jueves, 26 de abril de 2012

Una multitud para sostener la creatividad



Crowdfunding, una plataforma que ha tomado cuerpo paradójicamente tras la crisis mundial. Hoy, hay más personas que la usan.

Los recortes generalizados por la crisis han sido, paradójicamente, un caldo de cultivo idóneo para el desarrollo y la multiplicación de plataformas de crowdfunding, una forma de financiación a través de Internet en la que personas que no se conocen entre sí aportan dinero para que un determinado proyecto se convierta en realidad. “La gente quiere seguir consumiendo cultura, y ahora se le ofrece la posibilidad de ser parte de los proyectos de la gente a la que admira”, cuenta Jonás Sala, quien utilizó esta fórmula para realizar un documental.
Cuando Jonás y su hermano Adriá buscaron ayudas para sacar adelante su proyecto, en otoño de 2009, se dieron de bruces con una realidad económica poco dispuesta a apoyar a creadores desconocidos. Fue entonces cuando, gracias a su padre, Joan, supieron de la existencia del crowdfunding (del inglés “financiación por la multitud”, que algunos traducen como micromecenazgo). Y no lo dudaron: lo suyo era la gestión cultural. En diciembre de 2010, y con la ayuda del instituto municipal empresarial de Mataró, crearon Verkami, una improbable unión profesional entre un biólogo (Joan), un historiador del arte (Adriá) y un físico (Jonás), que tomaba como modelo las webs Indiegogo (fundada en 2008) y Kickstarter (2009): “Vimos los proyectos en las plataformas estadounidenses, el contacto entre el creador y el público y la posibilidad de conseguir a cambio productos superexclusivos de ellos”, cuenta Jonás. En 14 meses han hecho realidad 223 ideas, y este mes, con 75 iniciativas en marcha, alcanzarán el millón de euros recaudados.
Lejos queda, no obstante, la cantidad recientemente obtenida por Tim Schafer y Ron Gilbert —responsables de míticos videojuegos de LucasArts como los de Indiana Jones o la saga de Monkey Island— en Kickstarter: pedían 400.000 dólares (300.000 euros) para una nueva aventura gráfica y cerraron la campaña el pasado 13 de marzo con más de tres millones de dólares (2,3 millones de euros) y 80.000 mecenas.
La mecánica, tanto en Verkami como en otras webs, como Lánzanos o Goteo, es similar: el impulsor de una idea la presenta a través de la plataforma y los internautas que quieran pueden apoyarla con donaciones, a cambio de recompensas que varían en función de la ayuda prometida —un CD o DVD, entradas para un concierto o descarga de contenido exclusivo, etcétera—. El pago, con tarjeta de crédito o por PayPal, solo se hace efectivo en caso de llegar a la cantidad final solicitada, que garantice la realización del proyecto. En ese caso, la plataforma se queda con un porcentaje de lo recaudado, que va del 4 al 8%.
“La gente no siente que esté apoyando algo ajeno, lo viven como algo propio”, cuenta Bruno Teixidor en conversación telefónica. Junto a Carola Rodríguez y Nicolás Alcalá forman Riot Cinema Collective. Aún no han terminado Comunicación Audiovisual y son los responsables de El cosmonauta, un proyecto de largometraje que ha recaudado ya 245.000 euros de su presupuesto de 860.000 a través de crowdfunding, incluyendo 48.000 euros de la venta de material promocional. Más de 4.000 personas les han brindado su apoyo, participando en futuros beneficios, a cambio de diferentes contraprestaciones o colaborando en distintas tareas. “El año pasado se cayó, a última hora, una productora rusa que se había comprometido con nosotros. Estábamos a punto de viajar a Letonia a rodar, teníamos incluso los billetes”, cuentan. De repente, necesitaban 30.000 euros; recurrieron a Lánzanos para hacer una campaña de crowdfunding y recaudaron más de 120.000.
A la misma plataforma acudió Javier Peláez, responsable de Amazings, una revista de divulgación científica que cuenta con más de un centenar de colaboradores entre catedráticos, científicos y divulgadores. Comenzaron como blog en julio de 2010 (amazings.es) y dieron el salto al papel en noviembre de 2011, con la ayuda de muchos mecenas que accedieron a pagar por adelantado los nueve euros que cuesta: “Recaudamos 25.000 en 90 días, y sacamos unas 2.000 revistas”. RT#15M es un libro coordinado por la cooperativa Ciutat Invisible y la comisión audiovisual del 15-M de Barcelona, realizado con fotografías y tuits de 450 personas y financiado con 13.025 euros obtenidos a través de Verkami. Y Jero Romero, excomponente de The Sunday Drivers, obtuvo en la misma web 10.500 euros en solo 13 horas para editar su nuevo disco (18.320 al final de la campaña).
Sin embargo “el crowdfunding no es mágico”, comenta Jonás Sala. “No es un escaparate donde hay gente con dinero esperando… Nosotros hacemos un poco de puente entre un creador y su comunidad. Si te viene alguien a publicar su primer libro pero no ha hecho nada antes, ni siquiera un blog, es muy difícil. Pero si tienes una comunidad de 100, 200 seguidores, de gente interesada en que sigas haciendo arte, entonces puede funcionar”. Sin esa base crítica es mucho más complicado, aunque también se puede generar comunidad mostrando la evolución del trabajo. 
Para Antoni Gutiérrez-Rubí, sociólogo y asesor de comunicación, se va imponiendo un cambio de modelo en el que el consumidor ya no se limita a consumir, sino que demanda influir en los pasos previos, “codecidir, cocrear, coconsumir”. Un proceso democratizador en el que “no importa dónde estoy ni mi nivel socioeconómico, sino que lo pienso, siento y quiero”; se favorece la innovación y se aportan datos que mejoran el producto. “Necesitamos no solo clientes, sino usuarios (que no compran pero lo usan), y también ciudadanos (que ni compran ni usan, pero opinan). Es necesario incorporar cuantos más usuarios y ciudadanos sea posible. Si las empresas ven a las personas solo como clientes, acabará perdiéndolos”.
Para Goteo, la plataforma española más joven —noviembre de 2011—, este componente es esencial. Se trata de aprovechar la inteligencia colectiva, contar no solo con la aportación monetaria (crowdfunding) sino también con el talento de la comunidad que les rodea (crowdsourcing), que aporta diferentes servicios (fotografía, diseño, programación…). Para Enric Senabre, su portavoz, lo fundamental es que el proyecto tenga “un retorno colectivo que permita que haya recursos compartidos, además de un interés social. Pero también ha de tener un rastro digital, algo que muestre cómo se ha hecho, un vídeo, un dietario… Si no, se pierde la oportunidad de que se pueda hacer algo similar en otro lugar”.