miércoles, 1 de diciembre de 2010

Niños de Sendero

Las imágenes nuevamente vistas en televisión de niños portando armas, no de juguetes sino de verdad, y haciendo una serie de arengas al maoísmo leninismo ha generado una gran preocupación en la opinión pública. Para un país como el nuestro que aún no termina por cerrar las heridas que le dejó el terrorismo la presencia de estos pequeños nos recuerda el horror que muchas familias tuvieron que vivir durante más de 20 años.

¿Pero qué realmente está pasando? ¿Acaso son estos niños los futuros combatientes de esta agrupación terrorista. O simplemente son víctimas del secuestro que han sido objetos y que para sobrevivir son obligados a empuñar un arma para matar a un soldado?

Para el ex general de la Dirección Nacional Contra el Terrorismo (DINCOTE), Héctor Jhon Caro, el uso de estos chicos la mayoría de ellos secuestrados que de acuerdo con el servicio inteligencia suman alrededor de 30, revela que la nueva estrategia de Sendero Luminoso es mantener a través de estos pequeños viva su ideología.

Señala que lo más vil de esta nueva modalidad que vienen usando los terroristas es que muchos de esos chicos son sus propios hijos a quienes les están envenenando el alma para hacerles creer que solo el policía o militar bueno es aquel que está muerto y que por lo tanto es necesario matarlo.

Sin embargo, para el ex Procurador Antiterrorista Guillermo Cabala, estos niños no han sido secuestrados ni forzados a hacer lo que se ha observado por la televisión. Según el letrado ellos han sido captados en un esfuerzo educativo integral, lo que hace que ese fenómeno sea más preocupante, puesto que lo que vamos a tener en el futuro serán no solo combatientes sino fanáticos dispuestos a todo como sucede con los terroristas del Medio Oriente.

Cabala sostiene que no se trata de "niños soldados o niños esclavos" como los que se utilizan en las guerras africanas, sino que son "captados, preparados y adoctrinados" en las zonas controladas por Sendero.

Jhon Caro quien participó en la estrategia para la captura del líder senderista Abimael Guzmán en el año 91, agrega que psicológicamente los terroristas con el uso de los niños tienen una gran ventaja ante las fuerzas del orden, ya que un soldado del ejército militar no está capacitado para enfrentar a un menor cuerpo a cuerpo, ni mucho menos para arremeter contra el, y este impacto sería favorable para ellos, ya que ganarían algunos segundos, lo cual podría ser bien aprovechado por los pequeños senderistas.

Cabe señalar que el uso de niños para los fines ideológicos y militares por parte de Sendero Luminoso no es un hecho nuevo. La Comisión de la Verdad y Reconciliación en su informe del año 2003 hacía referencia a este problema en el tomo 4 capítulo 1.8, página 613 al 614 de la siguiente manera:

El PCP-SL, dentro de su política oficial, consideró a la niñez como parte del Ejército Guerrillero Popular, siendo la mayoría varones de ocupación campesina y de zonas rurales del país. Los niños reclutados representaban la esperanza, el futuro del partido, dentro de su visión de guerra prolongada, los niños pasan a ser la reserva humana. Ellos serían el contingente que reemplazaría a quienes cayeran en combate: “Hacer que los niños participen activamente en la guerra popular, pueden cumplir diversas tareas a través de las cuales vayan comprendiendo la necesidad de transformar el mundo… cambiar su ideología y que adopten la del proletariado”.

Si bien, algunos no fueron obligados, la mayoría de reclutamientos se realizó mediante coacción, engaños y violencia. Muchos participaron bajo presión y por temor a las represalias. Cuando las comunidades o las familias se negaron a entregar voluntariamente la “cuota” de sus hijos, los senderistas enrolaron a la fuerza a los jóvenes después de amenazar o asesinar a los que se oponían.”

De acuerdo con este organismo de 1990 a 1992 los terroristas “reclutaron” 153 muchachos de la selva de Ayacucho.

Este mismo dato fue recogida por la socióloga Pilar Dughi quien en un escrito, que luego la UNICEF documentó, reveló como Sendero entrenaba militarmente a estos niños y como les hacia participar en campañas de aniquilamiento contra poblaciones rurales que se resistían a la amenaza terrorista.

Recientemente las Naciones Unidas a través de la UNICEF condenó la participación forzada o voluntaria de niños, niñas y adolescentes por el grupo terrorista de Sendero Luminoso.

Según este organismo la reiterada utilización de niños y adolescentes por parte de Sendero constituye una flagrante violación de la Convención de Derechos del Niño y los coloca frente a una situación de vulnerabilidad extrema que afecta su desarrollo emocional, social, cognitivo y físico.

Trata de persona

Para Jhon Nalvarte, ex integrante de la Comisión de la Verdad del Alto Huallaga, Sendero Luminoso viene utilizando la trata de personas para conseguir muchachos para sus nuevos ejércitos.

A su criterio a diferencia de las niñas que son prostituidas forzosamente y a los niños que son confinados como esclavos a las minas informales, los menores que son reclutados por Sendero han sido engañados con un discurso facilista y clasista o bien han sido secuestrados de sus hogares mientras los terroristas iban por diferentes poblados. “Esos chicos son amenazados por los terrucos de tal forma que si estos son desobedecidos se desquitan maltratándolos física y/o psicológicamente o bien comienzan a amenazar verbalmente en tomar acciones en contra de sus familiares”, asevera el letrado.

Este panorama es sombrío y tétrico pero es así como un Sendero aliado a los narcos y practicante de la trata de personas se abastece de dinero y de gente. Es así como a un chico le despojan de una etapa tan valiosa, para su crecimiento, como lo es la niñez

Diecinueve años después, las facciones remanentes de Sendero Luminoso, que operan en las zona montañosas de los departamentos andinos de Ayacucho y Apurímac, vuelven a reclutar niños soldados, muchachos a los que seducen ideológicamente y enseñan a matar.

Niños que no tienen miedo al peligro ni a la muerte. Niños que han sido obligados a desertar de sus hogares y colegios para empuñar las armas al conjuro del odio y el fanatismo.