miércoles, 15 de septiembre de 2010

Los transgénicos, un panorama a nuestra realidad


Los alimentos transgénicos son un tema que, tal vez usted, amable lector, desconoce porque no ha tenido la suficiente difusión. Sin embargo, en este informe, presentamos las opiniones de ambos lados: Los que están a favor de los transgénicos y los que se oponen a que, en el Perú, tengamos que consumir estos productos


Hace tiempo atrás, una encuesta reveló que las personas desconocen el tema de los alimentos transgénicos. Ante la pregunta “¿Sabe usted qué es un alimento transgénico?”, el 95% sostuvo que ignora el tema, que nunca ha escuchado esa palabra.
Un alimento transgénico, en palabras esenciales, es un producto alimenticio que ha sido modificado genéticamente. La ex directora de la Asociación Médica Peruana, Flora Luna, lo explica de la siguiente manera: “Los transgénicos vienen a ser los organismos vivos, plantas o animales, que le han insertado un ADN extraño, que nunca lo obtendrían de manera natural”. En ese sentido, Luna ilustra el concepto: “A una semilla lo insertamos genes de una bacteria para que produzca un pesticida contra una determinada plaga, pero el fruto que consumimos tiene el tóxico”.
Por tanto, sostiene la doctora los transgénicos u Organismos Genéticamente Modificados (OGM) son un peligro porque no sabemos el impacto a largo plazo, desconocemos el impacto de ser “conejillos de indias”, de ser un gran experimento para la humanidad al consumir alimentos que tienen material genético extraño.
La profesional defiende su postura al sostener que no es cierto que los que están en contra de los transgénicos sean unos retrógrados o que están en contra del avance de la ciencia. “Eso no es cierto”, puntualiza. “Los cultivos transgénicos pueden contaminar hasta 400 kilómetros de cultivos orgánicos. Eso es lo que nos preocupa ya que el Perú es un país de una inmensa variedad de cultivos, y eso nos hace muy rico en biodiversidad, por tanto no necesitamos de ese tipo de productos” agrega.
Según Luna, la Administración de Alimentos y Drogas (FDA), por sus siglas en inglés, reportó, presionada por las corporaciones, que los alimentos derivados de los nuevos métodos de modificación genética (los alimentos transgénicos) se regulan en el mismo marco que los surgidos del cruce tradicional de plantas. Se pregunta: “¿Qué tiene que ver los transgénicos a las plantas tradicionales? ¡No lo son!”, sentencia.
Sin embargo, y contrariamente a lo que manifiesta la doctora Luna, Francisco Bolívar Zapata, doctor en bioquímica y profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sostiene que “los transgénicos son una nueva tecnología para tener mejores cultivos y disminuir diferentes problemas. Hay gente que piensa que esto es una cuestión anormal. Es una nueva tecnología particularmente aplicada a organismos de plantas y animales. Pero hay cuestiones de riesgo que aún no conocemos”.
En esa misma línea, el profesor de la Unidad de Genómica de la Universidad Cayetano Heredia, Luís Destefano, indica que el desafío es producir para el año 2050 el triple de alimentos y es mejor que lo hagamos en la misma cantidad de terreno que tenemos actualmente para no deforestar. “Con esto haríamos más productiva la biodiversidad”.
Agrega que se desconocen los riesgos o efectos adversos que traería el consumo de transgénicos. O, en todo caso, dice los que avalan su ingreso de estos alimentos a la mesa de nuestras casas, afirman que no de debería anteponerse los alimentos orgánicos – alimentos naturales -, a los cultivos transgénicos. Señalan que deben cohabitar en un mismo mercado.
Mientras la polémica continua en el país si los transgénicos son o no dañinos a la salud, la Comisión de Agricultura del Congreso de la República que preside el legislador aprista, Aníbal Huerta, espera dentro de un mes dilucidar esta controversia. Para ello organizará un foro donde defensores y detractores de este tema argumentaran sus posiciones. Mientras el Gobierno se toma su tiempo para tomar una decisión al respecto, a los peruanos no nos quedará más que esperar en qué acaba este dilema.