez en cuando hacen donaciones a sus iglesias, solo toman las deducciones estándar en sus declaraciones de renta, así que no reciben ningún crédito por gastos deducibles.
Más allá de la tumba
El sistema asegura que la desigualdad continúe generación tras generación. El precio de compra de un bien es su valor base. Sobre éste se mide su apreciación cuando el bien se vende y esa diferencia es la plusvalía.
Pues, bien, cuando alguien muere y pasa en herencia ese bien, el precio base se restablece, lo que llaman “incremento de la base”. Una persona rica puede tener un portafolio de acciones que le costó US$1 millón que, ahora, cuesta US$1.000 millones y cuando lo reciben sus herederos esa última cifra es la que se convierte en la base sin que haya plusvalía.
Los ahorros fiscales son más exorbitantes cuando se trata de compañías. Los impuestos vpara las grandes corporaciones existen, pero también una “plétora de créditos que se tejieron dentro de las reformas del código”, asegura el experto en impuestos, así como innumerables fisuras en la ley que pueden usar.
Es por eso que las grandes corporaciones tienen inmensas divisiones de contabilidad en las cuales invierten mucho dinero para buscar esas fisuras y jugar con el factor tiempo de cuándo mueven capital y cuándo lo declaran.
Impuestos
La organización Ciudadanos por la Justicia Impositiva (CTJ, por sus siglas en inglés) publicó un estudio que revela que 78 de las 280 principales grandes empresas en Estados Unidos no pagaron impuesto alguno durante por lo menos un año, entre 2008 y 2010.
General Electric, por ejemplo, una empresa que registró más de mil millones en ganancias, registró una tasa de impuestos negativa en 2010. Eso quiere decir que el gobierno terminó debiéndoles dinero.