miércoles, 22 de septiembre de 2010

¿Impotencia sexual? Cómo superarlo en pareja


En primer lugar no hay alarma frente a la disfunción sexual porque el cuerpo genera momentos de reposo y de actividad. El 90% de los hombres puede perder una erección después de estimular a una mujer


Esto hace parte del riesgo que se corre cuando un hombre ha tenido una larga jornada laboral, ha bebido más de la cuenta o está en etapa de recuperación de una enfermedad. Contrario a la creencia, este no es un tema exclusivo masculino, las mujeres también pueden tener caídas en su erección.
Aunque se trata de una pesadilla para los hombres, si llega a presentarse no sólo los afecta a ellos, sino a la pareja en su conjunto.
Uno de los mayores temores de los hombres es justamente no lograr la erección, vale decir, la impotencia. Es un asunto que pocas veces revelan. Por lo mismo, catalogarlos de impotentes puede convertirse en una de las bromas crueles a las que son sometidos en la adolescencia, siendo ellos los primeros en defenderse tomando dichos comentarios como una verdadera ofensa a su virilidad. Porque así se toma. La impotencia sexual es sinónimo de falta de masculinidad. Y en la vida adulta también.
Trastornos físicos
En este grupo podemos enumerar el alcoholismo, diabetes, lesiones cerebrales o de médula espinal, hipogonadismo que conduce a niveles bajos de testosterona (la hormona sexual masculina), enfermedad de Parkinson y algunos tipos de cirugía a la próstata o vejiga. Asimismo, y según explican expertos, si no puede mantener el nivel del azúcar en la sangre o su presión sanguínea bajo control, podría derivar en disfunción eréctil. Beber demasiado alcohol, fumar en exceso y abusar de drogas también pueden tener las mismas consecuencias. Vale decir, es fundamental una vida sana para una sexualidad acorde. Por lo mismo, lo psicológico, no debe tomarse a la ligera.
Factor mental
Ahora bien, dados los estudios realizados en este momento, las principales causas radican en el estilo de vida que llevan los hombres, el que conduce directamente al estrés. Así llegamos a las causas psicológicas, las que si bien alcanzan sólo entre un 10% y un 20% de los casos, no debe pasarse por alto. En este aspecto encontramos el sentirse nervioso con respecto al sexo.
¿Qué hacer?
Si el asunto que causa la impotencia es netamente psicológico, debe trabajarse en conjunto con la pareja, después de todo, es un asunto que los involucra a los dos, ya que impide que la vida sexual se desarrolle con normalidad. La idea es ir explorando ideas y propuestas comunes, explicitando miedos y tabúes.
En este sentido cobra importancia el remover tabúes acerca de cuestiones absolutamente arraigadas en nuestra sociedad, como tamaño del miembro y fantasías acerca de ello, tipo y número de actuaciones sexuales, impotencia "como preaviso" del envejecimiento, y malas experiencias como precursoras de una actividad sexual angustiante.
Bajar la ansiedad -y la obligación- de mantener relaciones sexuales genitales, puede aliviar la tensión y la ansiedad que provoca la necesidad de cumplir. Muchas veces esto se alcanza por sí mismo para generar el trastorno y sostenerlo.
En el caso de que sea un trastorno orgánico, las posibilidades de mejora son amplias y merecen ser revisadas por un especialista. Cualquiera sea la razón que ha provocado la impotencia, lo principal es acudir a un médico. Y si no se conoce a un especialista, el médico de cabecera puede ayudar a encontrar uno acorde con las necesidades del paciente y de la pareja.